(051) La revolución de los blogs

(051) La revolución de los blogs

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(cc) Annie Mole

Los hay de todo tipo: personales –también popularizados como bitácoras– y corporativos. Escritos por una pluma aficionada o un verdadero profesional de las comunicaciones. Abocados a la tecnología, a los automóviles, filosofía zen, parafilias, al derecho y a la política.

Con un formato y funcionamiento sumamente sencillos (además de un característico diseño que los distingue claramente de otras clases de sitios web), este tipo de páginas inicialmente recibía el nombre de “weblogs“; término que debía entenderse como “web log” –diario o registro web–, pero debido a un un juego de palabras acabó derivando en “we blog” y dando lugar así al concepto que hoy todos conocemos.

La “revolución de los blogs” representa el origen más remoto de la llamada “Web 2.0” (que, aunque cueste recordar, no nació con Twitter, Facebook u otra red social similar). Sin embargo, aquella atiende a un cambio completo de paradigma, coincidiendo no sólo con el tránsito de una “Web vieja” a una “Web nueva” o moderna, sino también calzando en una transformación cultural o –si se quiere– hasta sociológica de la comunidad en que nos encontramos inmersos.

Una rápida consulta en Wikipedia nos entrega algunas pistas respecto a la naturaleza de esta “nueva red”. Participación, estandarización, colaboración y compartir; todos estos son conceptos que ayudarían a caracterizar aquello que podemos entendemos por Web 2.0. Sin embargo, si hubiera que levantar una sola idea matriz que defina bien tal fenómeno, probablemente coincidamos en que se trata de la generación de contenidos por los propios usuarios, ya no limitándose estos últimos al consumo de información de forma unidireccional.

Ahora bien, resulta absurdo suponer que de la noche a la mañana artículos influyentes y noticias en general dejaron de ser redactadas en grandes portales de la mano de importantes cadenas, para pasar a ser elaboradas por parte de los mismos ciudadanos o usuarios “de a pie”. Desde luego, tal fenómeno fue germinando a un ritmo sigiloso que sólo comenzó a acentuarse transcurridos algunos años después del cambio de milenio. Y en dicha evolución, con la proliferación de wikis, distintos sistemas precarios de generación de opinión, formas más sofisticadas de mensajería instantánea y finalmente redes sociales, esta invención que llamamos blog también jugó un rol quizá tanto o más importante que las herramientas antes mencionadas.

Período pre-2.0

Antes de llegar a un estado cierto de madurez como el que se aprecia actualmente (donde se popularizarían gracias a plataformas como Blogger y WordPress), los blogs debieron experimentar su infancia durante la década de los ’90, época en la que fueron tímidamente concebidos apenas dejando entrever poco más que algunos atisbos de “exhibicionismo virtual”. Teniendo como antecedentes los foros de Internet y boards, estos sitios no contaban necesariamente con el formato de columnas que hoy resulta tan común, y en la mayoría de las ocasiones operaban tan sólo como un diario de vida abierto, una bitácora de desarrollo o el espacio en que alguna compañía actualizaba constantemente (para los estándares de inmediatez informativa de la época, claro) datos sobre sí misma.

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A pesar de lo anterior, si tuviéramos que marcar una era o servicio que pueda identificarse como el inicio definitivo de la popularización o masificación del blog en un formato similar al actual –esto es, facilitando el proceso de actualización de la bitácora y permitiendo a otros usuarios comentar en las entradas publicadas–, podríamos atribuir tal hito a Open Diary, servicio web abierto en 1998 y que pocos meses después sería seguido por otros como LiveJournal y Blogger (años antes de que fuera adquirida por Google y comenzara su correspondiente período de dominación mundial).

Ahora bien, retomando el punto de los cambios culturales, la proliferación de los inicialmente llamados weblogs ha significado otorgar una cuota de poder (que puede ser insignificante o no, como veremos posteriormente) a la ciudadanía, al usuario “común y corriente”, al internauta que no necesariamente cuenta con los conocimientos informáticos que habrían sido necesarios una década atrás para poder sostener su propio sitio web. De esta forma, y coincidiendo con lo que algunos politólogos y sociólogos hoy denominan el “empoderamiento” de la ciudadanía, a inicios de la década del 2000 el blog pasó de ser una mera bitácora o diario de vida en línea (atravesando también otras temáticas de lo más diversas, por supuesto) a convertirse en una poderosa herramienta generadora de opinión política, donde cualquier persona podría hacerse escuchar, sin importar su ubicación, y donde la magnitud de dicho grito sólo dependiera de los méritos de lo que se expusiera y de cómo se hiciera.

