[metroimage ids=”38-153147,38-153148,38-153149,38-153152,38-153154,38-153156,38-153160,38-153163,38-153165,38-153169,38-153172,38-153174,38-153175,38-153176,38-153178,38-153179,38-153181,38-153184,38-153185,38-153187,38-153188,38-153189,38-153190,38-153191,38-153193,38-153194,38-153197,38-153199″ imagesize=”large”]

Damos un paseo por los cuarteles de Motorola

La compañía nos abrió sus puertas para mostrarle al mundo la forma en que trabajan.

Decir “Motorola está en Chicago” puede llegar a ser una frase poco precisa. El “Motorola HQ” como tal está en el corazón mismo de Chicago, a orillas del rio en el impresionante Merchandise Mart, rascacielos construído en la década de 1930.

No deja de ser curioso que una compañía moderna como Motorola se haya instalado sobre una construcción tan antigua en un lugar tan concurrido, pero para Rick Osterloh -presidente de la compañía- y sus ejecutivos tiene mucho sentido. Las 1.700 personas distribuídas a lo largo y ancho de cuatro pisos terminan su horario laboral y “no recorren 20 o 30 minutos en auto por medio de caminos despoblados. Todo lo bueno de la ciudad está aquí mismo”. Y eso, a la larga, debería tener efectos positivos para todos los que componen la compañía.

Pero, ¿por qué una marca como Motorola querría revelar eso y abrir las puertas a medios de todo el mundo? La idea es simple: no realizar un lanzamiento más, como cualquier otro de aquellos de los que la industria de tecnología está llena. “No queríamos seguir los estándares de siempre, sino hacer algo distinto”. Hace dos años, Motorola cambió por completo el proceso de creación de sus productos, “y eso es lo que queremos mostrarle a ustedes y al público”, indica Osterloh.

El Moto G es el primero en saltar a escena. El teléfono fue un completo éxito en prácticamente todas las partes donde se lanzó, algo que en Motorola atribuyen a la filosofía abierta y “de elecciones” que permitió que un teléfono Android pudiera entregar una notable experiencia de uso, sin precios prohibitivos.

“Con el primer Moto G la gente aprendió lo bueno que es poder elegir”, explican sus diseñadores. “Y no solo colores distintos o diferentes configuraciones de memoria, sino opciones de verdad”. Para ello, la clave es que “el diseño del producto por completo sea participativo”.

¿Cómo, exactamente? El equipo de investigación y desarrollo se trasladó a varias partes del mundo, como Brasil o India, a aprender sobre costumbres. No solo de uso de los teléfonos o de lo que quisieran ver en ellos -como la ranura SD o una cámara algo mejorada, que fueron los puntos más repetidos a la hora de las encuestas-, sino del quehacer diario. “Una persona en Brasil vive en un entorno diferente al de una persona en Europa, y eso lo cambia todo”.

Lo anterior se ve reflejado en el departamento de sonido de Motorola, donde una sala completamente aislada del resto tiene un “muñeco dummy” en el centro, con un teléfono cerca de su rostro y un pequeño parlante haciendo las veces de cuerdas bucales. Luego, un arreglo de ocho parlantes de alta calidad simula el sonido que se da en diferentes ambientes alrededor del mundo y, con los resultados, se pueden ajustar los micrófonos para que separen el sonido de la voz del usuario del ruido de fondo. “En una calle de Sao Paulo el ruido es muy distinto al que se oye en una calle de Chicago”, explican los ingenieros de audio. “Y todo eso tiene que medirse de manera precisa para incluir algo tan simple como aislación de ruido sea igual de consistente en cualquier parte donde se use el teléfono”.

En el caso del Moto X, la filosofía sigue siendo la misma aunque con un enfoque diferente. La nueva generación del equipo de gama alta incluye varias novedades tecnológicas, pero estas “no se agregaron porque sí”, explica Steve Sinclair, jefe del equipo de marketing. “Integrar nuevas funciones no es para presumir sobre lo que sabemos hacer, sino al contrario. Que sean funciones útiles para el uso diario”.

