La desafortunada historia del dirigible

La desafortunada historia del dirigible

Los viejos dirigibles son algo del pasado que acabaron con la segunda guerra mundial, aunque ahora hay algunas empresas dispuestas a devolverlos al uso civil y militar.

El futuro que no fue, eso es algo que siempre estará presente en las mentes de los amantes de la ciencia ficción. ¿Qué hubiese pasado si Tesla hubiese encontrado fondos para su sistema de electricidad inalámbrica? ¿Qué hubiese pasado si hubiésemos seguido con las misiones espaciales a la Luna? ¿Te imaginas un futuro donde se pudiese viajar en dirigible?

En realidad, sí, imaginémoslo.

Los dirigibles o zeppelines (nombre comercial) fueron naves que surcaron los cielos hace décadas. Todo el mundo conoce la gran tragedia del Hindenburg que estalló en llamas en 1936. Murieron trágicamente 35 personas, pero lo que no se conoce tanto es que dentro había 62 más y que pudieron salir corriendo para salvarse de las llamas del dirigible más grandes construido.

El Hindenburg, de fabricación alemana y orgullo del gobierno Nazi, tenía un hermano gemelo, Graf Zeppelin. El primero tan solo duró un año al acabar en cenizas tras su accidente en Nueva Jersey. El segundo duró unos tres años hasta que fue desmantelado. Eran tan grandes como tres aviones Boeing 747 juntos, 245 metros de largo, una nave que nuestra generación no será capaz de volver a ver.

Los dirigibles eran una solución simple ante el problema de volar grandes distancias. No eran rápidos, pero podían mantenerse durante mucho tiempo en el aire “flotando” y siendo empujados por cuatro motores. Pero sobre todo, se convirtieron en un símbolo, como hoy en día podría ser el Airbus A380, una gran nave capaz de transportar a muchos más pasajeros durante más tiempo. Fueron un mensaje al mundo, un nivel de status, una forma de demostrar el poderío económico y militar de una nación. Enormes naves que se mantenían en el aire gracias a diferentes balones llenos de helio y de aire, con depósitos para rellenarlos según quisiesen ascender o descender.

USS Akron junto a 30.000 personas.

De no ser por el desafortunado accidente del Hindenburg y de la Segunda Guerra Mundial, los cielos serían bastante diferentes a los de hoy en día. La gran guerra empujó el desarrollo de los motores de los aviones, que permitían volar mucho más rápido y de forma más segura. No hay nada mala en ello, pero intentando soñar un mundo donde los zeppelines hubiesen sobrevivido y no solo se usen para mostrar publicidad, sería un mundo más interesante.

Una de las mejores ideas de grandes ingenieros y arquitectos fue la de usar grandes rascacielos como aeropuertos para los dirigibles. El Empire State Building fue elevado unos 60 metros de su altura original para poder ser un puerto de viajeros que viajasen en dirigibles. Aunque los planes para esta tarea eran algo vagos y fue más una idea de uno de los inversores que construyeron el edificio, nunca llegó a atracar uno de estas enormes bestias.

Poder surcar los cielos y no tener que aterrizar o despegar, simplemente te dejen en la zona centro de una ciudad es sin duda una de las formas más cómodas de viajar. Por eso ahora los trenes intentan ser ese medio de transporte más cómodo que los aviones, donde los aeropuertos tienden a estar a muchos kilómetros de ciudades, el nivel de seguridad es altísimo y hasta molesto. Sin tener en cuenta las medidas de seguridad, viajar en un zeppelin eran sin duda algo mucho más relajado que en un avión.

Aunque en la época el volar en un dirigible era un autentico lujo, lo mismo pasó con la aviación moderna. Cada vez el negocio se ampliaba, más aerolíneas, más competencia, más viajeros y al final, un coste menor. Solo en nuestra imaginación podemos pensar qué hubiese sido viajar así.

Quizá una guerra acabó con esta industria, pero pudo ser algo muy grande. No solo se hubiese mejorado en pocos años el nivel de seguridad, también la velocidad y los materiales de construcción que gracias a la industria militar y a la carrera espacial, se hubiese beneficiado. El transporte masivo de personas que se hubiese llegado a conseguir para la época ya es motivo suficiente como para tenerlo en cuenta, la facilidad, el silencio y el poder disfrutar de una vista de grandes ciudades a algunos cientos de metros del suelo lo convertirían en un placer para los viajeros.

Solo podemos comparar lo que sería viajar en uno de estos dirigibles con lo que tenemos hoy en día, los aviones y es quizá ahí donde esté el romanticismo del dirigible, un medio de transporte cómodo y silencioso, pero menos seguro.

Dirigibles en la actualidad

En la actualidad los dirigibles son usados en el mundo de la publicidad y de forma recreativa donde algunas empresas lo ofrecen como una forma diferente de conocer una zona, no para viajar, tan solo para turismo. Pero si hay algo hoy en día sobre los dirigibles que hay que destacar es su seguridad y versatilidad.

Una empresa llamada Aeroscraft ha creado el primer dirigible híbrido que plantea devolver a los cielos a estas enromes aeronaves. En este caso, Aeroscraft cree que estas naves pueden ser perfectas para encargarse de transportar grandes cargas. Sus ventajas están en que son capaces de soportar mucho peso y sus maniobras son menos peligrosas. Pero es quizá que estas naves pueden despegar verticalmente y aterrizar de la misma forma en casi cualquier sitio donde exista una zona despejada para cargar o descargar.

Es interesante pensar como uno de sus usos para los que la empresa tiene sentido es del uso militar, sobre todo transporte de mercancías pesadas como vehículos y de tropas. Una de las naves que tienen planeadas, el modelo ML 868 sería capaz de transportar hasta 250 toneladas de peso, hasta 66 toneladas su nave más pequeña. Empresas como Aerovehicles está desarrollando una aeronave similar en Argentina y California. Hay una pequeña tendencia y el revivir estas aeronaves parecía un sueño de locos hace unos años, cuando hoy parece que empieza a estar presente en la mente de los ingenieros aeroespaciales y en la de los inversores.

Lo único que hecho en falta es uno de estos grandes dirigibles que pudiese volar entre continentes. Sería una autentica experiencia hacer un vuelo Londres—Nueva York o un París—Hong Kong y atravesar Europa desde el cielo con unas vistas incomparables.

Fotos: Flickr / Wikipedia / Library of Congress