El cambio de una era

Dicen algunos que el poder es un juego de suma cero, lo cual implica que, necesariamente, la ganancia de poder por parte de una persona o grupo conllevará una pérdida o merma en la cuota de poder de otros. Eso explica perfectamente cómo a día de hoy –y no sólo en el ámbito político, sino en muchos otras aristas como la tecnología– el contenido generado por individuos no necesariamente “profesionales” equipare y en no pocos casos supere la afluencia de visitantes obtenida por grandes medios “tradicionales”.

Un nítido ejemplo de lo anterior es el fenómeno del periodismo ciudadano. Consideremos que antes de que se masificara el uso de las redes sociales y los smartphones, el blog ya constituía la piedra angular de tal fenómeno.

Internet está lleno de casos prácticos que permiten ilustrar esta situación. Mírese, por ejemplo, lo conseguido por Arianna Huffington, columnista estadounidense y creadora del célebre The Huffington Post. Y es que, lo que para la mirada inadvertida y desinformada pudiera parecer un medio de prensa profesional o tradicional, es en realidad un sitio que partió como un blog más a mediados de 2005, con el objeto de sindicar noticias de otros blogs en contraposición a lo que informaban los medios conservadores, de generar opinión política y de funcionar como una especie de punto de encuentro virtual para opositores al gobierno de turno.

Hoy en día el popular Huffington Post se ubica en el lugar 34 de la lista de sitios más vistos en Estados Unidos, según Alexa. Además fue seleccionado segundo en el ranking –elaborado por Time Magazine– de los mejores blogs en 2009, ganador de los Webby Awards 2006 y 2008 como mejor blog de política, y nombrado el blog más “poderoso” del mundo por The Observer. Asimismo, el tráfico de visitas únicas actualmente casi llega a los 13 millones, consiguiendo duplicar las cifras de prestigiosos medios tradicionales como The Washington Post y Los Angeles Times. A su vez, la bloguera Arianna Huffington fue seleccionada número 12 en la lista –elaborada el año pasado por Forbes–de las mujeres más influyentes en los medios, junto con recibir otra gran cantidad de reconocimientos periodísticos a nivel global.

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Una segunda muestra práctica que evidencia la explosión de los blogs como fenómeno informativo y de poder político usurpado por la ciudadanía, es la situación vivida durante la ya agonizante Guerra de Iraq, durante la cual decenas de soldados estadounidenses exportaban al resto del mundo historias que dejaban entrever el crudo día a día que debían enfrentar en Medio Oriente, con lujo de detalles y alguna imagen o video adjuntos si acaso era necesario (acarreando problemas en más de una ocasión, claro está).

Por último, y probablemente convirtiéndose en el ejemplo por antonomasia de cómo un blog puede movilizar e inspirar masas, tenemos el caso de la columnista cubana Yoani Sánchez, filóloga de profesión y autora del blog “Generación Y“, famoso por representar periódicamente las condiciones de vida que se llevan bajo el régimen cubano, y cuyos post reciben mes a mes un feedback de, sino cientos, miles de comentarios.

Pero como no sólo de la cantidad de usuarios se hace la fama, Generación Y también ha merecido una generoso reconocimiento de la crítica a nivel mundial, habiendo sido elegido uno de los 25 mejores blogs de 2009, según Time. Por otra parte, tampoco es menor la cantidad de honores que ha recibido la autora del sitio, quien ganó el premio de periodismo Ortega y Gasset otorgado por El País en 2008, y ha sido catalogada dentro de numerosos y prestigiosos rankings de la talla de los 100 personajes más influyentes en el mundo –elaborado por Time– y los 10 intelectuales iberoamericanos más influyentes –por Foreign Policy–. Adicionalmente, Yoani (que como tantos otros simplemente partió siendo una bloguera más) escribe en la actualidad en el ya mencionado The Huffington Post.

