El cruce de las reformas en Telecom y elecciones: comunicación política

El cruce de las reformas en Telecom y elecciones: comunicación política

La comunicación política en tiempos de una reforma de la Ley de Telecomunicaciones.

Sin duda el análisis de las reformas a las leyes ayuda a prever cambios dentro de mercados, instituciones y prácticas. Sin embargo, las consecuencias de estos cambios no se quedan dentro de una esfera y generan interacciones entre ellas.

Así por ejemplo desde la reforma de telecomunicaciones en México se comentó sobre el alcance de un regulador autónomo sobre mercados concentrados, y desde la político-electoral se ha despertado el interés en la discusión de las candidaturas independientes y la reelección. Estas dos enmiendas constitucionales contienen elementos que se “cruzan” y que en las leyes secundarias se deberán analizar a detalle para después observar su desempeño.

Uno de estos nexos está en la comunicación política, entendida como el flujo e intercambio de información entre determinadas personas y las instituciones, según la definición de María J. Canel. Concretamente la comunicación política durante temporadas electorales es en la que se espera ver algunos cambios.

Los cambios

Las enmiendas constitucionales y las leyes reglamentarias de tipo político electoral votadas esta semana en el Congreso muestran algunas variantes a destacar. Por ejemplo, ahora se permitirá reelección legislativa y las candidaturas independientes, mientras que la reforma de telecomunicaciones prevé que se modifique el reparto del mercado de televisión radiodifundida con la entrada de dos cadenas nacionales de tipo comercial y una pública que probablemente quedaría dentro de la Secretaría de Gobernación.

Sin embargo, un elemento clave del modelo de comunicación política para tiempos electorales se queda prácticamente igual: la imposibilidad de comprar “spots” para radio y televisión por los candidatos o por terceras personas. Los partidos y candidatos conservan a grandes rasgos el esquema de reparto de tiempo en medios y que debe ser garantizado por el Instituto Nacional Electoral.

En este sentido se anticipa que la reelección puede ser un incentivo para que los congresistas no sólo busquen “cortejar” al partido para asignarles una candidatura, pues la posibilidad de un término consecutivo adicional los haría menos dependientes del partido dotándolos de incentivos de tener más arraigo con los electores de su circunscripción.

La disponibilidad de más medios radiodifundidos puede aumentar los espacios de exposición. Sin embargo, esto no garantiza que el nuevo esquema de televisión en México replique la distribución político partidista. Esta posibilidad se hace más pequeña con la prohibición de pautar directamente con estas empresas la propaganda electoral, el media buy.

En todo caso quedará a prueba los criterios de pluralismo interno que tendría la cadena pública nacional para que en este medio sí se trate de reproducir un esquema de pluralidad para dar espacio a las diferentes expresiones políticas.

¿Cambios en el modelo?

En México el modelo de comunicación política cambió a partir de las reformas del 2007-2008 en las que se estableció, entre otras cosas, el modelo de reparto de tiempo, prohibiendo así el media buy. Esto causó por una parte el descontento de las cadenas nacionales, pero también creó un nuevo mercado: el de la propaganda política encubierta.

La intención de este tipo de publicidad es hacer pasar como cápsula informativa o un contenido “orgánico” mensajes políticos. En esos espacios, por ejemplo, no se verá una entrevista sobre la plataforma electoral de un candidato, sino una serie de preguntas más amigables que tienen como propósito dar a conocer una faceta más “humana” del político. Estos mensajes incluso pueden presentarse en espacios noticiosos, como programas de revista.

Esta es una de las críticas al modelo de comunicación política del 2007-2008 en la que en pocas palabras se oficializó un modelo de propaganda en radio y televisión que se “espotizó” sin mayor profundidad y que generó un mercado encubierto de publicidad que se expone como contenido.

¿Cambiará este modelo? Difícil de mencionar viendo sólo la ley.

En mi opinión, las candidaturas independientes y la reelección pueden ofrecer un cambio cualitativo que se tendría que medir en términos del contenido de los mensajes propagandísticos.

Por una parte el candidato independiente puede aprovechar estos espacios para ofrecer mensajes sobre cómo es “disruptivo” sin comprometer los recursos para su campaña “de tierra”, mientras que el funcionario que busca la reelección puede aprovecharlos para reforzar sus esfuerzos por arraigarse en sus votantes y convencerlos de votar no por la permanencia de un partido en un cargo, sino por una persona. Los incentivos existen.

Esos serían cambios que podrían buscarse en cómo los candidatos hacen uso de su porción de tiempos al aire que la ley les reparte. Sin embargo, el surgimiento de nuevas televisoras no es garantía de contenidos más diversos o diferentes entre sí pues no están obligados a tener esquemas de pluralidad interna siendo de tipo comercial. La cadena pública sí tendría que cumplir este criterio.

Por otro lado, queda abierta la pregunta sobre si se cumplirán efectivamente las prohibiciones a la publicidad política encubierta. En caso de que se mantenga, entonces el modelo de “spotización” no es garantía de nivelador de exposición en pantalla y la mayor disponibilidad de empresas de televisión ampliará el mercado de este tipo de propaganda.

¿Y los demás?

Un elemento interesante en la comunicación política lo aporta Internet a través de los sitios denominados como de redes sociales. La experiencia del movimiento #YoSoy132 mostró que la comunicación política no sólo fluye a través de la televisión, la radio y los periódicos, sino que sitios como YouTube, Twitter o Facebook sirven como vasos de transporte de otras opiniones y posibilidades de organización.

Mantener un Internet libre de control o censura previa es vital para el ejercicio de este tipo de comunicación que puede “voltear” la agenda. Si antes la televisión “inyectaba” el tema del que se discutía o hablaba en público, ahora la conversación es la que puede terminar por darle forma a la agenda pública.

Por otro lado, Internet también es un espacio en donde los actores políticos encontrarán menores restricciones y menos costos por acercarse a los límites de la regulación electoral. Esto brinda el incentivo para acercarse a la ciudadanía por otros canales, pero también para difundir mensajes unilaterales con lógica de “cargada” que puede disfrazarse de conversación pública, pero manteniendo la esencia de promoción personal. No sólo los candidatos podrían beneficiarse, sino también los políticos en funciones.

Las reformas son hoy más complejas y cada tema requiere un análisis más detallado. Sin embargo estos vistazos a algunos de sus aspectos muestran que más que la complejidad intrínseca, la combinación de todas estas modificaciones es lo que exige un análisis multidisciplinario.