Killzone: Shadow Fall [NB Labs]

Killzone: Shadow Fall [NB Labs]

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Glorioso gráficamente, insuficiente en contenido. Shadow Fall desaprovecha su potencial en aras de convertirse en un producto más genérico.

Plataformas: PlayStation 4
Desarrollador: Guerrilla Games
Distribuidor: SCE

Si de primeras impresiones se trata, Killzone: Shadow Fall hace un buen trabajo. El juego comienza de una forma muy distinta a los otros títulos de la serie y los primeros tintes de la trama nos hacen evocar algunos de los capítulos más oscuros en la historia de la humanidad (como el levantamiento del Muro de Berlín o la constante disputa entre israelíes y palestinos en la Franja de Gaza).

Desafortunadamente, conforme avanzan las horas y la campaña progresa, todos esos elementos que parecían prometer una experiencia diferente se van desdibujando en pos de darle lugar a un producto más genérico. Uno al que no le importa dejar huecos en su historia o caer en los clichés de cualquier otro shooter en el mercado.

Con el hogar de los Helghast completamente inhabitable luego del Terracidio, sus enemigos a muerte, los humanos, les extienden la mano a los sobrevivientes de la catástrofe y les comparten la mitad del planeta Vekta para que puedan vivir en paz. No obstante, 30 años después de la formulación del acuerdo, el surgimiento de las diferencias entre las facciones no se deja esperar y pronto se desata un nuevo juego de poderes que amenaza con detonar una nueva guerra.

¿Por qué mezclar perros y gatos si todos sabemos de antemano cuál será el resultado? Esa es la pregunta que me sigo haciendo aún después de haber terminado la campaña del juego, y aunque creo entender la intención de Guerrilla Games de entregar una historia con tintes políticos más profundos y retratar la naturaleza humana, lo cierto es que tendría que haber habido un contexto más elaborado para darle sentido a la historia y no quedarnos con apenas algunos detalles que dejan más preguntas que respuestas.

El desarrollo de los personajes tampoco ayuda mucho en darle valor a la débil trama, pues en aras de sortear el clásico “blanco y negro” o “los buenos contra los malos”, los integrantes de cada bando se nos presentan como unos verdaderos desgraciados cuya única meta en la vida es eliminar de la faz de la tierra a sus enemigos. A excepción del protagonista, Lucas Kellan, y de una misteriosa mujer Helghast apodada Echo –que más tarde se suma a la fórmula–, parece que todos en Vekta son partidarios de la idea de erradicar al enemigo sin ningún atisbo de piedad, lo que de nuevo me hace cuestionarme cómo es que los humanos determinaron darle la mitad de su planeta a sus principales enemigos sin tomar ningún tipo de precaución.

Al final, con todos los boquetes que deja la trama y las pocas ganas del juego de dar mayores explicaciones, la historia pasa a un segundo plano para dejarle espacio a los tiroteos, uno de los mayores aciertos de Guerrilla Games en Shadow Fall.

A los pocos días de haber sido presentada la PlayStation 4, salió a la luz la noticia de que el equipo de Guerrilla Games había sido uno de los principales actores que coadyuvaron en el desarrollo del DualShock 4, lo que desde ese momento nos hizo tener grandes expectativas de un Killzone con mayores prestaciones en el apartado de la jugabilidad. Por fortuna, la colaboración del estudio holandés dio como resultado un esquema de control intuitivo que pocas veces falla.

Como la principal novedad en este sentido tenemos la integración de un robot llamado OWL, el cual nos acompaña durante prácticamente todo el juego y nos ofrece un catálogo de acciones que van desde construir un escudo protector hasta aturdir a los enemigos con un choque eléctrico. Sin embargo, el mayor aporte del robot es su capacidad de desplegar una cuerda de rapel que aprovecha la verticalidad de algunos escenarios, aunque realmente son contadas las ocasiones en las que esta función es necesaria.

Para solicitar la intervención de OWL se recurre al panel táctil del control, y aunque en un principio se siente un tanto extraño y se cometen algunos errores (por ejemplo, pedirle al robot que ataque en vez de desplegar un escudo), con un poco de práctica el movimiento del pulgar se hace cada vez más natural y se consigue un buen aliado en el intercambio de plomo con los Helghast.

El armamento, por su parte, se siente adecuado, ni pobre ni rimbombante, aunque vale la pena destacar el gran trabajo que se ha hecho en cómo se comporta cada una de sus piezas. Por desgracia, aunque Lucas tiene espacio para cargar dos armas, siempre estará limitado por el simple hecho de que debe integrar su equipo exclusivamente con un arma ligera y una pesada, así que a pesar del catálogo a nuestra disposición, no es posible portar un rifle de largo alcance y colgarse un lanzacohetes al hombro. Incluso, llega a ser ridículo cuando las municiones de la ligera se terminan y no podemos sustituirla por otra porque entonces cargaríamos dos armas pesadas.