La blogósfera como reflejo geek

Pero como decía anteriormente, la temática de los blogs no acaba, naturalmente, en la contingencia política, sin perjuicio de que esa sea probablemente su arista más notable. La mejor muestra de esto es el propio ámbito en que nos desempeñamos y por el cual muchos de ustedes probablemente se hayan sentido apasionados desde hace años.

Si pensamos por un momento en todo lo que incorpora el universo “geek”, entre temáticas tan generales y variadas como Internet, software, hardware, videojuegos y ciencia, pronto descubriremos que la gran afluencia de noticias que surgen día a día no tienen lugar en sitios “de corte tradicional” (sin perjuicio de que en muchos casos algunos “bombazos” aparezcan en la sección de tecnología de periódicos como The New York Times o The Wall Street Journal), sino en la llamada blogósfera; esa especie de universo paralelo que aglutina a estudiantes, emprendedores, ocasionalmente grandes empresas e individuos de las más diversas áreas, para escribir –a veces de forma aficionada, a veces respaldado por un título– sobre tecnología y otros tópicos afines.

Sitios que hoy marcan la pauta en esta arena, como los pertenecientes a la red TechCrunch (TechCrunch, CrunchGear, MobileCrunch), la red Weblogs (Engadget, Joystiq, TUAW) y el no menos afamado Gizmodo, se han caracterizado precisamente por la valiosa generación de contenido propio, la captura de información de primera mano, la difusión de antecedentes que el resto de los medios ignora, y en más de algún caso por dar origen a polémicas que terminan convirtiéndose en verdaderos fenómenos mediáticos y que trascienden de ese selecto mundillo que llamamos blogósfera.

Sin embrago, el éxito de los blogs, así como no se encuentra restringido por áreas temáticas, tampoco reconoce distinción idiomática. De tal forma, el mismo medio en que estas líneas se encuentra alojadas, FayerWayer, se ha convertido en el blog de tecnología más leído de América Latina. No es mi intención hacer propaganda, pero las millones de visitas recibidas mes a mes lo avalan como el sitio más leído de su tipo en la región. Nada mal para haber nacido como la idea o proyecto de un grupo de amigos (como suele suceder), ¿no?

Cuando bloggear puede convertirse en un problema

Así como en toda historia existen momentos alegres, también hay puntos álgidos. Retomando algunas situaciones emblemáticas ya mencionadas, vale la pena extenderse sobre algunas de ellas e incorporar otras para ilustrar cómo “lo que alguien dijo” o mostró en un blog pudo causar más de un dolor de cabeza a algún gobierno o importante multinacional en su momento. En esta línea, creo que vale la pena recordar los siguientes episodios.

