Las crónicas de ALX: Ser videojugador [Opinión]

Las crónicas de ALX: Ser videojugador [Opinión]

Nunca me ha gustado escribir sobre cosas personales, lo encuentro fuera de lugar. Aquí (en teoría) se debe hablar de videojuegos, no tratar de endiosarse ni hacerse un mimado auto tributo.   No es mi estilo, tampoco es lo que pretendo… pero aquí voy.

Es difícil tratar de explicar por qué somos fans de algo,  improbable poder definir que es lo que hace que un eso nos guste tanto, pero eventualmente algo captura tu atención e indirectamente define una pequeña o gran parte de nosotros mismos.  Cuesta poder razonar lo emocional.  Aún más de 20 años después no se qué llamó mi atención a aquella maquina a la que había que introducir unas extrañas monedas (llamadas fichas) que capturó mis sentidos.  No era la gran cosa, sólo un montón de cuadrados interactivos de varios colores unidos en algo llamado “Popeye: The videogame”.  Era 1984, estaba en una galería de Estación Central acompañado por un primo; él tenía unos 15 años y yo 4.  Vi aquella máquina extraña y secuestró mi atención para no soltarla nunca más.

Ha pasado mucho tiempo, todo se ha ido complicando y ganando complejidad, pero esto sin dudas aún me gusta. Sin saberlo, ese momento marcaría mi vida para siempre: fue el responsable de conocer a buena y mala gente, de que gracias a ellos se me abrieron y cerraron muchas puertas, que esté hoy en este medio en contacto con ustedes, en conocer a quien será mi esposa y mucho más.  ¿Tan así? Dirán ustedes…y tan así ha sido.

Cuando trato de explicar que son los videojuegos para quienes somos más avezados en esto, recuerdo lo que es la música para Cameron Crowe (director de Casi Famosos).  El tenía un diario de vida en sus discos; según las experiencias que pasaba en determinado momento era la música que escuchaba.  Lo siento de manera muy similar.  Recuerdo épocas, momentos, personas y hasta olores según lo que jugaba en tal momento.  También, como en el cine o la TV, hay cosas que nos emboban pero cuando ya hemos crecido no nos gustan tanto o hasta pensamos “¿Cómo me gustó esta mier*a?”. Tal vez sucede ya que no somos los mismos, porque hemos madurado y nuestros gustos también.

Ahora, con la masificación de los juegos de video, este hobby pierde un poco de sabor.  Lo hace un poco menos tuyo.  Aún así, siempre he querido difundirlos porque los encuentro fascinantes. “¿Cómo te emocionai tanto por esas tonteras?” me preguntaban mis compañeros en la educación media (la prepa)…y me daba lata; lata que no supieran lo que era entretenerse, sentir a través de algo tan trivial como una pantalla.

Me considero afortunado: afortunado de poder compartir mi hobby, afortunado de poder apreciar lo que para muchos que no son videojugadores pasa inadvertido.  El intenso escape de Samus en el Super Metroid, la inolvidable aventura que fue Resident Evil 2, lo increíble que fue visitar por primera vez el pueblo de Silent Hill, sumergirse en las profundidades del mundo de BioShock, conocer del talento musical de compositores como Michael Giacchino, Noriyuki Asakura, Koji Kondo, Michiru Yamane, Harry Gregson-Williams y tantos otros.  La emoción de ganar un peleado partido de futbol online, la experiencia de jugar todos los Megaman habidos y por haber, de aprender inglés de manera mayúscula, de sentir la muerte de un personaje querido y celebrar el gozo de derrotar a un imperio, incluso aprender sobre historia y cultura general…. y me quedo corto.  Cosas que para muchos tienen un nulo sentido, para mí son parte de mi curriculum de vida.

Mientras hay quienes -cuando escriben o comunican a través de los medios- se jactan con opiniones infantiles, autoritarias y endiosantes con un exceso de soberbia y hasta prepotencia al hacerse dueños de la verdad absoluta; mientras hay parlamentarios, políticos, autoridades y periodistas serios que creen que esto es sólo negativo y es la obra de Satán, hay y siempre habrá gente como yo. Personas para quienes los videojuegos son una faceta, una experiencia que puede hacernos sentir y recordar tanto como esa película, hacernos pensar y meditar tanto como aquel libro.  Personalmente, me recuerdan el logro de largas esperas y esforzados ahorros, de tiempos en que había menos responsabilidad y más tiempo libre, de personas que quiero mucho y que lamentablemente ya les tocó partir, de cómo los extraño.

Sé que, de una forma u otra, los integrantes de este humilde medio sienten lo mismo, por algo están aquí.  A punta de pasión y de entrega, de gusto y de ganas por lo que hacemos escribimos, comunicamos y compartimos con la más grande de las humildades.  Podemos a veces olvidar detalles, sonar infantiles y obviar a ratos la objetividad.  Pero recuerden, después de todo nosotros también sentimos… también jugamos.

Link: Televitos.com (nuevamente muchas gracias por prestarnos este viejo material)