Cómo el algoritmo de Facebook "oculta" el contenido sobre Ferguson

Cómo el algoritmo de Facebook "oculta" el contenido sobre Ferguson

El funcionamiento de esta herramienta tiene implicaciones incluso para la neutralidad de la red.

Ferguson, Misuri es una localidad que ha atraído la atención de diversas partes del mundo a causa de una serie de revueltas que han involucrado el abuso de las fuerzas del orden. La policía llegó el extremo de matar a un joven manifestante que, de acuerdo con testigos, se encontraba desarmado, reporta CNN.

Sin embargo, la cobertura que suelen dar los usuarios de redes sociales se ha visto interferida debido al uso de algoritmos por parte de Facebook, de acuerdo con la profesora Zeynep Tufekci. Si bien es muy probable que la intención de esta red no haya sido expresamente la de censurar contenidos relacionados con el tema, la experiencia de Tukefci abre serias dudas en torno a la relación existente entre la neutralidad de la red y la difusión de contenidos en Internet.

No se trata de Facebook en sí –tal vez hará un buen trabajo, tal vez no– sino del hecho de que el filtrado algorítmico, como capa, controla lo que ves en Internet.

¿Una nueva arista de la neutralidad de la red?

Las discusiones relativas a este tema suelen centrarse únicamente en un tipo de intermediarios: los ISP. Sin embargo, las compañías que distribuyen contenidos en Internet también son intermediarios que pueden jugar un papel importante al momento que los usuarios desean acceder a la información.

Parece claro que una Internet neutral y abierta no admitiría la discriminación de tráfico con base en motivos comerciales. Sin embargo, no hay un debate igual de ruidoso en torno a los algoritmos que utilizan empresas como Facebook o Twitter para hacer llegar –o no– el contenido a sus usuarios.

En el caso particular de lo ocurrido en Ferguson, la profesora Tufekci fue capaz de observar cómo la información fluía con mayor rapidez en su cuenta Twitter que en la de Facebook, donde el contenido se mantuvo oculto. Esto fue notable dado que ella asegura contar prácticamente con los mismos contactos en ambas redes.

Daños colaterales

Nos encontramos en una era donde la información puede llegar a grandes distancias de manera relativamente sencilla gracias a un clic. Esto ha hecho que nos acostumbremos a conocer de primera mano lo que ocurre incluso en localidades apartadas. Un aspecto fundamental para ello es la libertad de elección de los usuarios.

Para bien o para mal, Facebook y Twitter se han convertido en una especie de filtros para acceder a la información. Esto ha provocado que, por diversos fines –entre ellos la publicidad– estas y otras empresas desarrollen algoritmos que sean capaces de conocernos mejor y traten de adivinar nuestros gustos, ofreciéndonos así una lista de contenidos previamente filtrados.

Así, la experiencia de la profesora Tufekci puede ser atribuida a una interferencia bien intencionada del código de Facebook más que de una forma descarada de censura. Posiblemente, el contenido relacionado con las protestas de Ferguson no le fue mostrado porque no reside en esa localidad o porque anteriormente no había mostrado interés por los sucesos relacionados con ese lugar.

Nuevas formas para la censura

Gracias a esta experiencia, la profesora sugiere ver a la neutralidad de la red y al filtrado basado en algoritmos como un par de temas relacionados con derechos humanos y no únicamente como aspectos técnicos. La gobernanza de Internet, con una visión multidisciplinaria, puede atacar este tema de la forma en la que sugiere Tufekci.

Pero hay que tener en cuenta, Ferguson es también una cuestión de neutralidad de la red. Es también una cuestión de filtrado algorítmico. Cómo funciona Internet y cómo es gobernada y filtrada también es una cuestión de derechos humanos.

Lo ocurrido con este tema es tan solo una muestra más de que, con ciertos incentivos, los intermediarios en Internet pueden convertirse en censores y policías privados. Es por ello que más vale mantener su responsabilidad en los niveles más bajos posibles, a pesar de que, para algunos gobiernos, sea tentadora la idea de ir en la dirección opuesta.