OS X 10.7 Lion a fondo [FW Labs]

OS X 10.7 Lion a fondo [FW Labs]

Descargamos y revisamos las novedades del nuevo sistema operativo de Apple.

Antes que todo debo aclarar que si bien es cierto que las betas de Lion para desarrolladores se han encontrado disponibles en las vitrinas de don Bito desde hace bastante, éste es mi primer acercamiento a OS X 10.7, de manera que se trata realmente de una primera impresión y no de una comparativa entre las versiones anteriores y el lanzamiento final del último SO de Apple. Por lo tanto, quedan advertidos de que necesariamente cubriré en este review algunas funciones o mejoras de las que ya buena parte de los usuarios estaban enterados, o que ya habían podido apreciarse en imágenes en los últimos meses.

Aclarado lo anterior, trataré de abordar la mayor cantidad de mejoras que me parezcan suficientemente importantes e interesantes o, al menos, novedosas; desde las que Apple intenta vendernos como grandes innovaciones del sistema hasta simples cambios de interfaz –a veces sutiles y a veces no tanto.

Descarga e instalación

Como ya seguramente todos saben a estas alturas, Lion se encuentra disponible para los consumidores, en principio, sólo a través de la App Store. Además es indispensable tener instalado previamente Snow Leopard – Mac OS X 10.6.6 o posterior –, y en cuanto a hardware, se requiere un procesador Intel de 64 bits –de Core 2 Duo para arriba–, 2 GB de RAM y 7 GB disponibles en el disco duro.

Corroboradas las exigencias anteriores y las prestaciones de nuestro Mac, pasamos directamente a la compra a través de la App Store. Como dato anecdótico, vale la pena resaltar que, contrario a lo que podría haberse esperado en un principio, los servidores de Apple resistieron sin problemas el considerable millón de descargas que se efectuó sólo el primer día, con una estabilidad envidiable y tasas de transferencias muy buenas. Pese a ello, igualmente debí soportar 1 hora y 45 minutos para que se completara el proceso (cortesía de un querido ISP cuyo nombre comienza con V y terminar con TR). Una vez terminada la descarga, la octava versión de Mac OS X estaba lista para ser instalada.

Mucho menos extenso resultó ser el proceso de instalación, que en mi caso no fue en limpio, sino una simple actualización. 30 minutos bastaron para que el Mac estuviera a punto, con Lion instalado y mi sistema de archivos intacto. Todas las aplicaciones, configuraciones y datos de usuario permanecieron inalterados, de manera que, tras haber efectuado el reinicio de rigor y digitado el nombre de usuario y contraseña, me encontré con mi fondo de pantalla regalón, mi dock de siempre y un discreto asistente del sistema que nos guiará y enseñará algo acerca de los nuevos gestos multitáctiles que OS X Lion ofrece.

GUI y Finder

Como dicen que todo entra por la vista, y esto resulta particularmente importante desde la perspectiva de una compañía como Apple, antes de profundizar en los nuevos gestos multitáctiles de Lion y otros chiches, daremos un breve repaso por los cambios en la interfaz gráfica.

Tras arrancar el sistema, la primera diferencia notoria aparece ya en la pantalla de inicio, pudiendo así apreciarse lo que probablemente sea el retoque estético más importante en el extenso historial de versiones de Mac OS X. Esta nueva dirección de arte se ha impreso a lo largo y ancho de toda la interfaz gráfica, luciendo un reemplazo casi total de la ya legendaria interfaz Aqua (existente desde el traspaso de OS 9 a OS X) por líneas, bordes y ángulos más rectos, colores más opacos y un diseño, en general, mucho más sobrio. La influencia de iOS en este aspecto resulta evidente, con una pantalla de bienvenida con fondo gris de textura idéntica a la que se encuentra, por ejemplo, en la suite iWork para iOS.

Otro cambio interesante se aprecia en QuickLook, aquella función de Finder que nos permite visualizar archivos de forma rápida sin necesidad de abrirlos. En este caso también se ha jubilado una interfaz de antaño –HUD, aquella clásica de color negro y semitransparente– para dar paso, en cambio, a una renovada superficie completamente blanca.

La nueva interfaz de QuickLook.