  • El “robo” del prototipo del iPhone 4: Probablemente se trate de la historia de robos tecnológicos, policías, acción y sexo más recordada de los últimos años. El relato ya debe ser conocido por todos a estas alturas, pero si alguien lo olvidó, baste recordar que los autores de esta hazaña fueron los muchachos del blog estadounidense Gizmodo, quienes –tras una compra indebida y la exposición de unas cuantas fotografías y una reseña– otorgaron suficiente material para armar una epopeya farandulera de proporciones, llena de declaraciones cruzadas (que incluyeron al propio CEO de Apple) y acciones judiciales que incluso acabarían derivando en una orden de allanamiento –comandos descendiendo de un helicóptero incluidos– a la casa del editor principal del medio.
  • Rumorología y caída en las acciones de Apple: Engadget tampoco se queda atrás. Realizando una hazaña que nuevamente acabará arrastrando a la compañía tecnológica de nombre frutal, a un editor del mencionado blog le bastó leer un mail falso que acusaba un retraso en el lanzamiento de Mac OS X 10.5 Leopard (allá por 2007) para difundir la supuesta noticia. A poco andar la nueva se propagó por toda la red, dándose por fidedigno un simple rumor. Como consecuencia de esto las acciones de Apple sufrieron una caída de un 3% en tan sólo 20 minutos, lo que significó una pérdida de 4.000 millones de dólares.
    De esta forma, un sitio con buenos índices de lectura demostraba cómo el blog, entre otras utilidades, se consolidaba además como una interesante herramienta de especulación bursátil.
  • Bloggeando desde el campo de batalla: Una categoría específica de blog –los llamados “warblogs” o “milblogs”– se popularizó de la mano del Ejército de Estados Unidos durante la Guerra de Iraq, si bien ya había nacido en 2001 con la invasión de Afganistán. Como su nombre lo indica, se trata de bitácoras escritas por oficiales o soldados rasos, en las cuales se da cuenta de su día a día en el campo de batalla, sus reflexiones, aspiraciones, y normalmente su postura frente a la guerra, ya sea para despotricar en contra de la política o justificar por qué creen que lo que hacen es lo correcto.
    Pero era natural esperar una reacción de parte del Pentágono, quienes no permitirían la filtración de información así como así, ni se iban a arriesgar a que pudiera crearse una especie de libertinaje comunicacional entre sus filas. Por ello, ya en agosto de 2005 el Pentágono dio órdenes claras sobre el tema de la Guerra en Iraq y los blogs que algunos de sus hombres mantenían.
    “Registrarse en sus unidades correspondientes” eran las órdenes que un instructivo de aquella época daba a los soldados que mantuvieran warblogs abiertos. Por su parte, a los comandantes se les instruyó específicamente para llevar el asunto con cautela, ordenándoseles que evaluaran periódicamente si sus subordinados cumplían con los estándares de privacidad, secretismo y seguridad necesarios y propios de una fuerza armada.
    Sin embargo, varios warblogs terminaron siendo cerrados de plano por órdenes de arriba. Tal fue el caso, por ejemplo, de un soldado que comentaba la respuesta médica desplegada frente a un atentado suicida en una ciudad al norte de Iraq.
  • Atentados contra la honra: Según informaban nuestros corresponsales en Brasil, a fines del año pasado un bloguero de dicho país habría tenido la mala idea de comentar una pelea entre dos estudiantes, ocurrida en un colegio católico. Sin embargo, el problema no parecía radicar tanto en la redacción de la entrada en sí, como en el hecho de que “hubiera dado espacio” para que un nunca bien ponderado troll insultara a una monja perteneciente a tal establecimiento.
    Sin poder determinarse la identidad del usuario que había comentado, una demanda entablada por la directora del colegio y posterior sentencia judicial acabaron responsabilizando por las ofensas al administrador del sitio.
    Esta historia sirve de precedente para introducir lo que algunos senadores quisieron (¿quieren?) legalizar en nuestro país y ya comentábamos hace algunos días: la adjudicación de responsabilidad civil al administrador de un sitio cuando no se pudiera determinar la identidad de quien atente contra la honra de otra persona, o sencillamente culpar a los bloggers por lo que publique un tercero en los comentarios.
    Si bien se establecían excepciones en el proyecto de ley, parecía que, en el fondo, lo que se pretendía era obligar a los administradores de un sitio a eliminar los comentarios que resultaran “ofensivos”, lo que no iba a ser permitido por la ciudadanía digital, por supuesto. En sólo cuestión de días, y tratándose de un tema complejo que eventualmente podría constituir un atentado contra la libertad de expresión –y más concretamente contra la naturaleza misma de Internet y cómo ésta funciona–, la reacción desatada en blogs, prensa electrónica y especialmente redes sociales terminó sepultando el proyecto y obligando a uno de los senadores que presentaba la iniciativa a retirarla.

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Un medio para dominarlos a todos

El fin de semana recién pasado Michael Arrington, CEO y editor de TechCrunch (a quien recordarán por películas como “ese tablet es mío“), publicó una controversial columna en su sitio (¿está bajo el rating, Mike?) sobre el blogging, destacando los niveles de influencia que este medio ha alcanzado en la actualidad y la facilidad con que el blogger puede manipular a las masas, llegando a modificar sus ideas, comportamiento e incluso logrando anteponerse a sus pensamientos.

