¿Qué pasaría si se disputara la Copa del Mundo en la Luna?

¿Qué pasaría si se disputara la Copa del Mundo en la Luna?

De las 20 copas mundiales de fútbol que se han celebrado, todas tienen algo en común. Siempre se han disputado en la Tierra.

Ya se juega la copa del mundo en Brasil y todo el mundo está entusiasmado. La selección de Chile ha mostrado un buen desempeño y estos días es imposible pasear por Santiago sin ver al menos una persona por cuadra con una tele nueva en la mano.

Hemos visto muchas Copas del Mundo y todas tienen algo en común aparte del fútbol, y es que todas se han disputado en la Tierra. Entonces me tengo que preguntar, ¿qué pasaría si se disputara la copa del mundo en la Luna?

Sería increíble ver a los jugadores saltando hasta seis veces más alto, con golazos de pelotas ridículamente rápidas. Sería como ver los Supercampeones en vida real.

Pero antes de empezar, la primera pregunta es, ¿de quién es la Luna?

Cuando la Luna fue chilena

Jenaro Gajardo Viera, un pintor y poeta chileno, intentó registrar la Luna a su nombre en 1954. Su intención era inscribir la luna para tener una propiedad y así poder ser socio del club social de Talca.

¿Locura? Sí. Y aunque nadie ratificó su petición, Richard Nixon le mandó una carta pidiendo “permiso” antes del aterrizaje del Apollo 11 en 1969.

A lo que Gajardo habría respondido:

En nombre de Jefferson, de Washington y del gran poeta Walt Whitman, autorizo el descenso de Aldrin, Collins y Armstrong en el satélite lunar que me pertenece, y lo que más me interesa no es sólo un feliz descenso de los astronautas, de esos valientes, sino también un feliz regreso a su patria. Gracias, señor Presidente.

Luego, en 1980 se ratificó la prohibición de ventas de objetos en el espacio exterior, declarándose para toda la Humanidad.

Eso corre para los humanos, pero ¿qué pasaría si en la Luna hubiera extraterrestres y ellos quisieran organizar la Copa del Mundo?

Créanlo o no, la ONU está preparada. Si bien es probable que los alienígenas no sepan jugar fútbol, al menos tenemos a alguien que podría negociar con ellos.

En 2010, la ONU nombró una encargada de relaciones extraterrestres. Mazlan Othman es una astrofísica de Malasia encargada de negociar con extraterrestres si es que llegan a comunicarse con nosotros.

La Copa del Mundo lunar

Entonces ya tenemos cómo organizar el evento. ¿Pero cómo lo hacemos? Hay dos posibilidades.

O hacemos los estadios a la intemperie y le pasamos trajes lunares jugadores o construimos un estadio sellado y hermético donde los jugadores puedan estar con su ropa normal.

En la primera opción, un traje lunar puede llegar a pesar 130 kilos en la Tierra, y en la Luna pesaría unos 21 kilos, lo que igual es bastante. Aparte de las limitaciones de los trajes que harían imposible el juego, quitarse la pelota, marcar al otro jugador, etcétera.

Para qué decir lo que puede pasar si se rompe el traje.

En la segunda alternativa, como se pueden imaginar construir un estado en la Luna no es nada fácil.

La NASA estipuló que se necesitan murallas de un grosor mínimo de dos metros y medio para proteger una estructura y la gente que esté adentro de la radiación solar y de los pequeños meteoritos que normalmente están golpeando la Luna, que no tiene atmósfera.

Acá en la Tierra caen meteoritos permanentemente pero la atmósfera los destruye. Si sorteamos este problema, la construcción sería un problema en si. Habría que construir el estadio con materiales de la luna, ya que llevar materiales de la tierra sería infinitamente caro.

Solo llevar un kilo de algo a la Estación Espacial Internacional, que orbita solo a doscientos kilómetros de altura, vale cerca de un millón de pesos. La luna está dos mil veces más lejos, a cuatrocientos mil kilómetros aproximadamente de la Tierra.

Aparte, como no hay atmósfera, solo hacer un hoyo con un taladro sería muy difícil, el polvo saldría disparado y se elevaría tanto la temperatura que se derretiría la broca en segundos.

Si logramos construir el estadio y llevar esa cantidad de oxígeno desde la Tierra, el mayor desafío sería que el estadio no explote.

Cuando Felix Gaumgartner saltó desde el borde de la atmósfera el 2012, alcanzando la velocidad del sonido con su cuerpo, llegó hasta los 120.000 de altura en un globo inflable.

El globo se expandió más de treinta veces su tamaño normal. Y eso que a esa altura aún queda un poco de oxígeno.

En la Luna, las posibilidades que el estadio explote serían demasiadas.

Si lográramos sortear todo eso, aún quedan inconvenientes. Cómo llevar público, por ejemplo. En la Copa del Mundo del 2010, llegaron cerca de trescientos mil turistas a Sudáfrica.

Solo por la misión Apolo 11, Estados Unidos se gastó 1.300 millones de dólares para llevar a tres personas a la luna.

Considerando que se canceló la misión Apolo –por lo que no se ha innovado en tecnología para llevar gente a la Luna– habría que multiplicar mil millones por 300 mil, luego aplicar la inflación a la época actual y multiplicar por quinientos para verlo en pesos. Si bien se ha trabajado en trajes mucho más modernos, las complicaciones para ir llevar gente a la Luna se mantienen en cuanto a gastos.

Quizá la alternativa serían hologramas. Para su postulación al Mundial de la FIFA 2022, Japón presentó una idea de transmisiones a través de hologramas, llenando estadios alrededor del mundo viendo en 3D el partido de su selección. También presentaron dispositivos de comunicación que permiten traducir en tiempo real todos los idiomas, y así facilitar las conversaciones entre jugadores.

Pero la Copa del Mundo 2022 se va a Qatar, bajo mucha controversia.

¿Entonces sería factible una Copa del Mundo en la Luna? No. Por ahora no. Ojalá algún día sÍ.