Esta adopción de formas de iOS puede resultar positiva o negativa, según como se le mire. Por una parte el cambio es bueno porque, si en algo estaban fallando las últimas versiones de Mac OS X, era precisamente en la falta de uniformidad de la interfaz gráfica, con reminiscencias de Aqua mezcladas con algunos elementos reciclados y a veces hasta anómalos. Ahora, al menos, existe concordancia entre los botones, menús y barras de las aplicaciones de Apple y la mayoría de los rincones del sistema operativo, sean de nuestro agrado o no.

En cuanto a lo negativo, ocurre que, a vista de unos cuantos, el look and feel de Lion se vuelve demasiado “aburrido”. Esto último se aprecia de inmediato cuando abrimos el Finder. De partida, los botones del semáforo ahora aparecen en colores algo más opacos –en lugar de los tonos vívidos y brillantes a los que estábamos acostumbrados—; los iconos, bordes, texturas y fondos en general se vuelven monocromáticos; y los botones y fuentes de la barra lateral aparecen desagradablemente grandes (el primer cambio que revertí en Preferencias del Sistema). En breve, la interfaz se encuentra mucho más simplificada, incluso con detalles como la barra de estado desactivada por defecto.

Un último detalle del Finder que también quiero recalcar es la inclusión de una acceso directo en la barra lateral llamada Todos mis archivos. Éste ofrece una vista general de nuestros archivos en el Mac organizados por orden de apertura, en lo que parece una mezcla de la vista por iconos con Cover Flow, pudiendo movernos hacia abajo para ver los distintos tipos de archivos e, incluso, desplazarnos de forma horizontal con el Multi-Touch por los diversos ficheros agrupados en cada categoría. Muy cómodo y práctico.

Nueva vista del Finder.

Para resumir, creo que el término que mejor describe la interfaz de Lion es sobriedad. ¿Quién sabe? Quizá los desarrolladores hayan pensado que esa suerte apagón en el aspecto visual podría contribuir al traspaso de un sistema súper simplificado como iOS a otro más complejo como Mac OS X. Y es que, después de todo, bien conocida es la filosofía de Apple en el sentido de que mayor simpleza visual y menos opciones equivalen a un mejor funcionamiento y mayor efectividad a la hora de hacer lo que una aplicación de software realmente debiera hacer.

Multi-Touch

Vendido como una de las innovaciones principales de Lion, el mejorado soporte Multi-Touch permite sacarle mayor provecho a los dos dispositivos de entrada táctiles que Apple ofrece: el Magic Mouse y el Magic Trackpad.

Nuevamente, aquí la inspiración en iOS resulta más que obvia. Lo primero que llama la atención en este aspecto es el cambio completo de filosofía a propósito del scrolling. Ello, en cuanto a la interfaz gráfica, significa la desaparición de la barra de desplazamiento lateral (opción reversible, eso sí) y su discreto asomo sólo cuando efectivamente nos estemos desplazando, tal como ocurre en iOS. En cuanto al Multi-Touch propiamente tal, este cambio de filosofía implica que para subir debamos desplazar nuestros dedos sobre la superficie táctil hacia abajo, y que para bajar debamos mover los dedos hacia arriba. Al final, como en el iPad o iPhone, para desplazarnos hacia una determinada dirección lo que hacemos es arrastrar el contenido en sentido contrario.

Nuevo diseño de la barra de scroll, inspirado en la GUI de iOS

Según he leído, a algunos este extraño cambio ya les venía molestando desde las primeras betas de Lion, sin embargo me he percatado de que, tras algunas horas de uso, uno se termina acostumbrando igual y acaba adoptando el cambio sin mayores inconvenientes, tendiendo uno a pensar, incluso, que esa es la forma natural en que deberíamos movernos. Quizá el único problema que se genere es que nos terminemos “malacostumbrando” y esperando la misma respuesta invertida cada vez que hagamos scroll en un trackpad o ratón ajeno. De cualquier forma, el dilema puede solucionarse fácilmente en las Preferencias del Sistema, desactivando la opción de “dirección natural de desplazamiento”.

Otra implementación interesante en el apartado del Multi-Touch es el doble toque (con un dedo en el Magic Mouse, con dos en el Magic Trackpad) sobre elementos como una imagen o un párrafo en un sitio web, obteniendo así un “zoom inteligente”. Es exactamente lo mismo que ocurre en iOS, por ejemplo, al presionar dos veces sobre un párrafo en Safari, con lo que la obtenemos un acercamiento a esa sección particular.

