NB Ranquin: 10 títulos de NES que jugamos cuando éramos niños

NB Ranquin: 10 títulos de NES que jugamos cuando éramos niños

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Mario, Zelda, Metroid... juegos que marcaron nuestra infancia. A continuación les dejamos diez joyas que todos debimos haber jugado en la infancia.

Cuando éramos niños, no importaba la consola que teníamos o qué título presentaba las mejores gráficas: lo que contaba eran los juegos y nada más. Esas historias que marcaron nuestra infancia y nos encaminaron a una pasión que permanece hasta el día de hoy.

A pesar de que la industria ya había nacido, Nintendo fue un parteaguas importante en el terreno de los videojuegos, rescatando lo que había quedado luego de la debacle de 1983 generada debido al poco interés de los desarrolladores por innovar. Fue así como muchos de los jugadores nacieron durante el resurgimiento de la industria, con la 8-bits de Nintendo.

Con motivo del día de niño en México, les presentamos 10 títulos de NES que jugamos cuando éramos niños.

Metroid


En el libro “Videojuegos, una nueva forma de cultura”, Vincent Montagnana titula su apartado dedicado al juego como: Metroid o lo que cuesta ver un bikini, y es que sólo los más aguerridos y pacientes jugadores pudieron percatarse de que Samus Aran era realmente mujer, una de las primeras heroínas en la industria.

El título basado en la cazarrecompensas espacial se lanzó en 1986, permaneciendo como el único de la consola, viendo una segunda parte hasta 1991 en la Game Boy. A diferencia de la gran mayoría de títulos de aquel entonces, Metroid se basó en la exploración constante, revisitando locaciones y descubriendo secretos.

La propuesta de juego fue bien recibida, aunque los más jóvenes vieron con cierto temor (y mucha pereza) el método de búsqueda y avance. Aun así, la recompensa bien valió la pena: un bikini pixeleado.

Megaman


También conocido como The Blue Bomber, Megaman es uno de los pocos personajes que puede presumir de una fama y cariño sin precedentes. A lo largo de su paso por la tercera generación de consolas, la saga consiguió generar seis lanzamientos (casi de forma consecutiva) con una fórmula que tuvo pocos cambios, pero que aun así seguía funcionando uno tras otro.

La eterna disputa entre el Dr. Light y su viejo colega el Dr. Wily mantuvo a los aficionados entretenidos hasta la llegada de Megaman X para Super Nintendo, continuación con un excelente comienzo, pero que tristemente no cumplió en sus últimos lanzamientos (X7=bodrio).

Con la cancelación de Megaman Universe y Legends 3, se destruyó la esperanza de varios aficionados que esperaban ver el resurgimiento del bombardero azul, por lo que seguirá inmerso en los recuerdos de la infancia de muchos antes de verlo de regreso en una consola. Quien no haya jugado algún título de Megaman durante su primera década de vida sencillamente no tiene infancia.

Contra


Una de las tareas más complicadas para un niño es hacerse de amigos, y no hay mejor forma de forjar lazos que compartiendo las frustraciones de un videojuego. El modo cooperativo de Contra fue autor de esos momentos amargos en donde una miserable bala era la diferencia entre la vida y la muerte. Una época en donde saber el código para las 30 vidas tenía más importancia que resolver raíces y aprender las partes de un enunciado.

Sí, Contra era un dolor de cabeza (aun con el susodicho código), pero la satisfacción de acabarlo con un amigo no tenía comparación. El suceso era motivo para llegar al aula del colegio y decir: lo hicimos, ahora podemos considerarnos héroes.

El título fue lanzado en primera instancia para arcadias en 1987, haciendo su aparición en consolas al siguiente año (evitando así un incremento en el índice de pobreza). Su secuela directa, Super C, apareció un par de años después de la salida del original. Mis respetos a aquellos que lo hayan terminado sin la “trampa”.

Ninja Gaiden


Controles rotos, berrinches y hasta lágrimas de enojo, síntomas indiscutibles del jugador de Ninja Gaiden, juego considerado como uno de los lanzamientos de 8-bits más difíciles de toda la generación y responsable de una oleada de niños con pulgares ampollados. El juego desarrollado por Tecmo se convirtió en la pesadilla de muchos padres al ver el sufrimiento en la cara de sus retoños, pero también fue renombrado por el uso de cinemáticas con estilo manga dentro de la narrativa, un elemento muy poco explotado en ese entonces.

A su lanzamiento en 1988 le siguieron dos entregas más, convirtiéndose en una trilogía que se creía muerta hasta 2004, año en el que Team Ninja decidió traer de entre los muertos a Ryu Hayabusa. Más de dos décadas desde su lanzamiento, Ninja Gaiden para NES sigue siendo un dolor en el trasero para muchos, y sobra decir que los controles siguen volando.

Castlevania


Sin importar cuantas generaciones transcurran, uno de los seres de la oscuridad más temidos por los infantes seguirá siendo el conde de Valaquia, tirano que gustaba de empalar a sus ciudadanos y asesinar a quien se cruzaba en su camino.