La demostración de uso del Moto X da vueltas alrededor de los varios escenarios en los que se encuentra una persona relativamente ocupada durante el día; desde apagar la alarma con apenas un movimiento de la mano, revisar las notificaciones desde la pantalla de bloqueo al estar en la oficina, o al pedir direcciones a Google y que estas se entreguen directamente al oído vía el Moto Hint. Todo se basa en la “sensación de consistencia” que pretenden ofrecer con el Moto X y para lo cual es vital aquello de la “experiencia pura de Android”.

“Nuestro enfoque con el sistema operativo es justamente no ensuciarlo”, explica Osterloh, sino que “dejar que el usuario escoja lo que quiere hacer”. La jugada ha dado resultados y llamado la atención no solo de los mismo usuarios, sino también de la competencia. “Por ejemplo, Samsung llegó a un punto donde se estancaron con su propia versión de Android y ya no lo pueden optimizar más”, revela el presidente.

Hace algunos años atrás, Motorola lanzaba al mercado más de 30 productos por año. Hoy ya no más. Ahora todos los esfuerzos están enfocados en crear pocos productos para diferentes gamas y hacerlos todos bien. La nueva generación de Moto G y X son el resultado de esa fórmula y para los ejecutivos el camino tomado es el correcto.

“En todos los mercados en que estamos tenemos crecimiento respecto al año anterior. Eso indica que a la gente le gustan nuestros productos, que los recomiendan” dice Steve Horowitz, vicepresidente global de software de Motorola. También agrega que, contrario a lo que se pueda creer, el nuevo enfoque no tiene demasiada influencia de Google.

“Lo cierto es que esta idea nació de nosotros, del grupo de personas que está a cargo de la compañía. Y Google fue un gran soporte para llevarla a cabo”.

¿Y qué pasará ahora cuando Lenovo tome el relevo de Google? Osterloh cree que las cosas no van a cambiar demasiado. “Lenovo sabe lo que estamos haciendo y les gusta la estrategia. De hecho, saben exactamente lo que está pasando hoy, con todos ustedes metidos aquí”, comenta entre carcajadas. “Y quieren que sigamos avanzando en la misma dirección”.

Una compañía como Lenovo tiene un alcance global. Nosotros todavía no. Entonces, con ellos estaremos en una mejor posición para distribuir nuestros productos de mejor manera.

En medio de la conversación, alguien apunta sobre los temidos despidos que inevitablemente se dan cuando hay compras y adquisiciones. Osterloh no rehuye el tema, pero también cree que el estado actual de Motorola ayudará a que la transición no sea traumática.

“Yo espero que no haya ningún despido, realmente. La situación hace algunos años [cuando pasaron a manos de Google] era diferente, pero ahora Motorola tiene el tamaño adecuado y no creo que algo así vaya a pasar. Aunque nunca se sabe”.

Lo cierto es que el balance de los ejecutivos sobre la Motorola de hoy día es positivo, aún cuando no se olvidan que las posiciones de liderazgo hoy tienen otros dueños. “En Brasil hoy somos la segunda marca en ventas, lo que es un gran avance respecto a hace algunos años atrás. Y en países como Argentina, Colombia y Chile todavía tenemos espacio para crecer más”.

Osterloh cierra la conversación divagando sobre lo que él considera que ha sido clave para cambiar la percepción de Motorola como marca, y que hasta ahora les ha dado buenos resultados:

“Si le damos a los consumidores lo que ellos quieren, lo que buscan en un teléfono, vamos a seguir creciendo. Porque nuestra estrategia de diseño de nuestros productos hace feliz a los usuarios. Y ellos lo agradecen”.

Mientras tanto, unos cuantos metros más arriba, una impresora 3D crea el prototipo de las correas de actual y siguiente generación para el Moto 360.