Dos dedos hacia la izquierda o hacia la derecha en el Magic Mouse, y tres en el Magic Trackpad, nos permiten desplazarnos por los distintos Spaces (en adelante espacios) o aplicaciones a pantalla completa que tengamos abiertas; funcionalidad que también se explicará de mejor manera con posterioridad. Esto resulta sumamente cómodo.

Por último, y ya que Snow Leopard solía emplear el gesto anterior en ciertas aplicaciones como Safari para ir hacia atrás o adelante, esta vez nos encontraremos con la novedad de que basta desplazar un dedo hacia la izquierda o hacia la derecha en el Magic Mouse, y dos en el Magic Trackpad, para volver o avanzar en el historial de navegación, con una vista mucho más amistosa y útil que permite visualizar el contenido de las páginas anteriores o posteriores sin necesidad de que vuelvan a cargarse completamente.

La nueva forma de ir hacia atrás o adelante en Safari.

En resumen, de a poco Apple comienza a sacarle más partido al Magic Mouse y especialmente al Magic Trackpad, obligándonos así a replantearnos, ante la futura adquisición de un equipo de escritorio, la posibilidad de adquirir este último dispositivo en lugar de un ratón. No exagero al decir que las posibilidades del Magic Trackpad en Lion son infinitas, sobre todo si Apple se pone las pilas y se encarga de exportar funcionalidades de iOS a su sistema de escritorio en futuras actualizaciones.

Aplicaciones a pantalla completa

Un adelanto de lo que vendría con Lion en este sentido ya se había implementado en iLife ’11, con un iPhoto capaz no sólo de maximizarse hasta los bordes que el dock y la barra de menús permitan, sino de aprovechar al máximo cada pixel y de efectivamente visualizarse a pantalla completa; una función que resulta, por cierto, especialmente útil en pantallas pequeñas como las de 11 y 13 pulgadas.

Así se identifican las aplicaciones que soportan el modo a pantalla completa.

En este modo, al que se ingresa presionando cmd+ctrl+F o haciendo clic en el icono con dos flechas que debería aparecer en la esquina superior derecha, la barra de menús y el dock se ocultan –reapareciendo si asomamos el cursor al borde superior o inferior de la pantalla, respectivamente– y la aplicación pasa a ocupar, como he dicho, toda la pantalla, creándose además un nuevo espacio para cada programa que esté corriendo en dicho modo. Luego, para cambiar de aplicación basta utilizar el atajo de teclado cmd+tab, deslizar dos o cuatro dedos (según estemos utilizando el ratón o el trackpad) hacia la derecha/izquierda o presionar ctrl y las teclas de dirección para movernos entre los distintos espacios. Para salir del modo a pantalla completa presionamos la tecla esc o hacemos clic en el icono azul que aparecerá en la barra de menú, junto al icono de Spotlight.

La única forma de salir del modo a pantalla completa en iTunes

Si bien hay varias aplicaciones que debieran incorporar esta función y no lo hacen –como TextEdit o el propio Finder–, buena parte de las que vienen pre-instaladas sí son compatibles con aquella. No puedo continuar obviando, sin embargo, que la implementación de esta novedad –que sin duda resulta muy práctica— no ha sido similar en todas las aplicaciones, por no decir que es deficiente. Así, mientras hay algunos programas como Mail, Safari o iCal que efectivamente vuelven a su tamaño normal tras presionar esc, otras como iTunes no salen del modo a pantalla completa de igual forma. Incluso hay otras aplicaciones, como Pages, que al pasar a modo de pantalla completa ven reconvertida considerablemente su interfaz, con la desaparición de algunas opciones y hasta un cambio de estilo visual. De esta manera, y tal como ocurre hasta el día de hoy con ese famoso botoncito verde para cambiar el tamaño de una ventana, se presenta el gran problema de que no sabemos qué esperar de una aplicación cuando ejecutamos la función, en circunstancias que todas deberían comportarse exactamente igual.

Otro gran problema radica en la existencia de varios y constante glitches. Por ejemplo, encontrándonos en modo de pantalla completa, el dock reaparece cuando quiere, habiendo ocasiones en que al asomar el cursor al borde inferior de la pantalla el dock efectivamente aparece, y otras en que sencillamente brilla por su ausencia. Al final, debido a este grosero fallo uno termina desconociendo si acaso esta función debiera hacer que el dock simplemente se oculte como la barra de menús, o si debiera quedar inaccesible mientras no salgamos del modo de pantalla completa.

