Internet contra la censura en Venezuela

Internet contra la censura en Venezuela

Luis Carlos Díaz, activista y periodista venezolano, nos habla sobre la censura mediática en Venezuela - y qué hacen los ciudadanos para evadirla.

En las últimas dos semanas, las protestas y manifestaciones estudiantiles en diferentes ciudades de Venezuela han hecho que el mundo voltee hacia la región. El gobierno venezolano, encabezado por el presidente Nicolás Maduro, ha tomado la decisión de inhibir la cobertura mediática de los acontecimientos, obligando a los ciudadanos a buscar otras formas de consumir y producir la información.

En una entrevista concedida por Skype, el activista y periodista Luis Carlos Díaz explica a la gente fuera de Venezuela cuáles son los antecedentes del conflicto, cuál es la reacción hacia los medios y cómo la gente ha generado redes de información para sobrellevar la censura. Así es el bloque mediático en Venezuela (explicado para los no venezolanos).

¿De dónde viene el conflicto?

Aunque la tensión en Venezuela es un fenómeno complejo, Luis Carlos identifica algunas causas principales. Para entender la situación, es necesario ir hasta las elecciones presidenciales en Venezuela, posteriores a la muerte de Hugo Chávez. En dicha votación, el actual presidente Nicolás Maduro venció a su contendiente Henrique Capriles por un margen de 1,48% de los votos, generando una enorme polarización en el país.

La respuesta de Capriles fue acudir a las instituciones para solicitar la anulación de los comicios. El excandidato no llamó a la oposición a las calles, por lo que Luis Carlos explica que eso acumuló el malestar de la ciudadanía a pesar de no presentarse protestas significativas durante 2013.

En 2014, una serie de situaciones ha contribuido al estallido social:

Estos sucesos se acumularon y, aunados a la latente inconformidad social, crearon las condiciones para la protesta. Luis Carlos señala que la protesta de Táchira a inicios de febrero fue uno de los detonantes para que los estudiantes salieran a las calles, en reclamo por el encarcelamiento de los manifestantes en Coro (a 598 kilómetros de San Cristóbal, la capital de Táchira).

Los opositores Leopoldo López y María Corina Machado aprovecharon la coyuntura para llamar a la gente a las calles, en un movimiento denominado en redes como #lasalida.

Estos sucesos han llevado a semanas intensas de protestas y de enfrentamientos entre ciudadanos y fuerzas armadas, así como la denuncia de cuerpos paramilitares. La tensión tocó uno de sus puntos álgidos con la marcha del 12 de febrero -en redes, el #12F-, con la muerte de tres manifestantes.

La cortina mediática

“El flujo de información es controlado por el Estado”, indica Luis Carlos. El activista relata que la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel) se puso en contacto con las emisoras de radio y televisión y les hizo una prohibición tácita para cubrir las protestas. Si bien la amenaza no fue directa, “[Conatel] les advirtió [a los medios] que les podía caer la ley, que habría consecuencias”.

(cc) Kira Kariakin / Flickr

De este modo, los medios venezolanos han optado por la autocensura. Luis Carlos comenta que, en el caso de la radio, han tomado la postura de que “las cosas no ocurren”: estaciones de radio que únicamente transmiten música, desentendiéndose de la labor informativa. En caso de que un medio elija hacer un seguimiento noticioso, lo manda a los espacios de la noche, a menciones de dos o tres minutos.

Si un suceso importante tuvo lugar a las 2 de la tarde -indica Luis Carlos- no se reporta en vivo, sino varias horas después.

En el caso de la televisión, los canales locales también han optado por dar preferencia a los contenidos de entretenimiento. El resultado es que sólo CNN y el canal colombiano NTN24 hicieron una cobertura plena de los disturbios. Sobre NTN24, el gobierno venezolano tomó la medida de retirar la señal de los proveedores de televisión restringida por cable o vía satelital, orillándolo a transmitir mediante YouTube.

Sobre la prensa escrita, el gran problema es el abastecimiento del papel. Al 11 de febrero, seis diarios habían salido de circulación por falta de papel para imprimir. Esto ha repercutido también en el número de hojas de los diarios – y por ende, en los espacios para cobertura.

Internet y las protestas en Venezuela

El cerco mediático ha hecho que los ciudadanos de Venezuela recurran a la red para mantenerse informados, pero ni siquiera ahí están libres de censura. De acuerdo con Luis Carlos, se estima que 44% de los venezolanos tiene acceso a Internet (para 2011, la cifra era de 40%); esto es, más de 12 millones de personas.

Se calcula que 10,5 millones de venezolanos son usuarios de Facebook y hay entre 3 y 4 millones de cuentas de Twitter en el país -no necesariamente todas activas-. Así mismo, para mayo de 2013, se estimaba que más de una cuarta parte de la población del país se conectaba a Internet a través de un teléfono móvil.

En la nación, el principal proveedor de Internet (ISP) es la Compañía Anónima Nacional Teléfonos de Venezuela (CANTV), que representa 87% de las conexiones del país. Esto es especialmente riesgoso porque, de acuerdo con Luis Carlos, el gobierno venezolano tiene varios antecedentes de censura en la red, entre los cuales destacan:

El último suceso de censura ocurrió la semana pasada, cuando los usuarios de CANTV señalaron que no podían acceder a las imágenes de Twitter (donde los ciudadanos han subido contenidos para hacer cobertura de las protestas).

