Mi Terremoto personal Mi Terremoto personal

CHW es un medio para discutir de Hardware, pero antes que eso es una comunidad y. como tal, la historia de las personas importa más que las máquinas. Esta es mi historia, y la cuento para escuchar las suyas en los comentarios.

Mi Terremoto personal

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CHW es un medio para discutir de Hardware, pero antes que eso es una comunidad y. como tal, la historia de las personas importa más que las máquinas. Esta es mi historia, y la cuento para escuchar las suyas en los comentarios.

Eran las 3 y media de la mañana del 27 de febrero de 2010. A esa altura mi hijo y mi mujer dormían plácidamente y debo decir que yo también. De pronto, un fuerte ruido subterráneo nos despertó y mi mujer me apretó la mano. Yo la tranquilicé como siempre hago, porque ella tiene la costumbre de salir corriendo al menor indicio de temblor, como si en la calle no estuviera temblando. Pero el temblor empezó, siguió y lejos de pasar fue subiendo en intensidad. Ella tomó a nuestro hijito envolviéndolo con una manta y corrió a la calle.

Yo por principio, me niego a huir ante los temblores, así que me quedé pensando qué sería lo más racional. Entonces recordé una vieja TV CRT de 30″ que pesa como 70Kg o más en el tercer piso. A diferencia de la losa que divide al primero del segundo, el segundo con el tercero están separados por una estructura ligera y esa TV perfectamente puede perforarla, así que corrí hacia el tercer piso comprobando que el movimiento ahí arriba era mucho peor. Por su misma esencia de construcción ligera, esa parte de la casa parecía el tagadá. Los libros volaban de las estanterías. Las plantas rodaban por el piso y la TV ya estaba en equilibrio precario asi que me apuré a sostenerla mientras al piso me obligaba a bailar como Elvis.

El ruido era ensordecedor y yo enumeraba mentalmente a mis seres queridos: Si uno de mis perros salía a ladrar fuera del cobertizo, lo podía matar la caída de una teja. Mi abuela le tiene terror a los templores y a sus 83 puede que pare las patas. Una de mis tías está con una bomba de morfina que la ayuda a resistir el dolor de su cáncer terminal, pero esa bomba quedaría sin alimentación eléctrica. Mi suegra está en Galvarino con sus amigos mapuches, y si quedan sin comida capaz que se la coman a la vieja, pobres mapuches, esa carne debe ser muy amarga. Pensé también en las cosas que seguro se harían añicos con el movimiento: la TV de la cocina que está en equilibrio precario sobre el refrigerador. El florero horrible pero carísimo que está en el comedor. El cuadro al óleo que una amiga me pintó a mano… no logré que me hiciera un desnudo pero sigue siendo un trabajo exquisito. En todas esas cosas pensaba mientras el movimiento iba empujando la TV más y más a la orilla y me dí cuenta de que no podría aguantarla más, pero que tampoco podía dejarla caer sin que me aplastara. Me había puesto a mí mismo en una situación en la que iba a salir muy mal parado y empecé a pensar en cómo correrme sin que me reventara un pie, pero luego, tal como había empezado, el movimiento paró. Logré afirmarme mejor y empujé la TV hasta el equilibrio. Me di cuenta de que estaba temblando como Muhammad Ali y decidí bajar rápidamente.

Afuera la situación era un festival de linternas, todos los vecinos y sobretodo sus hijos corrían pero más fascinados que asustados. Se escuchaban comentarios como:

“Habrá que pedirle a Haití que devuelva los suministros”.

o también:

“Escalona nos advirtió contra la Alianza”.

Dentro de todo, los ánimos no eran malos porque no estábamos en las ciudades que realmente resultaron devastadas, ni en los barrios que sufrieron más daños estructurales. Pensábamos que todo Chile estaba igual de “ileso”. Encontré a mi mujer, mi hijo aún dormía en sus brazos, y la convencí de entrar en la casa. No me hizo caso y me mandó a buscar la linterna. Yo entré y, a pié pelado como estaba, en el peldaño que separa la entrada de autos del recibidor me dí un golpe que me hizo ver estrellas. Un puntete de antología, de esos que uno reserva para chutear los penales. Pero bueno, todos los golpes a pie pelado duelen mucho, supongo que todos se han visto con la pata de una mesa en el dedo chico del pie derecho.  Entré, saqué a los perros que duermen en la loggia comprobando que sólo habían caído unos envases plásticos, afuera los perros más grandes los saludaron. Lametazo por aquí, lametazo por allá, olerse bajo la cola, se convencieron de que estaban todos bien y conversaron sobre el temblor: “oye Jacinto cachaste el medio temblor?” “Si Pimienta, casi se me cayó la casa plástica”.