Algo similar me ha ocurrido, aunque en menos ocasiones, con la barra de menús mientras ejecuto Mail a pantalla completa. Eso, sumado a botones que se superponen en la bandeja del sistema y ventanas que a veces no ocupan el espacio que debieran, demuestra que a los desarrolladores les quedó bastante trabajo por hacer.

Safari está cerrado, pero su barra de direcciones sigue ahí.

Por último, hay pantallas en las que usar esta función podría parecer un despropósito, pues realmente no es del todo cómodo mantener, por ejemplo, Mail a pantalla completa en un monitor de 27’’. Sin embargo, me parece que lo que se esconde detrás de esta opción es, en realidad, un acercamiento a la filosofía de trabajo que opera en el iPad, donde —como muy poéticamente han dicho algunos— su diseño permite que en ese momento el iPad “sea” la aplicación, desapareciendo todo indicio de la interfaz y produciéndose un enfoque único en el trabajo que estemos realizando. Pareciera entonces que las aplicaciones a pantalla completa en Lion aspiran a crear un ambiente libre de distracciones en que, en ese momento, uno trabaja con una máquina que opera sólo esa aplicación.

A modo de conclusión podría decirse que, mientras la integración de aplicaciones con modo a pantalla completa es realmente un acierto a la hora de concentrarnos de mejor manera en lo que estemos haciendo, de asimilar un poco nuestro flujo de trabajo a lo que actualmente permite el iPad, y a la hora de hacer del MacBook Air de 11″ un equipo realmente utilizable, Apple puede y debería pulir ciertos aspectos en la implementación que lamentablemente no hacen parecer que el trabajo estuviera completamente acabado.

Mission Control

Esta función de nombre tan pintoresco no es otra cosa que la renovación de Exposé, o más bien la fusión de Spaces, Dashboard y Exposé.

En primer lugar, la utilidad de Mission Control como reemplazo de Spaces está directamente relacionada con el modo a pantalla completa al que ya nos referimos antes. Cada vez que una aplicación pasa a ocupar toda la pantalla, automáticamente genera su propio espacio. Luego, con Mission Control podremos visualizar una miniatura de todos los espacios abiertos o de las aplicaciones a pantalla completa que estemos ejecutando de forma simultánea, y movernos entre aquellas con el teclado o con un gesto multitáctil.

El Dashboard, por su parte, viene incorporado por defecto en su propio espacio, de manera que al lanzar Mission Control veremos nuestro grupo de widgets como una miniatura más, junto a las aplicaciones que estén ejecutándose a pantalla completa, y no sobre nuestro escritorio. El gran problema de esto, sin embargo, es que si queremos hacer alguna operación rápida en la calculadora o una anotación en un Post-It, perderemos de vista la aplicación sobre la que estemos trabajando en ese momento. Pero como siempre, la solución para esto pasa simplemente por cambiar dicha configuración en el panel de preferencias de Mission Control, lo que es altamente recomendable.

Mission Control.

Con lo repasado hasta ahora, Mission Control no parece ser una tan mala adición. Sin embargo, y en la humilde opinión de vuestro servidor, es en su función de gestor de aplicaciones o de reemplazo de Exposé que falla abismalmente. Por ejemplo, en Exposé siempre veíamos todas las aplicaciones abiertas, estuvieran ocultas o incluso minimizadas en el dock (en este sentido, la evolución del Exposé de Leopard a Snow Leopard fue bastante notable). En cambio, Mission Control sólo muestra las aplicaciones que están ejecutándose a pantalla completa o en segundo plano, y no aquellas ocultas o minimizadas, de manera que si eres uno de esos fanáticos del comando cmd+alt+H, Mission Control se vuelve prácticamente inservible. En mi opinión, eso ya significa desperdiciar el 50% de la funcionalidad de Exposé.

Otro inconveniente es su dependencia exclusiva del mouse. Considerándome un acérrimo usuario del teclado que en la medida de lo posible intenta no poner la mano sobre el trackpad o el ratón, resulta sumamente incómodo tener que moverme entre las distintas miniaturas usando alguno de dichos dispositivos, cuando en Exposé bastaban las teclas de dirección para desplazarnos entre las diversas aplicaciones abiertas.

En breve, me parece que todavía falta pulir ciertos aspectos de Mission Control para poder justificar la desaparición de Exposé; uno de los clásicos y más importantes pilares fundamentales de la usabilidad y comodidad que caracterizaban a Mac OS X, y una de esas notables diferencias que lo posicionaban como un sistema operativo amigable y eficiente, incluso en instancias tan simples como el escritorio y el manejo de aplicaciones.