Desde luego que la presencia de las armas no sería nada sin la aparición de los enemigos para descargarlas, y en Killzone: Shadow Fall hay Helghast de sobra para hacerlo. Las tropas neo fascistas llegan en diferentes presentaciones que van desde el soldado común y corriente, hasta el equipo especial con escudos antidisturbios. También hay unidades mecánicas en tierra y aire que se convierten en auténticos dolores de cabeza cuando descubren nuestra posición.

Infortunadamente, aquí llega otro de los puntos grises del juego, pues muy a pesar de las capacidades mejoradas de la nueva consola de Sony, la Inteligencia Artificial es una suerte de contraposiciones que a veces se comporta bien –con enemigos flanqueando tu posición y lanzando granadas para dejarte al descubierto–, y a veces actúa de forma inexplicable –soldados que corren directamente hacia tu posición mientras tu cargas energía en tu rifle para acabarlos de un sólo disparo, o aquellos que permanecen atrincherados sin hacer ningún tipo de movimiento hasta que das la cara.

Pese a lo anterior, morir a manos de los Helghast en Shadow Fall no es una situación extraña, pero esto se debe mayormente al mal diseño de las coberturas que al buen desempeño de las tropas rivales. Por ejemplo, quedarse atrincherado detrás de una barda no siempre frena las balas de los enemigos, a pesar de que pareciera que estamos completamente cubiertos. Esto nos obliga a permanecer o muy alejados de la acción, o corriendo de un lado a otro en busca de una posición que sea un poco más favorable.

La suma de estos elementos pronto convierte a la experiencia en un ensayo de prueba y error más que en un ejercicio de estrategia y habilidad. Aún así, creo que los fanáticos del género, y en especial los que han estado con Killzone desde el principio, sabrán apreciar esos momentos de frenetismo absoluto cuando disparar primero y preguntar después ocupan su respectivo trono en pantalla, aunque el ritmo del juego se vea interrumpido en más de una ocasión por los objetivos confusos y la falta de un motivo real para cumplirlos.

En cuanto al apartado gráfico y el diseño de los escenarios, creo que era casi un hecho que Guerrilla Games se iba a volar la barda para demostrar que la nueva generación finalmente ha llegado. Los efectos de luz y partículas son gloriosos, y si a eso sumamos que los mapas ahora son un poco más abiertos y nos dan la posibilidad de explorarlos un poco más, el resultado es un juego que se ve bien a pesar de la presencia de algunos bugs.

Claro que los desarrolladores aprovechan cada oportunidad para presumir el fruto de su trabajo, así que los segmentos a la “Michael Bay” se vuelven una constante en el juego. De hecho, para romper un poco con la línea de sus precursores, Guerrilla agregó a Shadow Fall algunas mecánicas diferentes dentro de las misiones, como el hecho de flotar en gravedad cero, o entrar a la atmósfera de un planeta en caída libre esquivando edificios que se colapsan y estorban tu paso. La intención de estas nuevas propuestas era buena, y en cierto grado son bienvenidas, pero se sienten poco “cocinadas” y hasta pueden causar cierta frustración (sobre todo cuando llega la parte de esquivar edificios, donde les aseguró que morirán varias veces antes de dominar el control).

La campaña de Shadow Fall dura aproximadamente 10 horas, y si quieren recolectar todos los archivos de audio, páginas de diario y demás objetos coleccionables, puede que a ese total se le sumen unas horas adicionales. Pero, si realmente le quieren sacar jugo a su juego y extender su vida, más vale que se internen al apartado multijugador, que aunque no ofrece nada nuevo, sin duda se convierte en el ingrediente más atesorado del título.

El conjunto de reglas son las que se podrían esperar de cualquier FPS. Incluso, los que hayan tenido la oportunidad de jugar los Killzone anteriores no encontrarán algo sustancialmente diferente en esta nueva entrega. El modo Warzone, donde se conjuntan varias reglas en una misma partida, sigue siendo la opción más atractiva, y de hecho, es una de las que más jugadores albergan junto con la refriega por equipos de hasta 24 jugadores.

Lo más notorio del multijugador de Killzone: Shadow Fall es su nuevo sistema en el que los jugadores no suman puntos de experiencia para desbloquear nuevas armas o piezas de equipo, sino que ahora es mandatorio cumplir con retos específicos –como acabar con un cierto número de enemigos o acumular muertes sin ser abatido– para dicho fin. Esto hace que la experiencia esté abierta para todos y que el integrarse tarde no signifique convertirse en carne de cañón irremediablemente. Desde luego que la práctica hace al maestro, pero esto no quedará determinado por las armas o equipo disponible.

En términos generales, Killzone: Shadow Fall funciona bien como una demostración técnica de las capacidades de la PlayStation 4 en este inicio de generación; aunque, lamentablemente, la campaña de un solo jugador se ve empañada con varios problemas tanto de narrativa como de ejecución. Los personajes quedan desaprovechados y la historia, aunque ambiciosa, termina por aburrir y dejar de cobrar importancia desde muy temprano en el juego. Los que quieran internarse al modo multijugador encontrarán ahí la verdadera recompensa del juego, pero los solitarios quedarán decepcionados.



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