Ex Unión Soviética gastó USD$1.000 millones en experimentos de control mental

Ex Unión Soviética gastó USD$1.000 millones en experimentos de control mental

Mientras que en la guerra fría los estadounidenses estudiaban sin éxito la parapsicología, los rusos lo hacían con la psicotrónica.

Mucho se ha escrito sobre los bochornosos experimentos secretos del ejército norteamericano durante la guerra fría para desarrollar armas de control mental mediante pseudociencias como la parapsicología. De hecho, hasta Hollywood se ha burlado de estas historias mediante comedias como “Los hombres que miraban fijamente a las cabras“.

Ahora, un reciente estudio publicado por el investigador Serge Kernbach viene a investigar también al lado soviético y la carrera armamentística que se desarrolló durante la guerra fría en torno a “investigaciones no convencionales“, o sea la parapsicología (o psicotrónica como le decían los soviéticos), control mental e influencia remota.

Kernbach hizo un análisis de los esfuerzos soviéticos en “investigaciones no convencionales” entre los años 1917 y 2003, basados en publicaciones de revistas académicas rusas y recientes documentos desclasificados, en el que encontró que si bien los estudios soviéticos avanzaron de forma independiente al mundo occidental, éstos se enfocaron en muchos temas similares a su contraparte norteamericana.

Lo interesante es que con el poco conocimiento que tenían los soviéticos y los estadounidenses del trabajo de sus rivales en esta materia, de todas formas lograron crear con este conocimiento un círculo vicioso de obtención de fondos para sus estudios. Esta “guerra psicotrónica” secreta le costó a la ex Unión Soviética en su totalidad USD$1.000 millones, y solo finalizó a comienzos de la década pasada sin éxito alguno.

El programa parapsicológico soviético se fundaba en la idea de que el cerebro humano podía recibir y transmitir una cierta frecuencia de radiación electromagnética capaz de influenciar a otros objetos. Muchos investigadores aseguraron que esta “energía humana” era capaz de cambiar la magnetización del núcleo del hidrógeno, o estimular el sistema inmunológico del trigo, las enredaderas o incluso los seres humanos, etcétera.

Link: Arxiv.org (vía Medium)