Diablo II, el Señor de la Destrucción resurge y las vacas asesinas aparecen

Diablo II, el Señor de la Destrucción resurge y las vacas asesinas aparecen

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El mal parece abandonar Santuario... pero es indudable que regresará.

Poco después de la entrada de los héroes a los Infiernos Abrasadores y la destrucción de las Piedras del Alma de Diablo y Mefisto, el tercer hermano, Baal, comienza a fraguar sus propios planes para esparcir su semilla maldita en Santuario. Sólo hay algo que puede detenerlo, pero el Señor de la Destrucción no está dispuesto a correr el mismo destino que sus deudos.

Atormentado por su fracaso, Marius gasta sus últimos días encerrado en un manicomio, viviendo en su propia inmundicia y esperando a que la muerte toque su puerta. De forma inesperada, un día el antiguo acompañante del Nómada Obscuro recibe visita de un viejo conocido: el arcángel Tyrael. Marius solloza y lamenta haber fallado en su manda de destruir la Piedra del Alma que contiene el espíritu de Baal.

Con actitud despreocupada -a ratos incluso de completo desinterés- el arcángel escucha y ofrece perdonarle todo al anciano bajo la condición de que le entregue la piedra. Dejar atrás tan terrible carga ha sido lo único que ha ocupado los pensamientos del ebrio durante mucho tiempo, por lo que desprenderse de su “maldición” no le causa ningún conflicto.

El crédulo de Marius vuelve a caer en una inocente trampa; aquel al que le había confesado sus desafortunados encuentros no se trata de Tyrael, sino de Baal. El Señor de la Destrucción toma la piedra y termina con la vida del ebrio muerto de hambre que por alguna extraña razón había tomado papel en el desarrollo de los hechos. Tal es la suerte de aquellos que se rodean de demonios.

Las intenciones del demonio aún son desconocidas, aunque se sabe que su destino se encuentra en el Monte Arreat, lugar donde yace la Piedra del Mundo. Enterado de su ubicación, Tyrael decide enviar a los héroes tras la pista de Baal en los pueblos Bárbaros para terminar con la amenaza de una vez por todas.

El fin de las sombras


Ejércitos demoniacos se extienden por todo el lugar, tomando como base principal la ciudad fortificada de Harrogath. Los héroes se enteran de que Nihlathak, uno de los líderes encargados de proteger la Piedra del Mundo ha negociado con Baal, entregándole la Reliquia de los Antiguos a cambio de que la ciudad sea perdonada.

Con la Reliquia de los Antiguos en su poder, el Señor de la Destrucción llega hasta donde se encuentra la Piedra del Mundo sin la necesidad de enfrentar a los Antiguos, guardianes del lugar. Lamentablemente los héroes no corren con la misma suerte, librando batallas con los demonios, los guardianes y con el traidor Nihlathak.

Tras innumerables batallas, los aventureros consiguen dar con el paradero de Baal, librándose una cruenta pelea en contra del demonio, que eventualmente terminan por derrotar, pero la Piedra del Mundo ha sido contaminada por las influencias del enviado del Infierno.

Ante la amenaza, Tyrael decide poner fin al asunto y destruir la piedra, causando una gran explosión y dejando un enorme cráter en donde antes se podía divisar el Monte de Arreat. Muchos perecen en la explosión y se presume que la Piedra del Alma de Baal queda envuelta en la destrucción, aunque esto no se sabe con certeza.

Santuario puede volver una vez más al camino de la paz y de la luz, pero el mal no ha sido erradicado por completo… pudiendo reaparecer en cualquier momento.

El legado de Diablo II


Si algo podemos concederle a Blizzard es que sus juegos siempre han causado mucha exaltación entre los jugadores, dejando espacios considerables entre cada entrega y generando toda una montaña de anticipación para sus secuelas.

El caso de Diablo II no fue diferente. Luego de estar en desarrollo cerca de tres largos años, el juego hizo su triunfal entrada en PC justo antes de iniciar el nuevo milenio (no hubo año cero, así que el milenio comenzó técnicamente en el 2001), siendo unos de los juegos más esperados para ordenador de los que se tenga registro.

