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Destacados 04/05/2010

¿Es Apple realmente un monopolio?

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(cc) kkimpel – Flickr

El camino del monopolio es una senda solitaria que recorren esas empresas  que combinan el éxito con el egoísmo. Por un lado, han conseguido una posición dominante en el mercado y, por otro, han ocupado medios poco santos para conseguirlo o bien aprovechan su podio para perpetuarse en él con malas artes.

En esta columna revisaremos el caso de cuatro empresas que han recorrido ese camino antes y veremos si acaso Apple está siguiendo sus pasos.

El caso de Microsoft se remonta a 1998, cuando el Departamento de Justicia de Estados Unidos (DOJ) presentó una demanda antimonopolio contra la firma de Redmond. El problema de fondo era si estaba permitido que la compañía incluyera por defecto su navegador web, Internet Explorer, en su sistema operativo.

Aunque las autoridades habían empezado a mirar con recelo a Microsoft desde 1991, no fue sino hasta que el navegador de la empresa eclipsó a Netscape cuando se convencieron de que sí, realmente incluirlo en Windows había sido definitorio. Esa misma condición se replicó más tarde cuando MSN Messenger eclipsó a ICQ, pero entonces las cartas estaban echadas.

Recordemos que estábamos en 1998 y en la mayor parte del mundo las conexiones de internet eran conmutadas. Descargar una aplicación de 3MB ya era una barrera de entrada para los productos de terceros.

En esa misma investigación se discutió también si Microsoft había alterado su interfaces de programación (APIs) para favorecer a Internet Explorer por sobre otros navegadores web, los acuerdos restrictivos de la empresa con fabricantes, y las intenciones de la compañía al tomar estas medidas.

En 2001, después de apelaciones varias, el DOJ alcanzó un acuerdo con Microsoft en el que la compañía se comprometió a abrir sus APIs con terceros, aunque no limitó de ninguna manera el que Microsoft “amarrara” software a su sistema operativo, lo que fue muy criticado por parte diversos sectores que consideraron que el acuerdo fue muy benigno con la empresa.

En Europa la película fue distinta. Las autoridades del viejo continente ya habían obligado a Microsoft, en 1993,  a sacar una versión sin Media Player. Este juicio tuvo su origen en un reclamo de Novell y dejó un potente antecedente en su condición de fallo adverso a la empresa de Bill Gates.

Cuando un reclamo de Opera en 2009 condujo a una réplica europea del juicio anti-Internet-Explorer sostenido en los Estados Unidos, Microsoft enfrentó autoridades con amplio conocimiento del tema, a diferencia de los confundidos investigadores que había enfrentado en 1998 en su país.  El resultado probablemente todos lo conocen: la Comisión Europea Antimonopolios hizo que Microsoft sacara un Windows 7 que no tiene browser por defecto. A cambio, ofrece la  famosa “ballot screen”, que permite al usuario elegir otro navegador.

Esta simple medida, que a primera vista es insignificante, ha tenido un fuerte impacto sobre los navegadores con menor participación. Mientras IE8 vio disminuir su participación, Opera triplicó su tasa de descargas. He ahí una consecuencia palpable.

Intel

Por otro lado tenemos a Intel, demandado por monopolio por su competidor AMD. La compañía texana, a la sazón capitaneada por el mexicano Héctor Ruiz, alegó que Intel los mantenía fuera del mercado aplicando al mismo tiempo amenazas e incentivos desleales para con los mayoristas de hardware, así como para con los grandes ensambladores.   Además, se acusó a Intel de reprogramar software compilador, de forma que los productos de la competencia no funcionaran a su total capacidad. En 2005, AMD ganó en Japón una demanda de este tipo, y tras este hito, la compañía presentó alegatos legales en Estados Unidos en contra de la empresa.

Este asunto quedó en el aire después de que Intel y AMD llegaran a un acuerdo para desistir de las demandas y en la que Intel pagó US$1.250 millones a AMD. Sin embargo, aún queda una demanda pendiente de la FTC a Intel, presentada por el regulador estadounidense a fines del año pasado y de la que aún no hay resultados. Por lo pronto lo que sí hemos visto es la sabrosa defensa de Intel que podría resumirse como “Si las empresas no usan AMD es porque AMD no sirve para nada“.

Las consecuencias de esta historia no se limitan únicamente al acuerdo extrajudicial, que por cierto incidió fuertemente sobre los resultados financieros de AMD en el cuarto trimestre. Desde que empezó el juicio ha habido todo un fenómeno en el cual los grandes ensambladores quieren evitar por todos los medios parecer coludidos con Intel. Antiguamente era común que algunos de ellos derechamente no tuviesen productos AMD en su catálogo siendo emblemático el caso de Dell, que por entonces era el líder mundial en ventas de notebooks y rápidamente se abrió a vender productos AMD. Tenemos también a  HP que hoy en día les da incluso más publicidad a los computadores AMD que a sus productos con procesador Intel, y hasta Apple ha manifestado su interés en usar CPUs de la compañía.