Subí al segundo piso, encontré la linerna en mi velador, entré a la pieza del PC y pisé algo que se quebró. Pensé que era la caja de un DVD y seguí avanzando. Mi colección de elefantes estaba intacta, no cayó ni uno solo. Todos ellos se habían refugiado tras la estatua del dios Ganesha que los protegió. El resto: las fotos, Mace Windu, hasta un Moai Cava Cava salieron volando al piso. ¿Coincidencia?

Giré en redondo a ver qué se había quebrado. Era un cuadro muy importante para mí, de un viaje que hice hace ya 17 años. La foto quedó intacta pero el vidrio se hizo añicos. Me encuclillé para recoger los vidrios, no fuera cosa que mi hijo se enterrara alguno por andar gateando, y entonces veo que está todo el piso lleno de sangre y a la luz de la linterna que en realidad no alumbra nada, empecé a revisarme las manos a ver si me había cortado con los vidrios, luego pensé que era sangre del gato, pero luego mi cabeza me recordó que todavía me dolía el pie una barbaridad del golpe en el recibidor, y me alumbré: tate, tenía el pulgar reventado, la mitad de la uña colgando, un pedazo de carne faltaba olímpicamente. En fin, volví a salir, mi mujer venía entrando y mi hijo estaba moqueando y tosiendo.

Mientras ella y mi hijo volvían a la cama, me lavé la herida como pude, volví a  la cama y dormí a saltos con un dolor enorme en el pie. Pensé que al otro día ya estaría todo regularizado pero al despertar no había luz ni agua, teléfono ni señal de celular. Al salir, mis vecinos comentaron que el tema era mucho más serio de lo que comentamos en la noche. Encendí una radio a pilas y me enteré de la magnitud de la situación. 8.8 grados en la escala de Richter. Centenares de muertos y algunas ciudades borradas del mapa. Saqueos y tsunamis. En el recibidor, además, encontré el pedazo de carne que faltaba de mi pie. Las hormigas se lo estaban comiendo y me sentí violado, pero las dejé porque en esta vida hay que premiar el buen gusto.

Esta foto, y la galería que la acompaña, podrán verla en El AMaule, un diario ciudadano de la séptima región.

Pasamos las primeras 40 horas sin luz, perdimos casi toda la comida refrigerada. Nos alimentamos de galletas y mi hijo comió todos los alimentos colados que habíamos comprado por si acaso. Se rompieron muchas cosas, pero mi mujer, mi hijo y mis animales están a salvo. La Clarita (una perrita que vive en la esquina) comió como dos Kg de carne que se descongeló. Ahora iré a darle un poco más.

Tengo la suerte de no lamentar desgracias personales, tengo la suerte de que mi casa no sufrió daños. Sin embargo nadie puede ser insensible a la catástrofe que enluta al país. CHW es la comunidad de hardware más leída del mundo y obviamente de Chile. Como tal, más que un simple medio de noticias tech somos una fotografía a escala de la realidad latinoamericana y chilena. Les pido, humildemente, que usemos los comentarios de este pequeño testimonio para que cada uno cuente brevemente su experiencia. No nos olvidemos que hicimos este sitio para reunirnos a conversar sobre tecnología, en donde “reunirnos” y “conversar” son lo importante y la tecnología no es más que un hobby.

Si quieren usar este sitio para contactar a amigos y conocidos, adelante no más. Yo se que humildemente somos muy pequeños frente a Emol o Twitter, pero la verdad yo no conozco a nadie en Emol y casi no uso Twitter. CHW es mi casa como lo es de muchos usuarios que conocieron acá a muchos amigos, socios, parejas y hasta enemigos. No nos olvidemos que somos un grupo de personas antes que una revista digital o un medio electrónico.