Es una cosa bastante maquiavélica la que plantea Arrington, desde luego; a simple vista más propia de las tácticas propagandísticas de Joseph Goebbels durante el III Reich que de un escritor amateur sentado detrás de un PC con WordPress en pantalla. Y si bien el editor del medio estadounidense no se molestó en detallar los procedimientos o “trucos” –como él mismo les llamó– que se emplean diariamente, anticipó que sí lo haría en sus siguientes artículos, asegurando así, además de un buen gancho publicitario, que todos podrían conocer en algún momento la verdad y apreciar cómo con total sutileza y sencillez un simple blog manipula masas.

Podemos creerle o no a Michael Arrington, pero el punto no deja de ser válido. En realidad no se trata de que exista una conspiración en que determinados bloggers quieran controlar el mundo (o quizá sí), sino de que editores sean capaces de arraigar una idea preconcebida en la cabeza de sus lectores, modificando su discurso y llevándoles a adoptar una determinada postura frente a alguna situación relevante.

Lo siguiente podrá parecer de todo menos políticamente correcto, pero la verdad es que de una u otra forma todo editor (viva o no de escribir en Internet) empapa sus artículos de subjetividad, desde aspectos tan sutiles e involuntarios como el vocabulario y los términos empleados –con sus correspondientes connotaciones–, hasta la inserción de juicios de valor disfrazados de imparcialidad y ayudados por argumentos emotivos y demás falacias. Pero lo primero es inevitable, pues a fin de cuentas el único texto objetivo existente (si es que) es el diccionario.

Esta última discusión (subjetividad/objetividad) pareciera ser en periodismo un tema zanjado, y ya nadie se horroriza porque un diario o editor adopte una determinada línea frente a lo que quieran. Pero el problema en el blogging podría tornarse un poco más oscuro, pues, como decía anteriormente, el redactor podría estar induciendo a la adopción de ciertas ideas no reconociéndolo abiertamente, sino a través de artimañas.

Desde luego este verdadero peligro se dará en unos casos y en otros no (tal vez la mayoría corresponda al segundo grupo), pero vale la pena insistir en que el punto hecho por el fundador de TechCrunch es más que interesante y posee bastantes ribetes de verdad. Así es que sólo resta incentivar a los lectores a “tener cuidado”, mantener una mirada crítica y siempre hacer dobles lecturas cuando se lea sobre algún asunto peliagudo en el diario de la esquina o el blog de enfrente.

“Simpático”, cuanto menos, tratándose de un medio que precisamente se desarrolla como canal de información alternativo a las grandes cadenas, ¿no?

Conclusión

Según el filósofo alemán Jürgen Habermas, la “opinión pública” era antiguamente un verdadero espacio de deliberación que, sin embargo, durante los últimos siglos acabó mutando a una especie de vacío en donde las masas se han visto influenciadas en exceso por la publicidad, y en que lo que se entiende por “opinión pública” realmente no es otra cosa que un artificio: el enfrentamiento de pensamientos provenientes de las élites intelectuales disfrazados de “opiniones generales” sin serlo realmente.

Si no fuera por fenómenos como la Web 2.0, y más precisamente la revolución de los blogs (con todas las críticas que puedan hacerse a su naturaleza), muy tristemente aquello seguiría siendo verdad. Sin embargo hoy en día podemos celebrar que ello, al menos en parte, ha cambiado.

Los blogs llegaron para quedarse, y a menos que surja algo realmente revolucionario e innovador durante los próximos años, su formato sencillo y democrático seguirá siendo la base no sólo del periodismo ciudadano y la redacción “alternativa” de noticias, sino también de la generación de opinión y la democratización de la información, convirtiéndose en un poderoso espacio de lobby público capaz de incidir en lo que importantes empresas privadas o un gobierno puedan hacer o dejar de hacer, y dándole un poco más de sustancia a ese artificio denominado “opinión pública”.

Tal vez no se cree en el corto plazo nada tan disruptivo como para jubilar de un momento a otro al blog, y en cambio su trono sea cedido lentamente a las redes sociales en un par de años o más, pero al menos por ahora, nadie podría aventurarse a afirmar que herramientas como Twitter o Facebook, más allá de contribuir a la creación de discusión y opinión, puedan cumplir a la perfección con el decisivo rol informativo y de presión que un blog puede generar. Y mientras ello no ocurra, la longevidad del blog pareciera ser un hecho.