Por qué los 'chemtrails' no son un plan para exterminar a la Humanidad

Por qué los 'chemtrails' no son un plan para exterminar a la Humanidad

La controversia sobre las estelas de los aviones sigue creciendo en Internet.

Es fácil encontrar en la web millones de referencias a los chemtrails en las que se asegura que las estelas blancas que vemos en el cielo son, en realidad, pruebas con productos químicos o biológicos tóxicos que se están esparciendo como parte de un plan para destruir a la Humanidad o para modificar el clima.

El asunto ha dejado de ser una confabulación minoritaria o un bulo de los típicos que circulan por la red para convertirse, incluso, en un movimiento político. Existen documentales y programas de televisión que apoyan esta idea y que están contribuyendo a crear una comunidad de personas adeptas cada vez más numerosa y activa.

El fenómeno chemtrail -una contracción de las palabras anglosajonas chemical (químico) y trail (rastro)- surgió en 1999 en el sudeste y medio-oeste de los Estados Unidos cuando el periodista William Thomas publicó un artículo en el que se recogían testimonios de personas que afirmaban que después de ver extrañas estelas en el cielo, el clima y las cosechas cambiaron y ellos enfermaron. Acto seguido, los estadounidenses empezaron a registrar chemtrails o rastros químicos en los cielos de Estados Unidos todos los días.

Cómo se genera un chemtrail

Basta con aplicar un poco de física para darnos cuenta de que los chemtrails son, en realidad, nubes de forma alargada producidas por la condensación del vapor de agua que surge de la combustión de los motores a reacción de los aviones comerciales.

Básicamente, el vapor caliente que sale de los motores interacciona con las partículas de agua en el aire para crear cristales de hielo que dejan tras de sí una larga estela súper-reflectante, una nube helada que puede persistir durante horas.

Este vídeo grabado en una escuela secundaria de Nueva Jersey, Estados Unidos, permite visualizar y entender de forma sencilla el proceso al mostrar cómo agua súper-enfriada -como la que hay en la atmósfera- puede convertirse en cristales de hielo cuando se encuentra con aire más caliente -como el de la habitación en la que se realiza el experimento-.

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Según los defensores de la teoría, los chemtrails son un fenómeno reciente y que aparece a entre 8 y 10 kilómetros de altitud pero lo cierto es que existen fotografías tomadas durante la Segunda Guerra Mundial, a principios de los años 40, que muestran estelas blancas en el cielo de Alemania.

El proceso atmosférico que da lugar a su aparición no se conoció hasta 1953 cuando el meteorólogo H. Appleman publicó el primer artículo científico al respecto. En él, aparece una gráfica que muestra que es perfectamente posible que se formen estelas a unos pocos cientos de metros o, incluso, a nivel del mar, como ocurre algunas veces en las regiones polares.

La NASA, empleando la gráfica de Appleman, ha creado una herramienta que nos permite conocer en qué lugares de nuestro entorno aparecerán las próximas estelas.

A la izquierda, una de las primeras fotografías de estelas blancas, captada el año 1943 en Emden, Alemania. Paxsimius / (cc) by nc-sa-2.0 A la derecha, la gráfica Appleman que explica la probabilidad de que se formen estelas en el cielo función de la temperatura y la presión atmosférica (derecha). © H. Appleman A la izquierda, una de las primeras fotografías de estelas blancas, captada el año 1943 en Emden, Alemania. Paxsimius / (cc) by nc-sa-2.0
A la derecha, la gráfica Appleman que explica la probabilidad de que se formen estelas en el cielo función de la temperatura y la presión atmosférica.
© H. Appleman

Derribando el mito

Sin embargo, nada de ésto hace cambiar de opinión a los conspiranoicos que incluso van más allá y aseguran que las estelas de los aviones contienen productos químicos y patógenos biológicos tóxicos que se están dispersando desde el aire como parte de un plan para destruir a los seres humanos. Si ésto fuese así, este sistema de siembra no podría ser más ineficaz.

Un producto químico lanzado desde 10.000 metros de altitud simplemente no llegaría a su destino porque se perdería antes de impactar contra el suelo y las moléculas que contactasen con la superficie terrestre estarían tan diluidas que no tendrían ningún efecto tóxico.

Otra supuesta prueba de la naturaleza química de los chemtrails son las iridiscencias o coloraciones de las nubes. La coloración de los nubes es un fenómeno registrado desde hace siglos y se produce cuando los cristales de hielo que forman las nubes descomponen la luz del sol en el espectro de colores. Es el mismo fenómeno que se produce cuando la luz del Sol pasa por las gotas de lluvia y se forma el arco iris.

Además de la relacionada con nuestra salud, la otra gran teoría sobre los chemtrails es que se trata de una estrategia para cambiar el clima de la Tierra. Los que defienden esta postura utilizan como base para sus argumentos el estudio Owning The Weather in 2025 que publicaron las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos en 1996 y en el que un grupo de investigadores militares especulaban sobre cómo podrían manipular el clima como una forma de combate.

El documento fue presentado explícitamente como una obra futurista y especulativa sobre lo que podría suceder en el año 2025 pero enseguida levantó suspicacias en la comunidad civil.

La geoingeniería es una ingeniería del clima a escala planetaria que, desde hace años, estudia cómo combatir el cambio climático mediante estrategias como la captura y el almacenamiento subterráneo de carbono, el aumento del albedo, la modificación de las nubes, el enfriamiento de la estratosfera mediante aerosoles sulfúricos, etcétera.

Aunque en el pasado diversos países han utilizado técnicas como la siembra con yoduro de plata para generar precipitaciones, desde 2010 hay una moratoria de Naciones Unidas para este tipo de experimentos porque se considera que podrían tener efectos imprevisibles.

Uno de los efectos de la sociedad de la información es la facilidad con la que se propagan todo tipo de ideas, sean ciertas o no. Si realmente nos preocupa el medio ambiente, una buena manera de emplear nuestras energías podría ser participar en movimientos que luchan para eliminar, o reducir, el impacto de amenazas científicamente demostradas como las emisiones de carbono y residuos tóxicos porque, los chemtrails, no existen.