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La vuelta del cassette en los tiempos del mp3

“La música suena muy bien en cassette. Tengo una gran colección original de discos en este formato de artistas como Dylan, The Rolling Stones, The Byrds, MC5 y Suicide. Además, tengo buenas compilaciones que he hecho para utilizar en los tours de Primal Scream. El cassette es un medio genial para escuchar música”, declara Bobby Gillespie, cantante y fundador de Primal Scream, además de baterista de The Jesus and Mary Chain en los ochenta.

Una declaración que para algunos podría sonar extraña y algo gastada, pero que muchos eslabones de la actual industria musical comparten. Sellos, músicos y algunos fanáticos han vuelto a optar por el uso del cassette, un medio que muchos daban por muerto ante la llegada de los formatos digitales.

El próximo 7 de septiembre se realizará el primer Cassette Store Day en Inglaterra, organizado por diversos sellos independientes como Bella Union, 4AD, Kissability, Domino, Sexbeat y Transgressive, entre otros. Habrán reediciones de bandas como Fucked Up, Los Campesinos!, Flaming Lips, The Pastels, At The Drive-In y Deerhunter. Eventos similares se llevarán a cabo en otras latitudes, como Los Angeles, Nueva York, Tokio, Brasil, Argentina, Chile, España y Francia.

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¿Por qué volver a la cinta?

La tecnología ha entregado diversas alternativas para escuchar y compartir la música. Desde los noventa se venía trabajando en pos de conseguir que los discos fueran cada vez más transportables y de fácil acceso, llegando al mp3, a los iPods y todo tipo de minúsculos reproductores ¿Por qué sellos y artistas se inclinan por volver al formato de la cinta magnética?

Para el profesor, columnista y asesor musical de la serie chilena Los 80, Ricardo Martínez, la primera explicación que se puede dar es simple: “El cassette es material, por lo que se puede vender como un producto. Pagar por bits, como los mp3, tiene tanto de intangible que no se puede cobrar más caro“, asegura a FayerWayer.

Por su parte, la novel cantautora chilena Dadalú, en octubre lanzará al sucesor de Período, su primer larga duración, pero esta vez en formato cassette, bajo el alero de No Problema Tapes. La artista, cuyo nombre es Daniela Saldías, cree que lo que cambió el consumo de música en relación a la tecnología es que “las canciones se transformaron en lo más portable del universo. Lo más fácil de adquirir. Es por esto que ha tomado conciencia de que el objeto también es importante. Si eres fan, te gusta tener el objeto. Actualmente, el más preciado es el vinilo, pero es caro”, declara.

En este sentido, el cassette sería una alternativa barata que saciaría aquella intangibilidad que entrega la tecnología. “El mp3 es la forma más popular y práctica de escuchar música hoy en día. Uno escucha música camino al trabajo o cuando se sube a la bicicleta, entonces uno se decide a tener objetos que ayuden a apreciar la música. Y en ese sentido, prefiero el cassette que el CD, porque estos se rayan, son más grandes. El cassette es lindo, como objeto. Lindo como el vinilo, pero éste sigue siendo menos accesible”, sentencia Daniela.

La cantante estadounidense Whitney Johnson también se ha dispuesto a lanzar su último proyecto en cassette. “Es muy reconfortante saber que si realmente quieres hacer todo por ti mismo, es posible. Haces el disco en tu dormitorio y se puede reproducir fácilmente, por poco dinero. La cinta permite lo que el vinilo no”, asegura.

Para Martínez, el valor del cassette es diferente al mp3 y al CD. Es un objeto que cuenta con una carga histórica potente. “El cassette tiene tráfico conspirativo, la idea de un circuito cerrado y misterioso. La idea de algo que pasa de mano a mano, de copia en copia, con tiempo de dedicación y con factura DIY”, explica.

 Dinosaur Jr. reeditó en el 2012 una trilogía de cassettes, con sus 3 primeros álbums.

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Es así como la industria ha llegado a una época en que los conceptos se entrecruzan y a ratos las historias y el devenir de estas parecen golpearse de frente. Cuando el negocio comenzó a mutar a finales de los ’90, los músicos notaron que ya no era necesario firmar con un gran sello para grabar. Nacieron cada vez más rápido diferentes proyectos autogestionados, gracias a la tecnología. Netlabels (o sellos web), artistas que se desarrollaron a través de MySpace y la venta de discos comenzó a decaer. Los músicos podían grabar en sus casas, saltándose distintos pasos de la cadena tradicional de producción de música.

Ahora, teniendo todas las herramientas tecnológicas y técnicas para poder grabar canciones, se precisa volver a los objetos, para restarle volatilidad a sus obras, pero aún de la mano de la autogestión. “El soporte importa, ha importado desde los autopianos de Stephen Foster en la época del oeste, desde los organillos del tango y el foxtrot. La música es material en el cassette: se lleva”, asegura Martínez.

¿Cuál es la oportunidad de los sellos?

Este tipo de edición no es algo que se esté realizando hace poco. Alrededor del mundo, varios sellos lo realizan hace unos cuantos años. Tal es el caso de Burger Records, fundada en el 2007 en California. Sean Thomas Bohrman, su co-propietario, declara en un artículo de PRI, que todo comenzó al notar que la industria se había olvidado de este formato.

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“Nadie estaba haciéndolo en ese momento, por lo que tomamos la oportunidad y nos dimos cuenta que los sellos que habían publicado ciertos títulos, no estaban interesados en hacer cassettes, así que fue bastante simple para nosotros obtener el permiso para publicar la música con licencia, sin ningún problema de contratos. Cuando se pone la música que la gente quiere escuchar en cualquier formato, la gente lo comprará. Los cassettes son impresionantes, debido a que el tiempo de respuesta es muy rápido: son baratos de hacer, lo que los hace baratos para comprar. Esto, te ayuda a correr el riesgo con bandas con las que no lo hubieses hecho antes”. Esta última frase se asemeja a lo que los Netlabels declararon en algún momento.

Otro punto en el que existe coincidencia, es en el de los bajos costos de producción del formato, tanto para sellos, como para artistas independientes. Algo que también se rescataba del incipiente mp3, a finales de los noventa. Ambos son accesibles y, al parecer, muchos se han aburrido de ver una fotografía en la pantalla de un reproductor. Muchos extrañan el arte de un disco, las fotografías e incluso los agradecimientos. ¿Es hora de desempolvar el Walkman y conseguir los lápices para rebobinar las cintas?

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