Démosle una oportunidad a la nube Démosle una oportunidad a la nube

Es cierto, la nube todavía no está madura. Es muy pronto para cambiar todo nuestro centro de operaciones a servicios web, pero tengamos claro que hacia allá nos dirigimos. Es hora de perderle el miedo y darle una oportunidad.

Démosle una oportunidad a la nube

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Es cierto, la nube todavía no está madura. Es muy pronto para cambiar todo nuestro centro de operaciones a servicios web, pero tengamos claro que hacia allá nos dirigimos. Es hora de perderle el miedo y darle una oportunidad.

Hay muchas razones para no confiar en “la nube”, el concepto ese de mantener nuestra plataforma computacional en algún servicio remoto que depende de un tercero.

Para empezar, no tenemos control sobre los procesos productivos y la optimalidad del área de operaciones. Aunque seamos los maestros de ITIL v3 y tengamos Cinturón Negro dan 7 en Six Sigma y cuanta certificación ISO se les ocurra, las buenas prácticas que podamos imponer en nuestra empresa no son transferibles al servicio que nos da la nube, en donde es posible que haya un chimpancé manteniendo las máquinas en un baño público de Las Vegas. Nunca lo sabremos.

No tenemos control sobre los respaldos de la información, la continuidad operacional o uptime, ni la seguridad de los datos. Básicamente el único control que tenemos es usarlos en los términos de servicio que ofrecen o simplemente no usarlos. Ante esta elección la mayoría de las empresa opta y seguirá optando por hacerles el quite: es una cuestión de confianza y todavía confían más en Microsoft o su proveedor actual in house.

Tenemos claro que a la nube le falta mucho para ser una plataforma viable que le dispute al PC el privilegio de alojar nuestro material más valioso, la información que es fruto y fuente de trabajo y, sin embargo, aquí estoy escribiendo un artículo para decir que lo que hoy nos parece inviable mañana será natural.

La nube no es tan mala como la pintan (cc) snake-eyes – Flickr

Ejemplos de la Nube Malvada

Ya que he confesado mi intención, para mí lo más óptimo sería convencerlos contándoles casos de éxito. Esta empresa que ahorró millones por cambiarse a Amazon Webservices, esta otra que dio el salto y ahora usará Google Apps, etc etc. Pero creo que es más honesto partir diciendo: muchas empresas, llenas de gente que sabía más que yo, tomaron la decisión de pasarse a la nube y en algún momento lo lamentaron. Aún así, otras empresas y ellos mismos aprendieron de estos problemas y seguirán insistiendo en la nube tomando los resguardos para no arrepentirse.

Tenemos por ejemplo el caso de todos los servicios web 2.0 que se alojaban en Amazon AWS. En julio del año pasado AWS estuvo caído por tres horas y arrastró consigo a decenas de servicios que alojaban en la nube.

Hace pocas semanas hizo noticia el caso del Sidekick, un smartphone exclusivo de T-Mobile, fabricado por Danger (hoy parte de Microsoft) cuya principal gracia es que aloja tus contactos, notas, correo  y mensajería en la nube. Producto de un upgrade al storage area network, algo salió mal y se perdió toda la información. Aunque después de varios días pudieron recuperarla, mucha gente estuvo literalmente todo ese tiempo sin poder trabajar. Junto con ese perjuicio, la imagen de T-Mobile resuló enlodada sin tener culpa y la nube se desprestigió otro poco.

El mes pasado la internet en Suecia colapsó dos veces. Una por la invasión de chinos buscando el legendario pueblo de las lesbianas. La segunda un script mal hecho. Bueno… a todo el mundo se le cae la internet alguna vez, ¿Cierto? Tal vez, pero ¿Todo un país al mismo tiempo? Muchos servicios orientados a la atención a público dependen, en muchos países desarrollados, de la internet. Las transferencias bancarias, la reserva de hora en hospitales, las citaciones judiciales. En algunos países incluso han desechado los sistemas tradicionales: ya no enseñan el método manual porque asumen que no necesitan saberlo. Si se te cae la internet en la casa y no logras ver la dósis diaria de porno seguramente sobrevivirás. Por desgracia, cuando todo un país queda sin internet la cosa no es tan trivial y ¿Por qué? Por depender de la nube. En la práctica ni siquiera hay que buscar el ejemplo sueco. También uno de los mayores ISP de Chile estuvo caído por varias horas hace poco, y potencialmente el daño pudo ser comparable al sueco, guardando las proporciones.