El título mostró mejoras notables en la campaña de un solo jugador, entregando una experiencia más robusta en cuanto a tiempo de juego y narrativa, revelando más datos acerca de la trama que integra el universo de Diablo.

El jugador ahora podía escoger de entre cinco clases diferentes para la travesía:

  • Paladín: hombres santos con la capacidad de invocar auxilio divino para la creación de auras de protección o de ataque, capaces de realizar hechizos y curaciones a los miembros del equipo.
  • Nigromantes: sacerdotes que controlan energía de la vida y la muerte, pudiendo invocar a muertos vivientes y lanzar maldiciones.
  • Amazonas: guerreras especialistas en el ataque a distancia con arcos, ballestas y otras armas.
  • Bárbaros: guerreros hábiles capaces de manejar hachas de gran tamaño por su gran fuerza. Su especialidad es por supuesto la batalla cuerpo a cuerpo.
  • Hechiceras: los magos del grupo que utilizan la fuerza de los elementos en contra de sus enemigos, formando bolas de fuego, rayos y hasta invocando meteoritos. Son extremadamente poderosas, aunque su resistencia en contra de ataques físicos es baja.

Para la expansión del juego, Lord of Destruction, Blizzard entregó dos clases más a la lista:

  • Asesina: clase cuyos ataques son a corta distancia, utilizando armas como garras o pequeñas cuchillas. Es rápida en sus movimientos, aunque débil en resistencia.
  • Druida: Proveniente de la región bárbara, este guerrero puede invocar animales y espíritus para la batalla, realizar ataques con base a elementos o transformarse en hombre lobo u oso. Es uno de los personajes más balanceados en el juego, atacando de forma directa o a distancia.

Uno de los principales aciertos del juego fue la mejora en el sistema de habilidades, ampliado enormemente desde la primera entrega. Todos los ataques y características especiales de cada actor tienen ahora una diferencia marcada, haciendo distinciones importantes incluso entre personajes de la misma clase.

Durante la campaña se puede reclutar a mercenarios para ayudar en las batallas, por lo que la mecánica de “el Sargento York contra los alemanes” cambia considerablemente. Lord of Destruction mejoró aun más esta característica, dotando a los mercenarios de armaduras, dando al jugador la posibilidad de curarlos e implementando la opción de conservar a los ayudantes durante todo el juego.

El esquema de jugabilidad se mantuvo prácticamente de forma intacta: “apuntar y clickear”, matar hordas de demonios, conseguir objetos y avanzar hasta el final del juego. Las misiones que se deben completar ahora no son al azar. Aquellas recibidas al iniciar un Acto ahora tienen relación con la historia, sumergiendo más al jugador en la trama principal sin perder el hilo conductor.

El Diablo está en los detalles


A pesar de la gran recepción que tuvo el juego en la industria y entre los jugadores, muchos se vieron decepcionados con el apartado gráfico y sonoro, que no obstante el tiempo transcurrido, no tuvo grandes cambios.

El multijugador mantuvo muchas de su características, pero tal como sucedió en la primera parte, se mantuvo plagado de tramposos y problemas de conexión constantes, aunque siguió siendo bastante adictivo.

Muuuuu

Para cerrar, es imposible pasar por alto uno de los más alocados detalles incluidos en el juego de Diablo II: el nivel secreto de las vacas.

Cuenta la leyenda que todo surgió a raíz de una broma incluida en el primer juego, la cual pasó de boca en boca por el Internet. Supuestamente al hacer click en una vaca un determinado número de veces, el jugador abría un portal que lo transportaba al nivel secreto. Claro que todo fue mentira.

No obstante los desarrolladores decidieron llevar el concepto a otro nivel e incluyeron el bizarro concepto en el juego, donde vacas de armas tomar llegan por montones para acabar con la vida del jugador.

Más de una década ha transcurrido desde el lanzamiento de Diablo II y su posterior expansión. La tercera entrega está próxima a llegar y los fanáticos tienen grandes expectativas de lo que Blizzard pueda entregar en este título que seguramente no decepcionará.

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