Launchpad

Hemos reiterado en varias oportunidades que Lion es un intento de Apple por llevar al escritorio los avances que han venido desarrollado en su sistema operativo móvil. Y donde ello resulta más evidente es, precisamente, en Launchpad, que no es otra cosa que un lanzador de aplicaciones de rápido acceso, y basado íntegramente en el SpringBoard de iOS tanto en aspectos de funcionalidad como de diseño. Luce y se maneja exactamente igual con la salvedad de que, en lugar de utilizar el dedo, usamos un ratón o el trackpad.

No, no es la pantalla de inicio del iPad, es Launchpad.

De nuevo, ésta es una de esas funciones o novedades que se ama o se odia. A mí en particular me pareció una adición innecesaria y, para colmo, mal implementada. Razones para defender esto sobran.

En primer lugar, nuevamente se echa en falta el soporte de atajos de teclado. Si usamos un Magic Mouse, necesariamente deberemos utilizar el icono que viene instalado en el dock para invocar Launchpad. Si disponemos de un trackpad, al menos podremos utilizar un gesto multitáctil. Sin embargo, para mover y eliminar aplicaciones y desplazarnos entre las diversas páginas y carpetas, nos veremos siempre restringidos al cursor.

En segundo lugar –y si bien podemos conceder que como lanzador de aplicaciones Launchpad cumple su cometido–, creo que es a la hora de gestionarlas que este chiche se convierte en un auténtico problema, pues sólo podemos eliminar aquellas que se han instalado a través de la Mac App Store y las que vienen incorporadas en el sistema. Esto resulta particularmente complicado si son muchas las aplicaciones de terceros que hemos instalado a través de una imagen .dmg, pues Launchpad suele mostrar duplicados, accesos directos, instaladores, desinstaladores y otra sarta de contenedores y paquetes que ciertos desarrolladores, que no respetan los estándares de desarrollo en el universo Mac, suelen dejar en subcarpetas dentro del directorio de Aplicaciones de Mac OS X.

Desde luego este sistema no está pensado para los llamados power users o usuarios más avezados de Mac OS X, sino, como he dicho, para aquellos que, encantados por la sencillez y funcionalidad del iPhone o del iPad, han decidido dar un paso adelante en cuanto a sistemas operativos de escritorio y cambiarse a Mac. En este sentido, por cierto que ofrecerles una central única de aplicaciones para Mac, y un sistema de gestión y ejecución sencillito limitado a tales aplicaciones, hará del paso a Mac algo menos traumático. Por mientras, yo sacaría Launchpad del dock y probablemente no ejecute dicha aplicación nunca más, al menos hasta que Apple decida hacerla más flexible en cuanto a la gestión de aplicaciones.

Guardado Automático y Versiones

Dos de las mejoras más notables del sistema en general, y probablemente las más útiles, son Guardado Automático y Versiones. Y si bien es cierto que técnicamente se trata de funciones distintas, creo que necesariamente van de la mano.

La función de Guardado Automático, como se puede inferir del nombre, simplemente implica que no volveremos a sentir nunca más la necesidad de presionar cmd+S todo el tiempo, pues el SO guardará por nosotros, de forma constante y completamente automatizada, los progresos realizados en aplicaciones como TextEdit y Pages. Por lo tanto, si sencillamente cerramos y no guardamos la aplicación en la que estemos trabajando, al volver a ejecutarla no habrá que cargar ni restaurar absolutamente nada, pues todo el progreso realizado hasta el momento en que la aplicación se cerró estará frente a nuestros ojos como si nunca hubiésemos presionado cmd+Q.

Desde luego esta forma de trabajar plantea el problema de qué ocurre si queremos volver a una versión antigua de nuestro trabajo, la cual ha sido sobrescrita automáticamente por la edición más reciente, y aquí es donde entra en juego Versiones.

Esta segunda función incorpora en las aplicaciones compatibles con Guardado Automático una interfaz idéntica a la de Time Machine –fondo espacial incluido–, a la que se accede desde la barra de título de la aplicación, y con la cual podremos desplazarnos en una línea de tiempo hacia versiones anteriores de nuestro trabajo, para luego restaurarlas e incluso tomar algunos elementos de aquellas e insertarlos en nuestro trabajo actual.

