Barajando la teoría de fusionar los sistemas operativos móviles y tradicionales

Barajando la teoría de fusionar los sistemas operativos móviles y tradicionales

En un futuro no muy lejano, las plataformas de software para tabletas, teléfonos y computadoras podrían ser una sola.

Una loca teoría comenzó a aparecer un par de años atrás entre los analistas. La idea sonaba ridícula, alocada y completamente surreal. Sin embargo, pasó el tiempo y las piezas comenzaron a caer en su lugar, viéndose posible lo que antes era impensado: la fusión entre sistemas operativos para computadoras de escritorio y el software diseñado para dispositivos móviles como smartphones y tabletas.

De ocurrir efectivamente, esto significaría que tendríamos exactamente el mismo sistema operativo corriendo en nuestro PC, notebook, teléfono y tableta. Cambios en la interfaz gráfica aparte y asegurados, el núcleo sería el mismo y las aplicaciones serían compatibles sin importar el entorno donde se encuentra el usuario, garantizando total integración de servicios y una experiencia de uso uniforme al 100%.

Todo esto en la teoría, porque este sueño aún está lejos de realizarse pese a que algunas compañías están dando luces y pistas de apuntar hacia aquello, en lo que seguramente será una transición lenta y progresiva hacia un futuro informático unificado que no diferencie entre dos planetas que hoy viven casi completamente separados.

Todo comenzó…

El primer iPhone.

… con la aparición de los sistemas operativos móviles. Dejando de lado aquellas plataformas enfocadas a la funcionalidad como los sistemas para dispositivos industriales, las primeras plataformas serias se desarrollaron en el área de los teléfonos móviles gracias a BlackBerry, Nokia, Palm, HP y varias otras compañías que apostaron temprano por desarrollar un ecosistema digital independiente al de las computadoras tradicionales.

Esto pasó por pura necesidad: ejecutar cualquier cosa que no fuera eso en un aparato móvil de hace 10 o 15 años resultaba imposible, ya que el poder de cálculo de los procesadores existentes en la época requería que se escribiese un software especializado y específico para cada sistema de hardware.

Sin embargo, como era de esperarse la tecnología de micro-procesadores avanzó rápidamente y al fin llegó el momento en que un sistema operativo “serio y de verdad” aterrizó en el campo de los móviles: el año 2007 Apple mostró al mundo el iPhone, con procesador central de arquitectura ARM corriendo a 412MHz acompañado de 128MB de memoria RAM, prestaciones suficientes para echarle encima la plataforma Darwin, misma en que está basado el sistema de escritorio Mac OS X.

Así, el llamado iPhone OS 1.0 si bien estaba basado en las mismas fundaciones de Mac OS X no compartía todas sus librerías ni funcionalidades, por lo que hasta el día de hoy no es posible ejecutar una aplicación de OS X en el ahora llamado iOS. Sólo se tomaron prestadas herramientas para levantar servicios como la conectividad a Internet y la seguridad, entre otros elementos. Pero fue un primer paso.

¿Lo estaban planeando de antemano?

Ubuntu Phone corriendo de manera transversal en varios dispositivos.

Pasó el tiempo desde 2007 y fueron apareciendo otras empresas que adoptaron el modelo de desarrollo que usó iPhone OS, como Google Android que está basado en Linux, Microsoft Windows Phone 8 que comparte el núcleo con Windows 8 para PC y más tarde, Canonical Ubuntu Phone que llega bajo la promesa de soportar las mismas aplicaciones en PC y móvil.

Ésta es la pista más importante que nos han entregado las empresas y que apunta hacia la unificación de las plataformas; lo que primero ocurrió por la necesidad de tener fundaciones sólidas para armar un sistema operativo móvil confiable, bien puede usarse para fusionar en el futuro cercano el software tradicional y el moderno.

¿Pero cómo llegamos aquí? Hay dos teorías. La primera nos dice que pasó casi por casualidad, ya que como dijimos anteriormente, lo más lógico a la hora de encontrar herramientas confiables para armar un sistema operativo desde cero es utilizar librerías ya existentes en otro sistema operativo. Sin embargo, se puede pensar que esto ocurrió con otro propósito. Que pasó resultado de un plan a largo plazo y con una visión de futuro muy extendida, donde Apple, Google y Microsoft vieron antes que todos el hecho de que en el futuro sus productos móviles y de escritorio serían lo mismo.

Por otro lado, una segunda pista también es fuerte indicio de una posible unificación. Ésta llega por parte de Microsoft y habla de que eventualmente podrían unificarse las tiendas de aplicaciones para Windows 8 (Modern UI) y Windows Phone 8, resultando en un único espacio donde buscar herramientas desarrolladas por terceros, lo que en el futuro podría ser síntoma de que las apps correrán en ambos ambientes sin problemas y la distancia entre ambos sistemas operativos será aún menor.

¿Y esto cuándo pasará?

Vemos entonces que gran parte del trabajo ya está hecho. Con bases comunes (Darwin, Linux y el kernel de Windows 8), las grandes compañías que apuntan hacia una unificación ya van a medio camino en aquello y nadie se ha dado cuenta. Basta ajustar el tema de la interfaz de usuario y echar encima uno o dos años de programación para hacer compatibles los entornos de interfaz gráfica, librerías de software que no tengan en común ambos mundos y la administración de servicios de hardware. Es mucho trabajo, pero lo realmente difícil ya está listo.

Cabe entonces preguntarse cuándo. Aquí llegamos nuevamente al tema de los microprocesadores, siendo ésta la tecnología que dicta la viabilidad del proyecto en el presente, puesto que debemos partir de la base que de unirse ambos universos el usuario esperará como mínimo la funcionalidad de su software de escritorio pero en un móvil.

En esto también hay bastante camino recorrido. Microsoft probó con la Surface Pro y RT que era posible tener una computadora con desempeño brutal, sea en formato ARM o x86, bajo el cuerpo de una tableta ligera y de tamaño pequeño. Por otro lado, Apple afirma que el recientemente presentado iPhone 5S es 41 veces más veloz que el iPhone original y su CPU corriendo a 412MHz, mostrando a la vez gráficos a nivel de consola moderna. Y para qué hablar de los dispositivos con Android, los que derrochan desempeño gracias a iniciativas como los procesadores de cuatro y ocho núcleos Exynos de Samsung o la plataforma Snapdragon 800 de Qualcomm, la que rinde mejor que una CPU Intel x86 de no muchos años atrás.

Es por eso que como cada vez nos acercamos más al rendimiento móvil que se necesita para ejecutar un sistema operativo de escritorio en un smartphone o tableta, parece ser cosa de que las tres grandes compañías se decidan y hagan el cambio cuando les parezca. Como van las cosas, esto bien podría ocurrir tan pronto como en el próximo par de años. Eso, o quizás nunca ocurrirá, ya que como dijimos al principio esto es sólo una loca teoría.