[metroimage ids=”38-161744,38-161745,38-161746,38-161748,38-161750,38-161751,38-161752,38-161753,38-161754,38-161755,38-161757,38-161758″ imagesize=”large”]

El sueño realizado de convertirse en el capitán de un barco de papel

El "HMS Origami" no se hundió en el Támesis.

Podría apostar a que la mayoría de nosotros hicimos barquitos de papel con las servilletas cuando éramos chicos y que, al comprobar que en realidad su papel ya entonces era bastante absorbente, buscamos otros materiales para que tuvieran mayor duración sobre el agua. Es más, ¿quién no llegó a usar las hojas de los blocks de dibujo de las clases de arte (y otros) para conseguir el barco más grande de la armada?

Así mismo, más de alguno soñó con poder abordar y capitanear su propia embarcación de pulpa de celulosa y eso fue lo que hizo el artista conceptual alemán Frank Bolter, que -con la ayuda de varias personas para poder ir doblando la enorme hoja- navegó por el río Támesis en Londres en el “HMS Origami”.

Pero hizo “trampa”. Así como nosotros cambiamos las servilletas por hojas de block, Bolter hizo su papiroflexia a partir de tres rollos de cartón Tetra Brik (el material de las cajas de leche o jugo), ensamblados con una pistola aire caliente (como un secador de pelo, pero de uso industrial) y convirtió el pliego en un bote de 5,4 metros de eslora. Cabe señalar que la gracia y regla del origami es que no se puede usar pegamento, y aunque en rigor no lo utilizó, sí debió fusionar los pliegos de cartón.

Y más trampa aún: no lo fabricó para navegarlo él mismo, sino que metió a un pobre periodista británico en su lugar. “Lo construí para que se hundiera”, reconoció Bolter, y claro, las aguas londinenses no son precisamente de las más cálidas. Pero para su sorpresa, el barquito no se hundió y su tripulante sólo se mojó por la lluvia que caía.

Tras el salto, una galería con las distintas fases de la nave de origami:

Link: All aboard HMS Origami (Daily Mail)