Columna: En las cifras de piratería, hay algo que no encaja

Columna: En las cifras de piratería, hay algo que no encaja

La campaña de 2004 del Gobierno español tildó de delincuentes a todos los internautas españoles

En unos días en que en la comunidad internauta española no hace más que hablar sobre un tema que en FayerWayer hemos tocado a menudo, no hago más que darle vueltas al cómo y por qué se presentan las cifras de piratería.

La cuestión está en que de un tiempo a esta parte muchos informes se contradicen entre sí, y no por poco precisamente. El objetivo y blanco entre tanta polvareda en todo el mundo es el mismo: el frenar la piratería a nivel mundial.

Entenderéis que al ser español estoy mucho más al día de lo que ocurre en España que en otros lugares del mundo, pero juraría que en todas partes hay casos similares, y todos ellos, originados en Estados Unidos. Voy a poner algunos ejemplos que ilustran que hay algo que no encaja.

España reporta pocos beneficios a Estados Unidos

España está formada por comunidades autónomas -lo que en otros países equivaldrían a estados- y algunos de ellos tienen muy arraigados rasgos de identidad propia desanclados del país en general, y dedicados a tradiciones y costumbres propias de cada región.

De las más radicales en este sentido están el País Vasco o Catalunya. Esta última se encuentra en pleno proceso de conseguir la independencia, y al margen de que al final lo consiga o no -al igual que el País Vasco-, tiene como estandarte de batalla el catalán, la lengua reconocida a nivel español como tal para la comunidad, pero NO reconocida como idioma oficial del país. En este sentido hace bastantes años tuvo lugar un hecho un tanto curioso y sin precedentes, pero que bajo mi punto de vista debería explicar lo que está ocurriendo ahora mismo, no sólo en España, sino en todo el mundo.

En Catalunya viven cerca de 7 millones de personas, entre catalanes, emigrantes nacionales e internacionales, etc. Y en dicha zona se doblan algunas películas al catalán, se hace cine en catalán, y quien quiere tiene a menudo la oportunidad de ver los grandes éxitos de taquilla en catalán. Cuando la iniciativa se puso en marcha -a principios de 1995- coincidió con época pre-electoral, y lo que vendía -y se vende– es desmarcarse del idioma del reino, el español, por lo que todo tenía que ser en catalán. Así que un grupo de políticos tomaron un avión, se plantaron en Hollywood y, después de exponer lo que es Catalunya, apuntaron que si la mayoría de películas destinadas a Catalunya no venían en catalán, no se proyectarían en los cines.

Ante este hecho, las majors de Hollywood dijeron que los beneficios del cine en Catalunya representaban menos del 2% de la recaudación a nivel mundial, y que con eso no se cubría, ni por asomo, el costo del doblaje a dicha lengua de cada producción. Pero que si no les gustaba dejar las cosas tal y como estaban, simplemente las producciones americanas abandonarían Catalunya, y esta comunidad se quedaría sin cine. Los políticos regresaron de su misión imposible sin éxito, y ahora mismo, 2 de cada 10 películas se exhiben en catalán, dobladas en muchos casos en Catalunya. Que remedio, ¿no?

Pues no. Vuelven a las andadas y quieren más. A lo que me refiero es que, con unas cifras tan bajas, en Hollywood les da igual lo que ocurra en alguna -y solo alguna- región de España en relación al cine. Y además, avisaron que si les imponen normas de lenguaje, cogen y se largan. Luego, si muchas películas jamás llegan a alguna región española, ¿que alternativa les queda a los que viven ahí para verlas? ¿Paciencia y videoclub? Creo que no, que los tiempos no corren por estas direcciones…Vamos a llamar a este ejemplo el ‘caso A’.

Estados Unidos saca partido del producto español

Con una audiencia potencial cercana a los 4o millones de espectadores que hay en España, es evidente que los actores españoles que son considerados “buenos” tocan techo rápido. Sólo algunos ejemplos de actores: Javier Bardem, Penélope Cruz, Antonio Banderas, Jordi Mollá. ¿Directores? Alejandro Amenábar o Pedro Almodóvar. ¿Compositores? Manel Camp o Carles Cases. ¿Y que hay de la música? Julio Iglesias se forjo en países latinoamericanos, al igual que Miguel Bosé. Mónica Naranjo se forjó en México, David Bisbal crea y compone en Los Angeles y Alejandro Sanz vive y trabaja en Miami. En todos estos casos mencionados -y algunos que me dejo en el tintero- hay clara influencia estadounidense. Y son en parte productos americanos los que son representados por estos artistas, aunque en muchos casos llegan a las estanterías españolas con sellos de filiales españolas, evidentemente. Vamos a llamar a este ejemplo el ‘caso B’, y ahora vamos al caso de la cultura española se muere.

En España la cultura se muere (¿?)

La cultura española se muere por culpa de la piratería. Esta frase suena atronadora desde hace años en España. Y hay más: La comunidad internauta roba material con derechos de autor y no lo paga. Cada descarga podría ser una compra. El internauta español que descarga es un delincuente. Nos vamos a la ruina en picada si no ponemos freno a la piratería a cualquier precio. Este es el ‘caso C’.

