Diablo II, la caída del héroe y el ascenso del mal

Diablo II, la caída del héroe y el ascenso del mal

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Un héroe corrompido y el resurgimiento de la amenaza: el resumen del juego

Tristán vive una dicha inconmensurable, el Señor del Terror ha sido abatido y la paz vuelve a cada rincón del pueblo. Calmo y distante, el mortal que fue capaz de derrocar al fruto del mismísimo infierno le da poca importancia a la felicidad de la que es enteramente responsable, permaneciendo sumergido en sus propios pensamientos… en sus más profundas pesadillas.

Caín no ve con buenos ojos el inusual comportamiento del héroe, pero se ve imposibilitado de descifrar la causa que mantiene al aventurero alejado de todo contacto humano. Tras varias semanas viviendo en la melancolía, el nómada desaparece una noche sin decir palabra a nadie, causando gran confusión al último de los Horadrim.

Poco tiempo después, la sombra del mal cae de nueva cuenta sobre Tristán. Una horda de demonios malditos protagoniza una matanza a lo largo y ancho del territorio, arrasando con todo a su paso y cometiendo los más terribles asesinatos de los que alguna vez hayan sido testigos los habitantes del lugar. Caín permanece como el único sobreviviente de la masacre, encerrado a su suerte en una jaula.

Lejos de ahí, el nómada encuentra su propia pesadilla en una sucia taberna: la piedra del alma que él mismo había incrustado en su frente para contener al espíritu de Diablo acaba por corromperlo, convirtiéndose en el autor de otro derramamiento de sangre. Entre fuego y escombros se asoma una pobre alma inservible, su nombre es Marius. Por alguna extraña razón, el ebrio resuelve acompañar al Nómada Obscuro, poniendo rumbo hacia al Este.

Esperanza

Cuando parecía que la obscuridad consumiría todo a su paso, una bandada de héroes surge de entre las tinieblas para hacer frente a la perversión que había cubierto la región de Khanduras. Durante su travesía en búsqueda del origen del mal, los aventureros hallan a Caín y lo liberan de su cautiverio. El Horadrim decide acompañarlos y compartir con ellos sus conocimientos durante la empresa.

Después de numerosas batallas contra débiles y patéticos desperdicios del submundo, el grupo encuentra en Andariel su primer obstáculo; aquella que alguna vez se había revelado mediante el Exilio Negro, ahora retoma su lugar como una mera sirvienta más del Señor del Terror (aunque con intenciones escondidas). Luego de una encarnizada batalla, los héroes consiguen la victoria, ganando con ello su paso hacia el desierto de Aranoch.

El retorno de Baal

No queda duda alguna, la intención del Nómada Obscuro no es otra que despertar a Baal y Mefisto, demonios capaces de infectar las tierras y envenenar la mente del hombre.

El viejo héroe y Marius hacen su aparición en Lut Gholein, abriéndose paso hasta dar con la tumba de Tal Rasha. Ambos se internan en las profundidades del oscuro lugar hasta encontrar a Baal; sin embargo, antes de que Diablo hiciera su movimiento, el arcángel Tyrael lo detiene, dando lugar un enfrentamiento entre los dos.

Baal, el demonio aprisionado se hace pasar por Tal Rasha para engañar al famélico acompañante del nómada, aunque del viejo Horadrim sólo queda la cascara. Tyrael se percata de las intenciones por retirar la Piedra del Alma a Baal, pero es demasiado tarde. Marius presta oídos sordos a las advertencias del arcángel y libera al hermano de Diablo.

Sin muchas opciones por delante, el arcángel ordena a Marius llevar la piedra a la Fragua del Infierno para destruirla mientras él se enfrenta a los demonios. Marius abandona el lugar a paso veloz, dejando a Tyrael combatiendo en un intento por contener el poder de Diablo Y Baal, aunque sus esfuerzos resultan en vano.

Tras superar diferentes adversidades en su camino, los héroes llegan a Lut Gholein sólo para darse cuenta de lo peor. El Nómada Obscuro ha acertado su primer golpe, Baal está libre y ambos se dirigen a Kurast al encuentro de Mefisto.

Caín y los demás advierten que la tumba de Tal Rasha ha sido profanada, y en vez de dar con el Señor de la Destrucción, encuentran a Tyrael encadenado junto a un nuevo adversario que frena su avance. Sin otra salida más que afrontar al demonio, los héroes pelean contra Duriel, otro participante del Exilio Negro que se ha reivindicado con los Señores del Infierno.

Los defensores de la paz se percatan de la dureza y agilidad de Duriel, un demonio que pone a prueba la experiencia conseguida a lo largo de su viaje. La batalla se prolonga más de lo esperado y se torna sumamente agotadora, pero al final los héroes logran hacerse de una victoria más. No hay tiempo que perder, la suerte está echada y el destino marcado en el mapa.

Mefisto renacido


Diablo y Baal concluyen su viaje hasta la entrada a Kurast, ciudad ubicada en las selvas de Kehjistan a medio camino del Este de Santuario. Nada más entrar al lugar puede respirarse la tóxica influencia corrupta que ha derramado Mefisto sobre las personas. Sólo los muelles mantienen a raya la plaga propagada por el Señor del Odio, y todo gracias a un hechizo de protección lanzado por Ormus, proveedor y sanador del sitio.

Con destino a Travincal, Caín y compañía emprenden la misión de conseguir las reliquias de Khalim, miembro del Consejo Zakarum del Templo de la Luz que se negó a caer en las perversiones de Mefisto, pagando su afrenta con la muerte y el descuartizamiento de su cuerpo.

Habiendo juntado todas las reliquias y transmutándolas por medio del cubo horádrico, los héroes se hacen del arma Voluntad de Khalim, llave que los llevará al interior de la Sala del Odio donde yace el tercer hermano de los demonios.

El esfuerzo vuelve a ser en vano. Diablo y Baal les llevan varios pasos de ventaja a los héroes. El renacimiento de Mefisto es inminente.

La reunión de los tres demonios es un hecho; tras un largo tiempo de confinamiento los tres vuelven a unir fuerzas y abren una puerta al Infierno mientras Marius escondido observa el ritual. El Nómada Obscuro, aquel heroico aventurero que detuvo en el pasado los deseos malignos del Señor del Terror se ha extinguido por completo. Diablo ha recobrado su forma totalmente.

El fin de la batalla

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No queda otra opción, la travesía de los héroes debe finalizar en el lugar donde todo se originó, así que sin titubeos los valientes emprenden su entrada al Infierno, acabando primero con Mefisto que permanecía como guardia del umbral.

A través de salas infestadas por demonios y amenazas en cada esquina, los héroes se abren camino a base de valentía y espíritu de lucha. Las oscuras visiones de un mundo cubierto por tinieblas se convierten en su principal estandarte para continuar hasta el final; sin importar que el sacrificio reclame sus propias vidas.

Finalmente llegan ante la presencia del Señor del Terror, enfrentándolo sin temor en el corazón y con el mismo espíritu mostrado por el héroe cuyo único pecado había sido el de ser mortal.

El terror se ha terminado, las Piedras del Alma de Mefisto y Diablo han sido destruidas. Ese par de demonios no molestarán más. Pero, ¿qué habrá pasado con Marius y la piedra de Baal?

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