No nos ensucien el hobby [NB Opinión]

No nos ensucien el hobby [NB Opinión]

El activismo y las posturas radicales están cruzando una línea que, lamentablemente, polariza y daña a toda una comunidad. Y de manera gratuita.

La comunidad de internet alrededor de los videojuegos ha explotado. Desde el caso de Phil Fish y Zoe Quinn hasta lo reciente sucedido con Anita Sarkeesian todo ha sido una locura para quienes estamos constantemente leyendo y participando de las diferentes discusiones que se dan a lo largo de internet.

Ya basta.

Hace unos días, Anita Sarkeesian publicó un episodio más de su serie donde expone como los videojuegos han objetivizado la figura femenina, convirtiéndolas en damiselas en apuros donde el macho tiene que ir y rescatarlas, hasta su participación como “objetos del escenario” donde se discrimina y ridiculiza al género.

No quiero entrar en detalles porque el tema es archirepetido y el que quiera saber más, no tiene que ir muy lejos para informarse al respecto. Y sería muy fácil para mi empezar a ennumerar los diversos vacíos en los postulados de Anita Sarkeesian, pero realmente aquello no me interesa.

Lo que sí me interesa es repudiar el extremismo que está echando todo a perder.

La conversación y la discusión se deben llevar por el camino de la sensatez, esa que indica que ni todo es tan malo, ni tampoco todo es tan color de rosas. Los problemas que acusa Sarkeesian existen, pero no a los niveles que ella pretende representar ni tampoco en la forma. La princesa está siempre en apuros y tiene que correr Mario a rescatarla, pero ¿por qué Bowser va contra ella? ¿Hay acaso alguna otra figura o liderazgo político más grande para el Mushroom Kingdom que la princesa Peach?

Históricamente, los videojuegos nunca han estado tan arriba en la esfera cultural popular (hoy generan más ingresos que el cine, aunque la masividad del séptimo arte sigue siendo mayor). Sin embargo, siguen siendo no más que eso: un producto de ocio el cual no está al alcance de todos y que difícilmente vaya a generar un cambio cultural.

Por lo mismo vale preguntarse por qué los activistas traen la discusión a este segmento, cuando podría esa misma discusión podría ser más efectiva a otras esferas. ¿Tal vez por que se trata de un medio inocente, aún en cierta manera inmaduro, donde es más fácil crear controversia que en otras partes? ¿Son los videojugadores personas más propensas a reaccionar “mal”, y de paso, validar todas las conductas machistas que acusa Sarkeesian y sus pares?

Yo, hombre en mis 30 -curiosamente, el grupo que más se apunta a la hora de buscar culpables-, alzo la voz no para abanderarme, sino para decir que hay un montón de gente allá afuera ajena a estas polémicas. Gente a la que no le interesa ni el machismo, ni el feminismo, ni ningún activismo que poco y nada tiene que hacer en el mundo de los juegos de video. Gente que solo quiere disfrutar de algo que les gusta tal como otros disfrutan el fútbol y lo que se genera alrededor de un campo de juego.

Dejen (dejemos) las polémicas baratas a un lado. Hagamos que las discusiones tengan argumentos más sólidos que videos de Hitman sacados de contexto para acomodarse a un cierto punto de vista. O en caso contrario, tenemos todo el derecho de pensar que esto no es más que una movida publicitaria.

No nos ensucien el hobby.

Posdata: Demás está decir que repudio todas las amenazas que se le hicieron a Anita Sarkeesian. No creo que sea necesario aclararlo, pero mejor dejarlo por escrito.