Estados Unidos se enfada cuando el producto español supera al suyo, pero en España se llora

El caso C choca frontalmente con las cifras de recaudación nacionales del 2008 y 2009. Éxitos como “Los abrazos rotos”, “El Orfanato”, “REC 2”, “Celda 211”, “Ágora”, “Spanish Movie” o “Planet 51” se enfrentan a las grandes producciones de Hollywood, ganan, y arrasan en taquilla a nivel internacional. Se nombran en los Globos de Oro, se postulan para los Oscar, y tiene repercusión internacional. Ver aquí o aquí. El éxito del cine español en todo el mundo de los últimos tiempos no tiene precedentes en la historia. Y es aquí donde “casualmente” surgen otra vez informes procedentes de Estados Unidos que apuntan que España está a la cabeza de la piratería -dicen- pero que no recuerda que las recaudaciones se quedan en gran parte en Estados Unidos, lo que demuestra, que si el espectador va al cine puede que se descargue de la red la película, y al revés. Pero este dato en los informes estadounidenses no aparece. En España, desde la perspectiva estadounidense, somos los malos cuando descargamos sus productos. Aquí una prueba.

En España la cosa es peor: la cultura se muere por culpa de la piratería. ¿Donde se queda el beneficio de taquilla en su mayor parte? Si es un producto nacional, en la nación, evidentemente; si es un producto español, en España, ergo, gana el cine español a todos los niveles. Pero la cultura se muere por culpa de la piratería. Este es el ‘caso D’. Pero vamos a ver; la misma industria es la que facilita los datos de los artículos enlazados anteriormente; ¿en que quedamos?

¿Todo es mentira?

Personalmente cuando junto los datos de los casos A, B, C y D no veo las cifras en global. Sólo veo lo que se pierde -presuntamente- por culpa de la piratería. Parece que la piratería es la culpable de que, algunos, vez de ganar 1000 ahora ganen “sólo” 990. Cuando desde la UE se recortaron las ayudas al cine todo el mundo se apuntó a que eso era lo que la piratería pretendía: matar al cine. Cuando se pregunta a un músico nacional porqué se va a trabajar fuera del país no se le pregunta qué le parece que de los 20 euros que vale su último álbum, él sólo se lleve 2 euros de beneficio. Nadie cae en la cuenta de que comprar música por la red es un 400% más barato que comprar en la tienda de discos. Nadie recuerda que por ley yo puedo prestar una película en DVD a un amigo, por si no la ha visto en el cine, o por si no quiere comprarse una copia. Y nadie menciona que quien vende copias de películas y de discos musicales en plena calle -el denominado top manta– es el único que infringe la ley, y se beneficia económicamente de un material que no es de su propiedad.

Lo que se olvida, aunque es evidente

Nadie cae en la cuenta de que por cada película española, se presentan 15 estadounidenses. Nadie cae en la cuenta de que por cada músico nacional hay 25 estadounidenses. Nadie cae en la cuenta de que una gran superproducción americana llegará a la red en cuestión de horas y será descargada en todo el mundo, y nadie se da cuenta de que cada vez se descargan menos películas españolas, porque cada vez hay menos películas españolas, y de calidad. Es una simple cuestión de mayoría aplastante, aunque evidentemente, también cuenta la calidad de la película, o del artista.

Nadie cae en la cuenta de que en España cada vez se hace menos música; ahora se le llama música a cualquier producto nacido de un programa de televisión mediante una maquinaria de márketing perfectamente engrasada cuyo objetivo es vender, al margen de su calidad. Y eso ocurre en el cine, en la música, y en las series de televisión. Claro que se quejan en Estados Unidos de que en España bajemos “sus” series, porque en España apenas hay series nacionales, y las pocas que hay gustan a un público muy concreto, que no público general. Y así, volvemos al tema de la calidad comentado hace unas líneas. Pero ey, que la piratería está matando a la cultura.

La piratería es una pequeña parte del problema, pero no todo el problema

Que no. En los casos A, B, C y D sólo veo incoherencias, y casos de que cuando al auténtico artista y al bien común se le busca una solución, se encuentra. Sólo veo casos de fracaso y de acusación de culpables de los males de la cultura -que en parte son ciertas- pero no reflejan ni los éxitos ni, sobretodo, se plantean el porqué ocurre lo que ocurre. Tal vez sería cuestión de que los de arriba se sentasen e intentasen plantearse porqué pasa todo esto, y se diesen cuenta de una vez, que cuando un producto compite contra una avalancha de oferta extranjera, y además es un producto nefasto, no interesa a nadie, aunque se cuelgue en la red. Muy a menudo un buen producto se descarga de la red cuando el usuario ya tiene el original, o ya ha visto la película. Y que cuando las cosas no funcionan se imponen cambios teniendo en cuenta que la evolución y el progreso son imparables.

Os invito a tomar los ejemplos mencionados y a que los adaptéis a casos que haya ocurrido en vuestro país. Seguro que surge la misma pregunta: ¿Porqué las cifras culturales sólo muestran casos de fracaso pero no sacan a relucir los éxitos, aunque estos superen a los primeros?¿No dicen toda la verdad o directamente mienten? ¿Qué es lo que no encaja en las cifras de piratería?