(065) Columna: El No-Futuro

(065) Columna: El No-Futuro

El escritor Rodrigo Fresan lo dice al final del primer capítulo de Mantra: “un país sin ciencia ficción es un país sin futuro”. Pero en un mundo donde la tecnología va más rápido que la imaginación, ¿dónde y cómo cabe la fantasía anticipatoria?

Es curioso, pero hablar hoy de ciencia-ficción es hablar de pasado, la anticipación murió cuando el hombre aterrizó en la Luna y ésta (a pesar de lo que aleguen los conspiranoicos) estaba vacía y era más bien fome y polvorienta. ¿Valía la pena entonces tratar de interpretar las formas del futuro cuando este se nos venía cada vez más rápido? ¿Cuán anacrónicos parecen hoy los delirios de un Isaac Asimov o de un Arthur C. Clark, que intentaban profetizar lo que venía?

Releer “Fundación e Imperio” con esos científicos del año 10.000 y sus avanzadas “calculadoras” parece hoy un chiste de Futurama – de hecho lo son. Curioso, pero anclados el 2010 (el año en que “íbamos a hacer contacto”), las fantasías de los autores clásicos resultan actualmente menos validas que los delirios de un Erich Von Daniken y sus ideas de dioses extraterrestres tan vilipendiadas en su época (los 60 y 70) y hoy rescatadas y prácticamente pontificados por obra y gracia del History Channel, que a estas alturas es el verdadero Sci-Fi Channel, ¿por qué sigue llamándose History?

Tal vez no tengamos autos voladores, bases en la Luna ni espacio-puertos para distintas especies, pero con dar una vueltas por Santiago y ver en una micro pegado el cartel de una punto com queda claro que el mundo en que vivimos es pura ciencia ficción, ¿quién necesita astronaves masivas para abrir puertas al hiperespacio cuando podemos ir a cualquier parte del universo desde nuestro escritorio y con el poder de un
clic?

Frank Herberth escribía en Dune de los navegantes, esa raza de humanos mutados que tenían el monopolio de los viajes espaciales al poder enlazar el tiempo y el espacio, es decir ir a cualquier punto de la continuidad sin moverse. Mientras escribo este texto, hablo con un amigo en Shanghai y no me muevo. El futuro nos ganó la partida, el día a día es hoy más increíble que el más delirante de las propuestas cyberpunk de un William Gibson o un Neal Stephenson. Y en esta perspectiva, ¿cuál es el papel de la ciencia ficción chilena?

Creo tener la respuesta, la he dicho en seminarios y clases, la ci-fi chilena si es que existe tiene que olvidarse del futuro, asumir un no-Futuro y mirar hacia atrás, a nuestra historia, nuestros mitos y a través de estos construir un porvenir fantástico que haga de Chile territorio de nuevas fantasías. Material hay de sobra: sociedades secretas en la Independencia, zombies en la guerra del pacífico, un militar raptado por un OVNi durante el gobierno de Pinochet, gigantes en la Patagonia, ciudades perdidas en los Andes, fantasía paranoica a lo Philip K. Dick o J.G.Ballard, los únicos autores que entendieron que este era el camino.

Vivimos en un país de ciencia ficción, dejemos que el futuro se redacte en las redes sociales, nosotros reescribamos el presente desde la mirada de lo imposible, esa es la ficción local/glocal que yo quiero, la que creo nos destacará en el concierto mundial, mal que mal, dicen que el 2012 se acaba el mundo. Nosotros vivimos en el fin del mundo, asumámoslo, construyamos el no futuro, desde el fin del mundo.