Del por qué juego [NB Opinión]

Del por qué juego [NB Opinión]

Lo primordial es divertirse

Recuerdo cuando mi hermano y yo solíamos jugar en el patio de la casa de mis abuelos. Corríamos y gritábamos. Y reíamos todo el tiempo.

En México, se acostumbra que en la víspera del 6 de enero, llegan los Reyes Magos y dejan regalos a los niños. Uno de esos años, vi que me habían dejado una bicicleta y, aunque no brinqué de emoción, sí me gustó. Entonces, mi hermano menor abrió su propia caja y dentro había algo que decía “Nintendo Entertainment System”.

Si hubiera sabido que los Reyes Magos eran mis papás, en ese momento les regreso su bici ¿Quién había expresado interés en eso que llamaban Mario Bros? ¿Quién había querído su propia consola desde que tenía que jugar con el Intellevision de su amigo y el Atari de sus primos? ¿Quién se había gastado el cambio de lo que le encargaban de la tienda en los arcades?

Ok, olviden eso último.

El caso es que el NES era de mi hermano. Pero, curiosamente, nos habían llegado juegos a los dos. Ahí ya se empezó a equilibrar el asunto. Y, luego, empezamos a jugar, cada cual por su lado porque todavía no teníamos un juego ‘cooperativo’ con el que pudiésemos estar ambos sosteniendo esos controles cuadrados que en estos días me parecerían muy incómodos, seguramente. Claro que, como le había llegado la consola a mi hermano, mis horas de juego se reducían al mínimo al grito de: “es MI NIN-TEN-DO”.Mi papá preguntó: ¿no hay uno en donde puedan jugar los dos? Y dije: Contra.

Dos semanas después, Contra. Todavía no sabíamos nada de arriba, arriba, abajo, abajo, etecé, etecé. Y lo disfrutábamos mucho. Hasta que mi hermano empezó a hacer pataletas cuando yo tomaba la ‘súper’ (hey, así le decíamos a la Spread Gun) o yo era el último en dispararle a un enemigo. Entonces, dejó de ser divertido, porque empezó a hacer ‘trampas’. Ya saben, en esos juegos de antaño, a veces simplemente con no caminar mientras el otro saltaba hacías que cayera al vacío. Luego, intentaba dirigirme u ordenarme. Entonces, dejé de jugar con él. Bueh, por un tiempo, todavía nos llegaron la Génesis, el SNES y otras.

Fast forward al presente. La situación no ha cambiado. Ya no juego con mi hermano, pero en cuanto el multijugador en línea entra en operación, empiezo a escuchar la voz de algún mexicano o estadounidense queriendo dirigirlo todo. Ya sé de qué va la cosa cuando escucho que repiten treinta veces en diez segundos mi gamertag. Sé qué van a decir cuando no tomo el arma, cuando no sigo el camino, cuando me me pegan una granada. Y deja de ser divertido, otra vez.

Entonces hago lo mismo que cuando dejé de jugar con mi hermano: juego con amigos. Es un código diferente. Sé que puedo decirles de cuántas maneras alguien cometerá actos sexuales desviados en su contra y… está bien. Hay risas. Sé que puedo fallar en algo y recibiré burlas, pero nada más. No reclamos, no bullshit. Entro al multijugador y todo es diversión. Sí, todavía le meto tres escopetazos en la cabeza a los zombis, pero también sé que si los fallo, va a estar alguien detrás de mí para ayudarme. O que, en el caso de que nos veamos cercados, todos vamos a empezar a gritar, a reír y a hacer voces. Volver a empezar la partida, platicar mientras exploramos un área, burlarnos del que siempre muere en las mismas situaciones.Ya saben, pura diversión.

Y ese es el punto, eso es lo que mi hermano nunca entendió: yo solo quería divertirme. Porque es un juego. Sí, gritaba de emoción cuando pasaba una misión en Bionic Commando, tanto como ahora grito y levanto el puño con satisfacción cuando entra un logro o paso un nivel de Angry Birds con el primer intento y una ave. Pero, para mí, lo primordial es divertirme. Hay juegos que he tomado porque me los recomiendan y empiezo a sufrirlos, ya sea porque me aburren o me estresan. Y no los vuelvo a tomar. Pero otros los puedo jugar por años. Entonces, vuelvo a ser un niño de 8 años.

Aunque a veces, solo a veces, me gustaría volver a correr por el patio.