Google y Oracle

Estas compañías no han enfrentado juicios antimonopolios como tal, pero han alcanzado un tamaño tan considerable que cada vez que ponen sus ojos sobre una compañía deben someterse a interminables evaluaciones tanto de la FTC como de la Comisión Europea, sin mencionar autoridades locales de otras regiones del planeta que a veces son igual de quisquillosas.

En el caso de Oracle el ejemplo más reciente ocurrió con la adquisición de Sun, que a su vez había comprado MySQL. La concentración indirecta de las bases de datos en una misma mano llevó a que los defensores del software libre –incluyendo a Richard Stallman– pidieran a las autoridades bloquear la fusión, pero al final tanto el DOJ como la Comisión Europea dieron su aprobación.

La gran G está en una situación parecida. Si hace 3 años ya dominaba el mercado de las redes publicitarias, la compra de DoubleClick incrementó su dominio en aquel campo. Pese a los reclamos de sus competidores se quedó con la empresa y la Comisión Europea visó la adquisición en marzo del 2008. En el mismo rubro, hace pocas semanas compraron AdMob, una empresa de publicidad móvil.  Esa operación no ha sido aprobada por los poderes terrenales pero nadie espera realmente que la rechacen.

Por otro lado, el principal feudo de Google son las búsquedas, y en ese ámbito la empresa no ha estado libre de críticas. Muchas personas consideran que la manera como Google ordena los resultados les otorga un poder desproporcionado que virtualmente puede elevar o hundir un negocio en cosa de semanas. Google no tiene ni nunca ha tenido intención de explicar cuál es el algoritmo con que prioriza unos resultados sobre otros, por lo que la primera sospecha es que podrían manipular ese orden con total libertad y ninguna imparcialidad.

Este tema, que alguna vez se ha abordado al hablar del Google Hell o Ginfierno,  también es objeto de las investigaciones de las autoridades, aunque no hay nada formal por el momento.

El caso Apple

Anoche nos enterábamos de un rumor que ronda en la web, que dice que el Departamento de Justicia de Estados Unidos y la FTC (Federal Trade Commission) podrían estar preparando un caso contra Apple, y desde ya están  realizando consultas respecto a los cambios en el SDK de iPhone, que prohíben el uso de un sistema intermedio para la creación de aplicaciones, dejando fuera del sistema a Adobe Flash, MonoTouch y Silverlight en el teléfono de la manzanita y en el iPad.

Da lo mismo si vendes maní tostado o servidores, cuando el DOJ o la FTC te empiezan a investigar en seguida uno asume que te cayeron encima por conductas monopólicas. Por lo mismo, es oportuno pararse a reflexionar de qué se trata la investigación contra Apple y qué consecuencias reales podría afrontar.

El Wall Street Journal conversó hoy con Kenneth Glazer, consultor que hasta el año pasado formaba parte de la FTC. Glazer plantea la discusión en base a la siguiente pregunta: ¿Cuál es el mercado en donde Apple está ejerciendo actitudes monopólicas?

Esta interrogante contiene en sí toda la gravitancia en torno al juicio porque, ciertamente, está siendo tozudo y egoísta para con las plataformas de Adobe y otras, en desmedro de la experiencia de usuario, pero eso no es derechamente castigable con la legislación actual.

Por ejemplo, no podemos decir que con su actitud está monopolizando el mercado de los smartphones: dejar fuera a Flash no aumenta su participación, sino que tal vez hasta la disminuye. Por otro lado, no tiene más que el 25% del mercado en suelo estadounidense, y según Glazer es imposible construir un juicio antimonopolio sobre una participación de mercado menor al 40%.

Pero olvidémonos de los smartphones. El SDK 4.0 publicado hace algunas semanas obliga a los desarrolladores a usar únicamente las herramientas proporcionadas por Apple, dejando fuera lo creado a través de Flash o MonoTouch.

¿Está Apple monopolizando el mercado de las aplicaciones para smartphones? No,  porque en sí no es un fabricante de tales aplicaciones: ellos sólo hacen la plataforma. Es más: aunque creara aplicaciones, cada usuario puede instalar cientos o miles distintas. Una aplicación no siempre es sustituto de otra a menos que tengan la misma función, de manera que no hay tal cosa como un mercado de aplicaciones. Cada app es un mercado independiente que puede coexistir con todas las demás.

Al final, lo único que queda al despejar las incógnitas es preguntarse si acaso la actitud de Apple empeora la experiencia de usuario. La mayor parte de la gente, incluso los que son leales usuarios de la manzana, están de acuerdo en que serían más felices si Apple les permitiera usar aplicaciones Flash, pero eso no basta para construir un caso en la FTC. Con justificaciones como el post de Steve Jobs sobre la mesa, el argumento de Apple ya está planteado: Flash sólo les significa inestabilidades, lentitud, consumo de batería y apartarse de los estándares. Puede ser una postura completamente maqueteada pero funciona perfecto para defenderse de una acusación como esta.

En conclusión, Apple está recorriendo un camino similar al que han recorrido Microsoft, Intel, Oracle y Google, pero se encamina a un destino diferente. ¿Es un monopolio? Yo me inclino a creer que sí lo es, pero lo han armado de tal manera que las entidades regulatorias no tienen por dónde desbaratarlo.

** Cony Sturm colaboró en la investigación de este post.