South Park: The Stick of Truth [NB Labs]

South Park: The Stick of Truth [NB Labs]

Juegos de rol dentro de un juego de rol.

Plataformas: PC (analizada), PlayStation 3, Xbox 360
Desarrollador: Obsidian Entertainment
Distribuidor: Ubisoft

South Park: The Stick of Truth es un juego brillante.

Ciertamente, la frase anterior es una buena forma de describir el juego, a la vez que una no muy buena como para comenzar un texto tipo crítica. Pero lo cierto es que la conclusión es casi obvia una vez que han pasado 15 horas en el juego, campaña completa incluida. La manera en que se desarrolla la aventura en todos sus aspectos, desde la fusión entre un videojuego y un capítulo de South Park hasta la profundidad del combate o el infaltable fan service.

The Stick of Truth es básicamente un capítulo extendido de la serie. Como “el niño nuevo” recién llegado al barrio, hay que ponerse a la tarea de hacer amigos. Empezar a escalar en el mundo social de Cartman y el resto de la pandilla en medio de un juego de rol (rol de verdad). Desde el primer minuto, las referencias al universo de South Park se hacen presentes y patentes en cada rincón de la ciudad. Prácticamente todos los personajes -principales y secundarios- íconos de la serie tienen su participación, con más o menos minutos en pantalla.

El juego se sustenta sobre la base de un RPG por turnos, al estilo de Mario RPG/Paper Mario. La impresión inicial es que el sistema de clases y especializaciones es bastante liviana, considerando que el juego no está orientado al grindeo interminable y que la progresión del personaje no parece ser el enfoque principal dentro de las mecánicas de juego (y más todavía por tratarse de un RPG). Pero poco a poco el juego va abriendo opciones y va dando paso a diferentes combinaciones y que arman un paquete bastante respetable.

En ese sentido, Obsidian consigue de muy buena forma sacarle provecho a un esquema de turnos que por concepto siempre tiene algunas limitaciones. En The Stick of Truth las peleas no se limitan solo a observar, sino al contrario: requieren de bastante atención y precisión a la hora de ir ejecutando las acciones. Los diferentes tipos de ataques, magias y habilidades necesitan que se presione uno o varios botones en un momento determinado. Al momento de defender, la precisión premia con una defensa perfecta o hasta con la posibilidad de contraatacar con éxito si se observan las señales y se es rápido con los dedos.

Claramente, este sistema apuesta por darle agilidad a las acciones en general. Aún sin el grinding de otros juegos, en The Stick of Truth se pasan bastante horas en medio del combate. La clave está en el dinamismo, ya que en ningún momento va quedando la sensación de que las batallas duran más de lo apropiado. Ni siquiera contra los jefes finales, que a veces asustan por la cantidad de puntos de salud.

Es casi obvio que Obsidian no desarrolló un juego y un esquema apuntando a los jugadores más hardcore o más avezados en el mundo RPG. De muestra, un botón: cada turno permite atacar y también utilizar algún objeto, algo bastante útil a la hora de sacarse alguna desventaja. ¿Se facilitan las cosas? Evidentemente, y más todavía hacia la parte final del juego cuando con la especialización correcta algunas peleas son casi un paseo. Pero así como el combate nunca se siente tedioso, tampoco se siente vacío ni simplón.

No es difícil darse cuenta -al ver las imágenes y los videos del juego- por qué The Stick of Truth se ve como un capítulo extendido de la serie. La presentación en general borra la línea separatoria entre ambos medios, al punto de que el espectador común podría confundir fácilmente lo que está en pantalla. El trabajo de Obsidian recreando el pueblo y sus entornos es simplemente notable, tanto por la cantidad de contenido incluido como por la calidad de este.

Nada sobra en esta versión de South Park. El mapa en general, sin ser extenso ni muy grande (mal que mal, es un pueblo casi perdido entre montañas), ofrece harto contenido para explorar. Y de hecho, son las misiones secundarias las que terminan por resaltar las locaciones a veces incluso más que la principales. El bosque perdido o las alcantarillas tienen bastante que ofrecer, pero aquí es mejor entrar a ellas porque sí y no por la obligación de una misión. Porque siempre, en cada rincón perdido o insignificante, hay al menos una referencia a la serie o un personaje necesitado de ayuda.

Cuando se trata de juegos basados en franquicias que vienen de otros medios, la exacta medida del contenido incluido parece no ser tan fácil de encontrar. Un ejemplo de ello es Arkham City, donde parece que muchos villanos (y sus respectivas misiones secundarias) fueron introducidos porque sí, porque tenían que estar. The Stick of Truth no tiene nunca problemas con eso. Hasta su particular -y esperada- burla a Canadá esconde una pequeña pero crítica participación de un par de personajes. Dos o menos minutos claves para aprender una habilidad y seguir adelante en el juego.

South Park, la serie, no es apta para todos. No vamos a descubrir ahora lo que es el humor de la dupla de Trey Parker y Matt Stone, pero es bueno hacer la puntualización. Y como extensión de aquello, The Stick of Truth tampoco es para todos. La participación de los creadores en el desarrollo del juego y del guión es reflejo de la irreverencia y la vulgaridad -a veces gratuita, a veces no tanto- que se incluye.

Es el formato interactivo de un videojuego lo que da un tinte más personal a The Stick of Truth como producto. Las famosas escenas censuradas dan vuelta alrededor de abortos masculinos y exploraciones anales que parecen más grotescas aún si es uno como jugador el que tiene algo que decir al respecto. Aún así, los contextos son tan ridículos que igualmente es muy difícil tomar en serio esos tópicos como base para discusiones más serias. Porque al final esto es humor y sarcasmo. Y la escena del aborto a Mr. Randy está envuelta en un marco demasiado ridículo como para ofenderse de verdad.

Más allá de las aprensiones, el guión de The Stick of Truth es notable. Sus comienzos son bastante inocentes -niños metidos en un juego de rol donde humanos y elfos son enemigos- y hasta comunes, pero es en el final del primer día cuando la historia se abre y empieza a mostrarse como South Park en todo su esplendor. Lo más importante de todo: nunca, en ningún momento, se pierde el hilo conductor. Ni siquiera con la esperable intromisión del gobierno. Siempre el objetivo está claro, aun cuando llega el punto en que algunos hilos argumentales se cruzan. La lucidez del equipo de guionistas detrás del juego es digna de aplaudir.

La herencia de The Stick of Truth a la industria será -o debería ser- haber marcado una pauta. Muy pocas veces, por no decir nunca, una franquicia televisiva se había trasladado con tanto acierto al mundo de los videojuegos, dejando de lados un par de juegos relativamente exitosos como los de Los Simpsons. Es verdad que tal vez con South Park haya una ventaja dada por su presentación visual, pero muy pocos habríamos apostado por un “RPG de South Park” si nos preguntaban hace años atrás por el formato del crossover. Quizás por un juego de aventuras o hasta una aventura gráfica, pero no un RPG.

La recomendación final es evidente. The Stick of Truth es un juego que hay que jugar. La única advertencia va para quienes no disfrutan el humor de South Park, sea por la razón que sea. Obsidian en general se destaca por hacer excelentes RPG, pero siempre había un “pero” a la hora de cerrar el producto y no haberlo pulido lo suficiente. No es el caso de The Stick of Truth, que prácticamente no sufre de bugs, que en la parte técnica es muy eficiente y que en su diseño hace gala de una excelencia en todos y cada uno de sus apartados. No es muy largo ni muy difícil, pero en realidad nada de eso termina importando.

The Stick of Truth es un juego brillante.


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