Interfaz de Versiones, muy similar a la de Time Machine.

Por todo lo anteriormente dicho, desde luego la inclusión de estas dos funciones crea una filosofía de trabajo similar a la de iOS, en donde la opción de restaurar una aplicación después de cerrarla y la ausencia de un sistema de gestión de archivos accesible al usuario, hacen del autoguardado, más que una comodidad, una verdad necesidad o característica natural. Así, es de esperar que éste sea un nuevo estándar en el manejo de archivos y, en adelante, no exista más la necesidad –ahora absurda– de guardar constantemente nuestro progreso, cualquiera sea la aplicación que estemos utilizando.

Mail, Agenda y iCal remasterizados

Junto con las novedades y mejoras generales del sistema, Apple también ha agregado algunas líneas de código a ciertas aplicaciones en particular que ya vienen pre-instaladas, y que suelen ser de uso frecuente para la mayoría de los usuarios de Mac. Me refiero al cliente de correo, al administrador de contactos y al gestor de calendarios.

De las mencionadas, la aplicación que ha recibido cambios más importantes, sin lugar a dudas, es Mail.app. De partida, el cliente de correo ha visto radicalmente rediseñada su interfaz, acercándose una vez más –adivinaron– el software de escritorio a su contraparte de iOS.

Entre estos cambios, lo que más destaca es el paso de una vista de tres paneles –con la lista de correos arriba, la vista del mensaje seleccionado abajo y los buzones a la derecha– a una disposición de dos paneles verticales, tal como la del cliente de correo del iPad, y con una barra superior de carpetas favoritas similar a Safari. Esta nueva forma de visualizar el correo (reversible, por cierto, como la mayoría de los cambios radicales de interfaz), en conjunto con el modo de pantalla completa, hacen de la última versión de Mail todo un acierto.

Mail con su nueva interfaz y a pantalla completa.

Una vista mejorada de mensajes enviados y recibidos en forma de conversaciones, animaciones nuevas (un poco infantiles e innecesarias, a mi gusto) y, en general, una aproximación visual más sencilla y minimalista a nuestros mensajes de correo completan el rediseño de Mail, que en cuanto a funcionalidad real, y salvo por el mejorado sistema de búsquedas, no me parece que aporte mucho.

Por su parte, la Agenda y iCal también han sido rediseñadas basándose en el estilo visual de lo que ya existe en el iPad. De hecho, al menos en lo que al look respecta, pareciera que prácticamente se hubieran porteado iCal y Contactos del iPad al Mac, y no viceversa.

Una vez más, aquí todo es cuestión de gustos. Y a mí personalmente no me parece tan acertada la decisión artística de que una aplicación en Mac OS X intente emular una libreta de contactos real o un calendario de escritorio, incluso con detalles algo absurdos y a veces distractores como bordes de cuero, bordados y restos de papel que insinúan una hoja arrancada.

Las versiones remozadas de iCal y Agenda.

En el aspecto funcional, Agenda y iCal tiene poco y nada nuevo que ofrecer, salvo por la simplificación en la creación de eventos y la inclusión de una nueva vista diaria.

Observaciones generales y conclusiones

Si bien tengo la impresión de que la mayoría ha quedado conforme con la última versión de OS X (basta leer los comentarios en la App Store), también existe un sector que aduce la inclusión de pocas novedades que justifiquen la actualización de Snow Leopard a 10.7. Por otra parte, hay quienes incluso cuestionan el hecho de que Apple haya realizado un lanzamiento mayor de versión, cuando esto vendría a ser no más que un Snow Leopard remasterizado. Por mi parte, creo que si analizamos las mejoras que incorporó Snow Leopard en función de su versión anterior, realmente aquel es un Leopard mejorado; si revisamos las novedades introducidas en Leopard en comparación con Tiger, aquel no es más que un Tiger con esteroides y así ad infinitum.

Lo cierto es que si comparamos Lion con Snow Leopard, podemos darnos cuenta de que se trata más bien de una evolución natural que de una verdadera revolución, y esto, siguiendo con lo planteado en el último párrafo, ocurre sencillamente porque pocas veces Apple ha dado lugar a quiebres tan radicales en su línea de sistemas operativos, como los que sí pueden apreciarse en la vereda de al frente (por ejemplo con el paso de Windows XP a Vista).