Sigamos: ya que “a caballo regalado no se le mira el diente” nadie tiene cara para reclamar cuando se cae Gmail pero, ¿Qué hay de las empresas que pagan por el servicio? Claramente para ellas no es trivial haber cambiado el clásico servidor exchange por la nube, pensando en ahorrar costos, y quedarse toda una tarde sin correos.

En todo caso me estoy saltando el ejemplo obvio: qué pasa con el hosting de sitios como el que usted, querido lector, está leendo en este mismo instante? Claramente podríamos contratar un plan de “banda ancha” con un ISP nacional y poner el servidor en la oficina, pero eso difícilmente igualaría los 100Mbps internacionales que tenemos hoy.  A cambio siempre será más conveniente y eficiente tener el sitio alojado en un proveedor de hosting o colocación, con el riesgo que eso conlleva.

Lo comprobamos cuando el sitio tenía un año de vida (el célebre primer impacto gentileza del gordo chanta) pero no sólo los proveedores amateur corren riesgos. En este momento alojamos en uno de los líderes del alojamiento mundial como es The Planet, pero ellos no son inmunes a que les explote una granja de servidores.

Al final, creo que todos estos incidentes tienen un problema en común, y no es la confianza en la nube sino la imprudencia en general. Prácticamente no hay ningún servicio en la nube que no soporte alguna clase de redundancia para no perderlo todo en caso de que falle. Si es alojamiento, es tan simple como hacer respaldos periódicos off-site. Si es un webservice, podrías tener un sistema redundante para servir el webservice desde tu oficina (a una velocidad paupérrima, pero es mejor que nada) en caso de que se caiga el de la nube. Y si la internet se cae y se corta la luz bueno, dependiendo de cual sea tu negocio siempre tienes que tener como última alternativa sacar lápiz y papel y empezar a trabajar como nuestros abuelos.

Un mundo sin la nube

La base de la economía está en que todos salimos dotados de diferentes habilidades. Yo tengo facilidad para escribir cosas como la que están leyendo y mi mujer sabe poner una vía arterial sin causar dolor al paciente. Ella probablemente puede escribir un artículo si se lo propone y yo, a punta de prueba y error, a lo mejor lograría poner un teflón en la arteria de un paciente si me dan el tiempo suficiente y me lo sujetan bien pero ¿Por qué querríamos hacer eso? Es mejor que si necesito ponerme una vía le pida a ella, y si ella necesita redactar un texto informativo me pida ayuda a mí. Es absurdo que por no acudir a quien sabe hacer las cosas terminemos haciéndolo mal y perdiendo mucho tiempo en el intertanto.

Esto no sólo se aplica a las personas. El tema de las ventajas comparativas se aplica a todos los ámbitos: Canadá podría plantar tabaco y caña de azúcar, pero es mucho más eficiente comprarle esos productos a un país caribeño. Una persona con suficiente capacidad física podría subir el Everest sin ayuda, pero sería más sensato hacerte acompañar por un sherpa. Finalmente, yo podría hacerme un computador de palo pero si espero que encienda y poder trabajar con él, es bastante obvio que lo correcto es comprarlo a alguien que sepa fabricar computadores.

Entonces, si todos los ejemplos planteados son tan evidentes, ¿Por qué no sale nadie a decir: “Algo tan crucial como el cultivo de la caña de azúcar no puede confiarse a un proveedor externo cuyas prácticas desconocemos“?  En realidad no hay nada de malo en esa inquietud. Efectivamente, cuando hay en juego cosas que nos importan no queremos que el proveedor sea una caja negra. Las marcas de USA que están fabricando ropa o electrónica en maquiladoras chinas de a poco han logrado involucrarse más en ese servicio que están externalizando y, sin perder las ventajas comparativas de producir en China, han controlado variables adversas como las malas condiciones de trabajo y el trabajo infantil. No digo que las maquiladoras chinas sean perfectas, pero sí que es posible combinar las ventajas de la externalización con las seguridades del control de las operaciones… hasta cierto punto.

Al final del libro “Cándido” de Voltaire, el protagonista y su maestro terminan cultivando la tierra en un pequeño huerto detrás de su casita y concluyen: la verdadera felicidad está en esta simpleza. Cualquier otra aspiración es buscarse puros problemas.

Es una tarea de tiempo completo

Estoy de acuerdo, mientras mayores las aspiraciones mayores los problemas. Si nos proponemos autoabastecernos podremos vivir como unos Robinson Crusoe modernos, no depender de nadie y evitarnos casi cualquier tipo de problemas. Lo malo es que tampoco podremos aspirar a más que subsistir: difícilmente nos quedará tiempo para ningún otro proyecto. ¿No considera usted, querido lector, que su tiempo estaría mejor empleado en algo que no fuese producir suficientes verduras para alimentarse? Así mismo, nadie dice que las soluciones in-house sean necesariamente peores que las que ofrece la nube pero ¿No estaría mejor empleado el tiempo desarrollando el modelo de negocios que nos es propio en vez de gastarlo en tareas que son un commodity?