Mejor conocido como Drácula, este ícono del terror ha tenido diversas apariciones en el terreno de los videojuegos, siendo Castlevania una de las más representativas de la industria. Gran parte de los jugadores empezaron la travesía de los Belmont a una edad menor a los diez años, por lo que la dificultad del juego quizá pudo alejar a algunos cuantos; pero los que se quedaron pudieron disfrutar de un verdadero reto y la satisfacción de acabar con el hematófago y sus transformaciones en repetidas ocasiones.

La primera aparición de Castlevania fue en el Famicom Disk System en 1986, aunque el fracaso del dispositivo llevó a Konami a sacar su versión para cartuchos convencionales tan sólo un año después. La primera consola de Nintendo alberga las tres primeras entregas de la serie, siendo Simon Quest la menos querida entre la fanaticada.

Punch Out


“Baila como mosca y pica como mosquito”, un buen consejo, Doc Louis…hasta que llega Mike Tyson y te revienta la cara de un golpe. A pesar de que el púgil más veterano del entretenimiento virtual tiene poca historia (una secuela y un remake), su imagen trae entrañables recuerdos donde hacer buenas combinaciones y memorizar patrones aseguraban un knock out técnico y la codiciada victoria.

Quizá no todos fueron capaces de derrotar al señor muerde orejas en su primera pasada en aquel distante año de 1987, pero todos regresaron por más luego de un tiempo.

The Legend of Zelda


Aquí es donde todo comenzó: la historia de una fuerza divina, un mal dispuesto a tomar el control de las tierras, una princesa secuestrada y un héroe vestido con una túnica verde. The Legend of Zelda es sin duda la franquicia más poderosa de Nintendo hoy día, desbancando al plomero comedor de hongos entre los seguidores de la compañía nipona.

La historia de Link no sólo se ha mantenido por más de un cuarto de siglo lanzando títulos en cada generación, sino que lo ha hecho conservando su esencia relativamente intocable. El primer título fue uno de los pioneros en recurrir al uso de narrativa dentro de los videojuegos, y puede considerarse como claro innovador en el apartado de jugabilidad; aportando también una experiencia larga para su tiempo.

No se puede negar que un gran número de adeptos al niño hada haya nacido con Ocarina of Time, aunque muchos de los actuales fanáticos han seguido cada paso de la leyenda desde su infancia a partir del nacimiento de la saga en 1986.

Excitebike


El motocross en su máxima expresión, o por lo menos lo fue en el año en que Excitebike hizo su aparición en la escudería Nintendo como uno de los primeros juegos de la compañía. Ya sea batiendo records contra reloj, o compitiendo contra la computadora, el juego logró causar impacto por la física del vehículo y el realismo en las caídas. Además fue uno de los primeros títulos que incluyó la opción de crear y editar pistas para luego competir en ellas, introduciendo al jugador en una muestra de lo que es el desarrollo.

Muchos paquetes de NES lanzados en América contenían como juego gratis el Excitebike, por lo que es seguro que varios hayan tenido la oportunidad de jugarlo y enviciarse un buen rato tratando de mejorar los tiempos.

Guerrilla War


¿Recuerdan la misión de COD Black Ops donde hay que incrustarle un plomazo a Fidel en la cabeza? Mucho antes de eso existió un juego que no sólo presentaba al cubano como personaje, sino también como el héroe de la historia. Guerrilla War fue un título desarrollado por SNK que aterrizó en la consola de 8-bits durante los últimos años de la década de los 80.

La historia se sitúa en plena Revolución Cubana, por lo que el jugador toma el papel de Ernesto “Che” Guevara (jugador 1) y Fidel Castro (jugador 2) cuyo objetivo es acabar con el gobierno dictatorial que se ha apropiado de la isla caribeña.

La versión japonesa del juego lleva el título de Guevara, aunque fue rebautizado más tarde para su lanzamiento en América y Europa, eliminando con ello los nombres de los protagonistas, cambiando la locación y rediseñando la caja e instructivo. La versión japonesa del juego puede encontrarse en ebay.com por más de 200 dólares.

Rad Racer


Los nombres de Hironobu Sakaguchi y Nobuo Uematsu son asociados por lo regular a la saga de Final Fantasy; pero pocos saben que estos dos emblemáticos personajes de la industria estuvieron antes involucrados en el desarrollo y musicalización de un juego de autos llamados Rad Racer.

Claro, la salida de un juego de carreras actualmente no significa gran cosa; pero en ese lejano 1987 representaba todo un suceso para los jugadores ante la escasez del género. Aunque se trata más de un juego tipo arcadia que de un simulador, todos aquellos infantes que soñaban con ponerse tras el volante vieron su sueño cumplido con este título.

Diez lugares no alcanzan ni siquiera para cubrir una tercera parte de todos los títulos que alguna vez encontraron espacio entre tareas y obligaciones y nos hicieron pasar un buen rato de diversión, transportándonos a mundos que nunca imaginamos ver. La lista se extiende no sólo a otros juegos, sino también a otras consolas que por razones de espacio no tuvieron lugar en este conteo, por lo que corresponde a sus comentarios llenar esos huecos y compartir los juegos que tuvieron lugar en su infancia.