La falsificación de consumibles de impresión en América Latina

La falsificación de consumibles de impresión en América Latina

La piratería de impresión es un tema del que se habla poco, pero muy cotidiano para todos.

Estamos en el HP Latin America Anticounterfeit Summit 2014 en San Miguel de Allende, México, donde se discute el impacto económico de la falsificación de consumibles en la industria de la impresión. Puede sonarte como un tema árido, pero no te confíes: te van a sorprender las cifras de algo tan simple y cotidiano como adquirir un cartucho para imprimir.

¿Qué es un consumible “pirata”?

Antes de arrancar, es importante definir qué se está entendiendo por la piratería. Para Saúl Cruz, consultor de la firma Select, se trata de “un término peyorativo para productos que no son originales [y] son copias que no cuentan con el consentimiento del titular de los derechos y están fuera de la ley.”

Si bien la discusión sobre piratería nos parece común en industrias como la discográfica o la fílmica, en el caso de los consumibles también es un problema desde la definición. En el abasto de estos productos, existen cuatro categorías: la oferta original (lo que vende el productor original); el mercado gris (la reventa de originales por canales no autorizados); el mercado no original (donde entran los genéricos o rellenados, no necesariamente ilegales); y las falsificaciones. En éstas últimas nos vamos a centrar.

¿Qué quiere decir esto? Que un consumible falsificado tiene como objetivo engañar al comprador haciéndole creer que compra un original a menor costo. Un clon o un genérico no son necesariamente ilegales (por ejemplo, los cartuchos compatibles o de marca libre); tampoco un cartucho rellenado es necesariamente falsificado –aunque la tinta sí puede serlo–, pero tiene como consecuencia el deterioro de la impresora o la baja calidad de la impresión.

En pocas palabras, al hablar de falsificación estamos refiriéndonos a productos que reutilizan empaques originales pero ofrecen un producto que suplanta la identidad de la marca. Esto es ilegal. Pero, si todos sabemos que está en contra de la ley, ¿por qué seguimos haciéndolo?

¿Por qué compramos productos no originales?

Una de las partes más interesantes de la charla está relacionada con las razones para no adquirir productos originales. “Los latinoamericanos son compradores prácticos”, señala Alcalá en su participación. Aunque recalca que hay un deseo del comprador por adquirir originales, esto se atenúa cuando son mercados con alternativas de costo menor –clones, genéricos, falsificaciones–.

La siguiente gráfica lo ilustra:

Como puede verse, el costo menor respecto a los originales representa 44% de las motivaciones, seguido por su baja disponibilidad (17%), y una negativa ideológica (“¿por qué debo enriquecer más a la compañía?”) con 11%.

En este sentido, es comprensible que muchos consumidores y empresas opten por alguno de los mercados alternativos que mencioné al inicio (genéricos, rellenado o falsificaciones). En el caso específico de los consumibles, 1 de cada 4 cartuchos que se compran en América Latina es falsificado.

“9 de cada 10 clientes de cartuchos de impresión que están usando o comprando consumibles falsificados no lo saben”, señala Luis Pablo Alcalá, Director de Programas de Consumibles para América.

En muchas ocasiones, ni siquiera se está consciente de la compra ilegal. Por ejemplo, una empresa pequeña puede comprar un lote de cartuchos creyendo que está adquiriendo una producción sobrante, cuando en realidad, está adquiriendo productos apócrifos. Incluso, algunas veces el costo del consumible falsificado es igual o mayor que el original.

Aunque está muy arraigada en América Latina, la práctica de la falsificación de consumibles está extendida en todo el mundo. Estados Unidos y China son los líderes globales en la práctica, en la venta de no originales en impresión láser e impresión de inyección de tinta, respectivamente.

En términos generales, la falsificación de bienes ha metido a varios países de la región en la lista de observación de la Oficina del Representante de Comercio de Estados Unidos (USTR). En la lista prioritaria se encuentran Argentina, Chile y Venezuela; en tanto que en una observación menos estricta están México, Ecuador, Colombia, Bolivia, Brasil, Costa Rica, Perú, Paraguay y República Dominicana.

¿Qué hacer ante un producto falsificado?

Cruz indica que hay cuatro acciones principales para combatir la falsificación de consumibles:

  • Productos más innovadores: generar productos que den un valor añadido en calidad respecto a las alternativas. Por ejemplo, la vibración del color o la tinta resistente contra el agua.
  • Descuentos y precios competitivos: como marca la gráfica, el precio es uno de los argumentos más fuertes para comprar productos no originales.
  • Redes de abastecimiento: los productos no originales son muy vendidos en lugares donde los originales no llegan.
  • Reforzar el reciclaje: el reciclaje de cartuchos es muy importante en el sentido ecológico, pero también para combatir la falsificación. Los cartuchos que se recogen son descompuestos en sus partes mínimas para ser aprovechados (no son, como sugiere el conocimiento popular, rellenados y vendidos de nuevo).

Ojo, comprar un cartucho en una tienda (incluso, una especializada) no implica que no pueda ser una falsificación. Es importante reconocerlas y denunciarlas no sólo por la pérdida económica; también el consumidor se ve afectado. Un cartucho falsificado daña a la impresora y reduce su tiempo de vida. Una impresora en buenas condiciones puede durar entre 3–4 años, pero con consumibles de mala calidad, puede bajar a 1 ó 2 años máximo.

Otro inconveniente es que muchos cartuchos falsificados utilizan tinta que no ha sido tratada con estándares de calidad, lo que puede provocar que sea tóxica. Ésta es una precaución que se debe tomar en cuenta, especialmente porque muchas impresoras son empleadas para cosas comunes como trabajos escolares.

En el caso de HP, se puede identificar un consumible falso con algunas técnicas simples. La primera es mirar que la caja esté en buen estado, que no incluya errores ortográficos y que el sello de seguridad esté íntegro. HP emplea hologramas de seguridad que incluyen un código QR; si tienes un smartphone a la mano, escanea el código y el sitio web de la marca te dirá si es un producto válido.

Si has adquirido un cartucho falsificado, desafortunadamente no tendrás un reembolso por parte de HP. No sólo en el consumible; también se anula la garantía de tu impresora si utilizas este tipo de productos. Si ves un producto sospechoso, HP cuenta con un sitio web para reportar ese local o tienda donde se vende.

Por supuesto, éste es el ejemplo de una marca, pero los números mostrados enseñan que hay una tendencia global hacia la falsificación. Además de preocuparnos por los esquemas legales, deberíamos empezar por tomar conciencia como consumidores sobre nuestra responsabilidad en la compra. La falsificación, en el mejor de los casos, implica una pérdida para la empresa; en el peor, financia a grupos criminales y fomenta la delincuencia organizada. ¿Es eso lo que queremos?

Pensémoslo la próxima vez que adquiramos un bien de dudosa procedencia. Usemos este caso como un referente para entender nuestros hábitos de consumo. Las empresas buscan a menudo endurecer penas contra estas actividades –muchas veces, con efectos colaterales muy negativos, con esta noción ambigua de piratería–, cuando en realidad, es en la cultura del consumidor donde se puede incidir de manera positiva para cambiar la tendencia.