Destruyendo la Web: La localización de datos versus una Internet abierta

Destruyendo la Web: La localización de datos versus una Internet abierta

Los gobiernos argumentan que al mantener los datos en casa están mejorando la privacidad y seguridad de sus ciudadanos.

Nota: Esta columna está escrita en base a una investigación llevada a cabo por el profesor Anupam Chander y Uyen Le, financiada en parte por una beca de Google. El texto fue compartido con FayerWayer y escrito por el profesor Chander.

En todas partes del mundo los gobiernos están tratando de evitar que la información acerca de su gente salga de sus fronteras. Con este fin están prohibiendo la exportación de datos, usando como pretexto las preocupaciones sobre vigilancia exterior, la privacidad y la seguridad, así como la necesidad de aplicar la legislación nacional y el desarrollo económico.

¿Cuáles son los “datos” que podrían verse afectados? Australia sostiene que los datos sobre la salud de los australianos no pueden ir más allá de sus costas. Brasil está considerando una ley que daría al Ejecutivo la facultad de designar qué información no puede salir del país. Vietnam quiere que todos los datos acerca de sus ciudadanos, desde sus actualizaciones de Facebook hasta sus listas de amigos, estén disponibles en servidores ubicados dentro del país.

Los gobiernos argumentan que al mantener los datos en casa están mejorando la privacidad y seguridad de sus ciudadanos. Sin embargo la realidad es que los esfuerzos para la localización de los datos tienen pocas probabilidades de alcanzar estas metas, y es, de hecho, probable que las socave. En el fondo aquello que asumen los gobiernos es que los datos que se almacenan en el extranjero no están seguros. Pero así como el dinero guardado bajo el colchón, la realidad es que los datos guardados en casa pueden de hecho ser menos seguros que los almacenados en servicios sujetos a la competencia mundial. Hay pocas razones para creer que los datos guardados en una computadora del gobierno de Vancouver estarán más seguros que aquellos almacenados en computadoras de IBM, a unos pocos kilómetros más al sur en Seattle.

Los hackers son muy buenos operando a través de las fronteras. Por ejemplo, el código utilizado para irrumpir en los sistemas informáticos del minorista estadounidense Target parece haber sido escrito en parte en ruso. Además, mantener la información en el país tampoco la mantiene oculta de las miradas indiscretas de los gobiernos extranjeros. De hecho, la Agencia de Seguridad Nacional de EE.UU. (NSA) tiene muchas menos limitaciones cuando opera en el extranjero que cuando opera en el país. Por ejemplo, la NSA no necesita la aprobación previa del Tribunal de Vigilancia de Inteligencia Extranjera para realizar una operación en el extranjero.

Los gobiernos también manifiestan que los servicios globales que se enfrentan a los mandatos de localización de datos simplemente construirán infraestructura local, estimulando así la inversión local. Sin embargo, para muchos de los servicios podría resultar demasiado caro o arriesgado y evitarían, quizás, por completo esa localidad. Incluso otros servicios podrían simplemente ignorar el mandato y continuar atendiendo a la población local. Lo más preocupante para estos países sería que las empresas pudieran evitar de manera intencional ubicar sus operaciones en los países con requisitos de localización de datos engorrosos. En lugar de estimular la inversión, tales medidas la desviarían hacia otra parte.

Estas medidas, además de que probablemente fracasen en alcanzar sus objetivos, representan una amenaza contra algunas de las innovaciones más importantes que sólo son posibles gracias a Internet. En la era de la información, los datos son el alma del comercio. Los esfuerzos por mantener los datos dentro de sus fronteras alterarían drásticamente la forma en que Internet funciona. Un problema fundamental de estas medidas es que atentan en gran parte contra la posibilidad de que se den nuevos y asombrosos tipos de comercio que sólo son posibles a través de Internet.

Gracias a Internet los individuos y las empresas ubicadas en Silicon Valley o en Bangalore pueden ofrecer sus servicios al resto del mundo sin tener la necesidad de conseguir recursos o visas para establecerse en los diferentes países. Los requisitos de localización de datos anularían esta posibilidad. Incluso la localización de datos podría dificultar el uso de servicios basados en la nube como Dropbox o iCloud de Apple, o el de los nuevos monitores de acondicionamiento físico, tales como el Gear Fit de Samsung.

Al aumentar el control gubernamental sobre las actividades en línea de sus residentes, la localización de datos plantea una preocupación adicional: la posibilidad de abuso del gobierno. Internet dio a la gente la posibilidad de compartir información a través de servicios ubicados fuera del país. Tales servicios extranjeros fueron sometidos en menor grado a la censura o vigilancia local. Pero la localización de datos, de aplicarse, entregaría de nuevo al gobierno el control sobre la información. En lugar de proteger a los ciudadanos, la localización de datos podría ser usada para consolidar el control sobre ellos.

Existió una época en la que la gente podría haberse negado a comprar alimentos en el extranjero por considerarlo demasiado riesgoso; con el tiempo nos hemos dado cuenta de que el comercio internacional de alimentos es razonable, siempre y cuando insistamos en tener normas sanitarias para la comida que se coloca en las estanterías de nuestros supermercados. Debemos reconocer que el intercambio en el mundo digital es igualmente razonable y no deberíamos construir barreras que fueran contraproducentes para el mismo.