Esos días de StarCraft [Opinión]

Esos días de StarCraft [Opinión]

Como si fuera 1999.

StarCraft no fue el primer RTS que jugué. Antes de él, Age of Empires y Warcraft habían sido mi primer acercamiento con el género, que me costaba algo asimilar pero al que de a poco iba agarrándole la mano.

Corría el año 1999, y con exactos 16 años ví StarCraft por primera vez en el computador de un amigo (Seth), e incluso me acuerdo de las especificaciones de aquella máquina: un IBM con procesador Pentium a 166 Mhz, 32 MB de RAM y GPU integrada de unos cuantos MB. En tiempos donde las resoluciones y los menesteres gráficos no eran un asunto tan relevante -menos con ese tipo de equipos- StarCraft era a la vista un avance muy sustancial respecto a otros juegos donde recolectábamos madera y fruta, y construíamos cabañas.

Con el juego instalado en mi disco duro (de 4,3 GB), el tutorial se me hizo sencillo, y aunque en cada etapa demoraba un poco más que la anterior, en un par de días tenía la situación controlada. Éramos varios los compañeros de curso que en paralelo íbamos completando misiones, ya sea de las campañas o los custom maps, así que el comentario al día siguiente daba vueltas en las diferentes técnicas que usaba cada uno para pasar alguna etapa. Nada de discusiones de yo soy mejor porque hago esto o esto: el primero que terminó la misión Desperate Alliance le explicó al resto mas o menos lo que se podía hacer para aguantar los 30 minutos de hordas Zergs. Después, la posición de los bunkers, o la distribución de los SCV para reparar las estructuras era cosa de cada uno.

Internet no era un medio masivo como por estos días, así que el juego en línea era medio limitado. Aún así, nunca faltaron los tarreos vía LAN donde las noches duraban unas cuantas partidas, o al menos eso daba la impresión. Sin embargo, en la última parte de ese 1999 ya éramos varios con acceso a Internet por red telefónica, con lo que las partidas online empezaron a hacerse más comunes. Por supuesto, que dominar el famoso rush de Zerglings era una obligación para cualquiera, y con mayor razón si queríamos jactarnos de ganarle a alguien, aunque quizás el enemigo más brutal y violento era el que llamaba por teléfono y nos botaba la conexión. La banda ancha, más que un privilegio, era un lujo innecesario para las necesidades de Internet de los estudiantes de ese entonces.

No tengo conciencia de lo que pasó previo al lanzamiento de ese juego, y no se como habrá sido en otros lugares del mundo; de seguro que la cantidad de expectación que hay ahora es mayor que la de ese entonces. Soy de una generación que conoció StarCraft de una manera muy distinta a la de hoy en día con el lanzamiento de StarCraft II, y que dimensiona todo de una manera diferente. Quizás porque el paso del tiempo nos tiene inmunes a los impactos de una imagen, y porque no necesitamos que nos vendan la segunda parte con globos y serpentinas: en el fondo, ya sabemos de que se trata. Para nosotros, para mis amigos del liceo y para mí, el primer StarCraft fue construyendo su leyenda no en base a anuncios y hype, sino todo lo contrario. Se fue ganando el espacio gracias a la cantidad absurda de horas que le dedicamos al juego, que era de esos que parecía no acabar jamás, porque siempre se podía hacer algo distinto o intentar alguna jugada novedosa. Ni mejores ni peores: esos días de StarCraft simplemente fueron distintos, muy distintos, y como dice Chris Sigaty, el botón de Battle.net en el menú principal era algo misterioso y para lo que había que tener agallas, además de una conexión a Internet que no se cayera a cada rato.

Nunca fui ni demasiado bueno, ni tampoco tan malo. Jugando en línea ganaba un poco más de lo que perdía, y de seguro que jugaba más de lo que estudiaba, tanto así que tuve que repetir el tercer año de la enseñanza media. Ya después con la masificación de Internet, los intereses de muchos de nosotros se diversificaron hacia otro tipo de juegos, o simplemente la motivación se fue perdiendo en pos de otras de experiencias. Demás está decir que a día de hoy estoy más oxidado que parachoques de citroneta, y que con suerte podría hacer el rush de Hydralisk, aunque de rush tendría poco.

Intentar esto en algunos PCs era poco recomendable

Pero si tengo que mencionar un juego que haya marcado un hito, independiente si lo siga jugando o no, ese es StarCraft. Y jugar StarCraft es como andar en bicicleta: no se olvida, solo hay que refrescar un poco la memoria con algo de práctica.

No tengo un PC para ver el juego en todo su esplendor, y aunque jugué a la beta sin problemas, por ahora la adquisición de StarCraft II queda en espera. Total, el primero lo conocí un año después de que saliera; menos apuro tengo ahora que estoy más viejo.

Link: Starcraft en Niubie