Microsoft, el DRM, y su gran metida de pata - NB Opinión

Microsoft, el DRM, y su gran metida de pata - NB Opinión

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Cuando no se pueden respaldar las propias decisiones por muy controversiales que estas sean, entonces algo no anda bien.

Ayer, Microsoft tomó a toda la industria por sorpresa y sin previo aviso revocó sus propias políticas diseñadas para la Xbox One. Adiós al DRM, adiós a las restricciones para los juegos usados, al bloqueo regional, y a la validación vía internet de la consola cada 24 horas. Con esto, también se perdieron algunas características más "novedosas", como la posibilidad de almacenar una copia virtual de la biblioteca del usuario en la nube, o la chance de compartir esa misma biblioteca con hasta diez familiares (característica que, personalmente, nunca comprendí del todo).

El análisis rápido indica que este es un triunfo de los usuarios. La gente podrá aceptar y tragar muchas políticas discutibles, como pagar por Xbox Live –y PS Plus en el futuro– para jugar en línea, o los bienes estéticos que tan rentables resultan a día de hoy. Pero las restricciones de Microsoft para Xbox One parecieron ser la gota que rebalsó el vaso, algo que quedó bastante claro con la reacción a las palabras de Jack Tretton en plena conferencia de PlayStation la semana pasada. Que las cosas se mantengan como hasta ahora parece ser lo que todos quieren, ni más ni menos.

Pero entrando más en lo profundo, esta decisión de última hora de Microsoft -porque no cabe duda que se tomó durante los últimos cinco días, ni más ni menos- es una vuelta de carnero de niveles olímpicos. Con toda seguridad se puede decir hoy que las políticas de Microsoft y Xbox One fueron la metida de pata más grande de los últimos años en la industria, superando las barrabasadas de Sony al hablar de PlayStation 3 en 2006 ("Buscarán un segundo trabajo para pagarla", dijo entonces Ken Kutaragi), o el terrible manejo comunicacional de Nintendo cuando presentó la Wii U hace dos años (nadie sabía exactamente frente a qué estábamos).

Desde el punto de vista del manejo de relaciones públicas, todo lo que hizo Microsoft desde el 21 de mayo hasta el E3 fue una embarrada tras otra. Don Mattrick llegó a decir que quien no tenga internet, debería comprarse una Xbox 360. Se suponía que la Xbox One estaba construída alrededor de la nube y la conexión a internet, casi al punto de no poder funcionar sin esa conexión. A eso se aferraron Microsoft y todos sus voceros, que seguramente en ningún caso se imaginaron una reacción tan negativa por parte de la industria y el público generalizado. Aún así, la vuelta atrás parecía una posibilidad lejana, por lo que nunca jamás nadie pensó que dicha chance se materializaría tan pronto: desde la confirmación de la conexión cuasi permanente hasta su descarte no transcurrieron ni dos semanas.

La competencia se mantiene

Ahora, ¿alcanzan todas estas movidas para que Xbox One recupere el impulso y se meta verdaderamente en la pelea? Es obvio que todo esto significa un avance importante (no es menor el hecho de que, convenientemente, la consola volviera a estar disponible para preventa en varias tiendas), pero todavía hay algunas cuestiones de las que no se sabe nada y que siguen siendo potencialmente peligrosas para los intereses de los usuarios y la compañía. Lo primero y más importante, es que la consola sigue siendo 100 dólares más cara que su principal competidora, y todo indica que en cuanto a potencia va algo más atrás. Parece claro que la inclusión de Kinect en todos los paquetes es la causante del precio final, y se ve difícil que Microsoft haga otra concesión tan grande en el futuro cercano. En otras palabras, eliminar Kinect parece ser pedir demasiado.

En segundo lugar, está el hecho de que con la vuelta a fojas cero de las políticas de uso, es posible que algunas distribuidoras third party vuelvan a diseñar nuevos planes para mantener el negocio a salvo. En EA ya dijeron que el Online Pass seguirá siendo un asunto del pasado, pero hoy en día es difícil aseverar algo tan categóricamente, y más cuando está ciento por ciento amarrado a tendencias de mercado. Si bien la consola no necesitará conexión obligatoria a internet, nada impide que Pepito Games exija que Shooter Adventures 27 esté conectado a internet para iniciar la partida en el modo de un jugador. De hecho, hay varios juegos anunciados que basan gran parte de su propuesta en aquel concepto, y de ahí a implementar la draconiana medida hay no uno, sino medio paso. Destiny de Bungie dice hola.

Decisiones y reacciones

Volviendo al tema central, las medidas tomadas por Microsoft sirven como potente precedente. Y es que probablemente nadie jamás había recibido tanta presión negativa después de anunciar una consola, ni siquiera Nintendo con su último tropezón. Y no solo presión de los usuarios, sino también de la misma prensa, los medios, y el ambiente en general: la conversación era en términos negativos no por un afán sensacionalista ni de trolleo, sino simplemente porque los hechos estaban lejos de ser positivos. En Microsoft definitivamente no parecían estar en ningún caso preparados para la verdadera bofetada en la cara que recibieron, he ahí la reacción en 180 grados que hoy en día suma un nuevo sobrenombre a la consola. El mote de Xbox One Eighty no deja de ser correcto.

Da muy mala imagen a la compañía que no hayan sido capaces de sostener sus decisiones, porque más allá del rechazo que estas provoquen, también significa que en realidad no tenían la energía suficiente como para respaldarlas en el tiempo. En palabras más simples, la idea de meter DRM y restricciones varias a la Xbox One no fue más que una verdadera metida de pata, que recién ahora se arregla en gran parte. Pero como consumidores es bueno ser desconfiados, porque nada ni nadie asegura que en el futuro todo pueda cambiar otra vez.

Creo que hoy los jugadores y usuarios en general tienen derecho a celebrar. Una celebración moderada, eso sí, porque en estricto rigor no es que se esté ganando algo, sino que simplemente se está festejando que las cosas sigan como hasta hoy. Ahora, también sería saludable hacer un balance de lo que está sobre la mesa para la next-gen y ver quien suma y quien no. Sony cobrará por jugar en línea con la PlayStation 4, y si bien muchos concuerdan (concordamos) en que se trata de un mal menor, no hay que obviar que también se trata de una situación que hasta PlayStation 3 no existía. Pero ya llegará el momento de hacer aquel análisis.

Y para cerrar, una curiosidad. Ayer el sitio oficial de Xbox donde se explican las características de la nueva consola estuvo caído por buenos minutos, posiblemente debido a la cantidad de gente que quería entrar a leer si las noticias eran ciertas o no. La pregunta, entonces, no deja de ser válida: ¿Y así querían mantener una consola dependiente de internet?