El vocero de Twitter, Nu Wexler, señaló que la empresa no era responsable del bloqueo; en respuesta, el gobierno de Venezuela acusa que los responsables son “grupos desestabilizadores” ajenos a ellos.

Información responsable y sin intermediarios

Luis Carlos define al proceso de información entre ciudadanos como algo “artesanal”. Las denuncias ciudadanas llegan a través de las redes sociales, pero ellos esperan a contrastar la información antes de darla por hecho. “Todavía hay periodistas en las calles”, afirma Luis Carlos; son ellos quienes dan validez a los reportes hechos por la gente.

También algunas cuentas oficiales ayudan. El activista narra que en las protestas de Chacao, varios reportes se respaldaron con la información dada por el alcalde a través de su Twitter.

En ese sentido, la reputación es crucial. “Trabajamos con círculos basados en confianza”, señala Luis Carlos. Comenta que es difícil dar por hecho algo si sólo se cuenta con una fotografía; surgen dudas sobre su fiabilidad o su procedencia.

Otro problema que han enfrentado son los trolls: gente que por diversión, ignorancia o saña sube imágenes que no corresponden con la realidad: desde la icónica foto de la plaza de Tian’anmen hasta muertos en Egipto o Palestina. Estas imágenes, aparentemente inofensivas, le han dado al gobierno de Venezuela un argumento para desacreditar todas las fotografías que aparecen en redes sociales – incluso aquellas que sí corresponden con las protestas.

También hay quienes contribuyen tragándose los engaños. La actriz Amanda Gutiérrez publicó en Twitter la imagen de un supuesto manifestante siendo víctima de abuso sexual. La foto era falsa, sacada de un filme porno. Ese incidente ha sido usado como pretexto para denunciar una supuesta campaña orquestada contra el gobierno de Maduro.

“Estamos en una fase de aprendizaje rápido”, señala Luis Carlos. Los ciudadanos de Venezuela están en un momento en el que deben entender qué mensajes consumir y difundir para no caer en desinformación, so riesgo de dar argumentos de represión y censura.

Haz que te vean (y te oigan)

Suena paradójico, pero para la protesta, la visibilidad es el mejor escudo. “El riesgo mayor es que la gente no teja redes: puedes publicar mucho, pero si estás solo, te pueden pasar cosas”, advierte Luis Carlos. Para él, la mejor manera de evitar abusos de la autoridad (“no estamos al nivel de Irán o China… aún”, apunta) es usar tu nombre. De esa forma, eres protegido por tu propia comunidad y al gobierno “le cuesta más trabajo [reprimirte]”.

En este contexto, han aparecido herramientas que ayudan a la población a librar el cerco. Por ejemplo, para comunicarse, muchas personas están descargando la aplicación Zello, que permite intercambiar mensajes de voz a través de canales privados -a manera de un walkie-talkie-. Son usados por los miembros de las protestas estudiantiles para coordinarse o para acceder a información como la paridad de cambio con el dólar.

FotoAhora es otra aplicación móvil que busca legitimar la información. Este programa de reciente aparición permite que los usuarios compartan imágenes en Twitter con la fecha y el lugar registrados al momento de la toma. De este modo, se combate que se suban fotografías viejas, de otro contexto, montajes o trucadas.

Además de las redes sociales como Twitter, Facebook y YouTube, otra plataforma que ha sido utilizada -tanto por protestantes como por simpatizantes de Maduro- es Taringa! El servicio señala que su post más visitado al día es uno titulado “Esto sucede en Venezuela y nos censuran”.

Solidaridad internacional

“Sobre Venezuela, las pasiones existen también afuera”, apunta Luis Carlos, al indicar que el conflicto en su país es algo que trasciende sus fronteras. Es cierto: es un discurso ideológico en el que prácticamente cualquier habitante de América Latina tiene una opinión. Pero para el activista, el tema va más allá: es una cuestión de derechos humanos.

“Se trata de demostrar que hay ciudadanos que no sólo no se sienten representados, sino violentados porque [el gobierno] ocupa e impone un modelo que no respeta tus derechos, no porque seas de izquierda o de derecha”.

© joellawho / Flickr

Para Luis Carlos, los miembros de la comunidad internacional -tú, yo, cualquiera- debemos servir como articuladores y bisagras para quienes están interesados en el tema. Solidaridad es el término clave; solidaridad ante el bloqueo y la censura, ante las violaciones de derechos humanos. Nuestra labor -continúa el activista- es brindar información y contexto: formarse, leer y solidarizarse.

“Diez fotografías falsas no tumban miles de fotos [reales] de gente armada, abusos y detenciones”, concluye. Tiene razón: está en nuestra responsabilidad (dentro o fuera de Venezuela) que todas las voces sean escuchadas. Porque cualquier ataque la libertad de expresión -provenga del gobierno que sea- es un ataque a todos. Internet contra la censura en Venezuela: no sólo desde dentro, sino desde todas partes.

Gracias a Luis Carlos Díaz por su tiempo para la elaboración de este artículo y a Cony Sturm por su apoyo en la investigación. Pueden seguir a Luis Carlos a través de Twitter (@luiscarlos) y mirar su #HangoutPolítico para seguir el tema de Venezuela a través de la red.