En cambio, si comparamos Lion con el primer lanzamiento de OS X “Cheetah”, podremos apreciar prácticamente dos sistemas operativos distintos, separados apenas por lo que algunos insistirían en llamar “actualizaciones menores vendidas con la imagen de un felino imponente que justifiquen la distribución de un SO supuestamente nuevo”. Personalmente creo que OS X es un sistema tan bueno que no puede más que pulirse de a poco y de forma paulatina.

Más aún, no creo que Lion haya sido sólo un paso más en la evolución natural de OS X, sino un paso fundamental en una dirección que difícilmente alguien pudo haber previsto en los últimos años. Si acaso alguien lo pasó por alto, lo reiteraré una vez más: Lion representa el intento de Apple por plasmar en las computadoras de escritorio lo que han venido desarrollando y aprendiendo en el camino con iOS, y eso ya es bastante.

Profundizando en este último aspecto, la pseudo-fusión OS X/iOS no es una cuestión antojadiza de parte de la gente de Cupertino, pues detrás de tal amalgama, me parece, se alcanzan a percibir dos grandes razones que explican este verdadero cambio de paradigma.

Por una parte, se trata de implementar una serie de herramientas que realmente hacen más cómoda y eficiente nuestra forma de trabajar. iOS ha significado un cambio en la forma de producir y entretenernos en la medida que, de a poco, se ha ido perfilando como un sistema operativo que permite hacer todo lo que un usuario necesita, a la vez que se independiza de la forma en que la absoluta mayoría los sistemas operativos de escritorio han venido funcionando hasta ahora.

Un detalle muy sutil pero interesante en este sentido, y que no quiero dejar pasar, es la opción que incorpora Lion de que los programas del dock ya no tengan una lucesita azul que indique cuándo se están ejecutando. Así, resulta evidente que se quiere asimilar la filosofía de iOS en el sentido de que el usuario no debería preocuparse por abrir o cerrar aplicaciones, sino de simplemente utilizarlas cuando sea necesario y de olvidar que el resto está allí corriendo mientras nos enfocamos en un tarea; un sistema, por cierto, arriesgado mientras las condiciones de hardware no permitan darnos el lujo de tener abierto todo lo que ocupemos en nuestro flujo de trabajo normal, pero sin duda algo osado y muy interesante de cara a lo que puede venir en el futuro.

El dock de Lion sin los clásicos indicadores luminosos.

En segundo lugar, Lion se esmera en asimilar con éxito parte del alma de iOS porque, además de tornarse más eficiente y productivo, abre las puertas a una potencial ola de nuevos usuarios de Mac.

Para entender esto último debemos remontarnos a la aparición del iPad y preguntarnos, ¿por qué logró triunfar y enganchar a los consumidores de forma tan expedita? Sencillamente porque la fórmula ya era conocida, y como la mayoría estaba enterada de la forma en que funcionaba un sencillísimo e intuitivo dispositivo como el iPhone, a la hora de probar un iPad realmente todo se sentía natural. Una vez más, las clave fue la sencillez de uso.

La octava versión de Mac OS X, al asumir ciertos códigos de uso establecidos en iOS, probablemente busque seducir a esos usuarios que acaparó el iPhone, y que ahora tienen la posibilidad de ver a OS X ya no como un sistema operativo extraño y ajeno a lo que han visto toda su vida en forma de una ventanita multicolor, sino como la extensión natural de un excelente smartphone a las computadoras de escritorio de toda la vida.

Cierro diciendo que por una mísera suma apenas superior a los 13.000 CLP, y ya seas un usuario doméstico o un autoproclamado power user, realmente vale la pena comprar Lion, armarse de paciencia si tienes una conexión no tan buena como quisieras, actualizar y aprovechar las mejoras que Apple ofrece. Sin peros.

Imperdibles

  • Precio accesible. No todos los días se compra un SO por 30 USD.
  • Los gestos Multi-Touch en el trackpad facilitan la vida
  • Guardado automático, probablemente la función más útil.
  • Aplicaciones a pantalla completa. Por fin el MacBook Air de 11” es utilizable.

Impresentables

  • El modo a pantalla completa a veces falla.
  • Por pocos que sean, todavía quedan vestigios de Aqua en la GUI.
  • Launchpad sólo permite gestionar las aplicaciones descargadas desde la App Store.
  • Mission Control no muestra las aplicaciones ocultas ni minimizadas.
  • Con el aprovechamiento del Multi-Touch, en Cupertino parecen haberse olvidado del teclado.