Ese pensamiento lleva a la especialización de las tareas, eventualmente al trueque, luego al comercio con dinero y así sucesivamente. Cada nuevo progreso es también fuente de nuevos problemas pero ¿No vale la pena acaso?

En un mundo sin ventajas comparativas, comercio y subcontratación de servicios no habría que responder a esta pregunta, porque no tendríamos opción.

La Nube en nuestra vida diaria

No es necesario apelar a ejemplos tan exóticos como Canadá o el Everest para ejemplificar por qué necesitamos y usamos la nube. Aterricemos el problema: hoy en día pasar el núcleo de las operaciones a la nube nos merece desconfianza e inquietud. Si le preguntamos a un gerente por alguna razón para mantener los servidores de correo en una bodega mal ventilada en vez de mover todo a Gmail escucharemos conceptos del estilo: “Necesidad estratégica”, “Continuidad operacional” y “Seguridad de la información”. A primera vista es válido ¿No es cierto?

Sin embargo, en nuestra vida diaria las necesidades estratégicas, la continuidad operacional y nuestra propia seguridad dependen de servicios mucho más simples. A riesgo de ser reduccionista, para que un lugar sea habitable basta con que tenga agua y electricidad. Esos son los servicios más cruciales, los más estratégicos de todos, y sin embargo los confiamos a una metáfora de la Nube.

El Agua potable, por ejemplo pese a lo crítico de este recurso, no tenemos pozos, motobombas ni estanques en el techo. Aceptamos que el suministro de agua potable lo ofrezca una empresa que hace “streaming” de agua, el cual puede cortar en cualquier momento dejándonos sin ducha matutina o sin poder hacernos una taza de té.

La Energía Eléctrica, misma cosa anterior. Salvo algunos equipos  como la cámara digital y el notebook, no usamos baterías en el hogar ni menos tenemos generadores de emergencia. Un servicio tan crucial como aquel que energiza el refrigerador está fuera de nuestro control. Ambos son servicios en los que no tenemos garantía del suministro y sólo nos conectamos a un API que es el tendido eléctrico de la calle o la red de agua potable. A lo mejor la conexión del hogar a los servicios básicos es una metáfora del API de Google Apps y Amazon Webservices, o a lo mejor es al revés. Lo importante es que ambos son ejemplos de la misma decisión, dejar que otros hagan algo que dominan mejor que nosotros.

Pongo estos ejemplos para señalar que así como hoy nos parece tan natural dejar que nuestras necesidades energéticas e higiénicas dependan unilateralmente de un proveedor de electricidad o agua, en el futuro nos parecerá natural tener todo o casi todo en la nube. Habrá redundancia y sistemas fallback por si las cosas fallan, y encriptaciones superiores para que la información confidencial no corra riesgo aunque se aloje en el otro extremo del planeta.

Nuestros tatarabuelos probablemente tuvieron que tomar una decisión similar cuando llegó la hora de poner luz eléctrica en las casas: ante un suministro incierto y poco fiable, lo que hicieron no fue negarse al invento sino mantener una buena provisión de velas (no sólo sirven para iluminar, como se ve en la foto) por si acaso: ese es el ejemplo más básico de una opción fail-safe. Con el agua potable pasó lo mismo: en muchos pueblos hasta hace poco se mantenían los pozos porque la gente no confiaba 100% en el suministro de agua potable.

Tal vez, digo yo, la pregunta no es “cuánto debe mejorar la nube” para que la usemos con confianza, sino “cuánto debemos aprender nosotros” para sacar provecho de la nube sin exponernos a perderlo todo por no tomar las precauciones adecuadas, o bien para no quedarnos encerrados con las soluciones tradicionales que nos salen más caras (por costos de mantención y actualización) y andan peor.

Entre el extremo de las empresas que se empecinan a tener todo internalizado y pierden eficiencia, y aquel de las que se juegan el todo por el todo y saltan a la nube precipitándose a veces al vacío, hay un amplio espacio en donde muchas empresas -no sólo de tecnología- aprenderán a aprovechar las ventajas de la nube sin descuidar sistemas de respaldo. Considerando que la Nube llegó para quedarse, veamos cómo podemos sacarle un milímetro de ventaja a la competencia echando mano de este nuevo y desconocido recurso.