Columna: Microsoft Windows 7 y los 7 años de espera

Columna: Microsoft Windows 7 y los 7 años de espera

A diferencia de la gran mayoría de los usuarios actuales de Mac, que en el pasado tuvieron un PC y luego se cambiaron, mi experiencia fue al revés. Soy uno de los switchers elevados a la menos uno: yo me cambié de Mac a PC y más tarde casi vuelvo a Mac, pero Windows 7 me hizo cambiar de opinión.

Corría el año 2000, cuando era el feliz poseedor de un iMac G3 Bondi y un PowerMac G3, dos máquinas en ese entonces ya algo viejas, pero que para mis necesidades y las exigencias de Mac OS 9, funcionaban de lo más bien, a tal punto que no envidiaba en lo más mínimo otros computadores, independiente de su hardware o software.

Junto a la llegada del 2001 y Mac OS X – que en su primera versión 10.0 dejaba bastante que desear — me desencanté de la experiencia Mac, en parte debido a los problemas de rendimiento propios de la primera versión de este sistema operativo, la vejez de mis equipos y, en ese entonces, el carísimo costo de renovarlos. En ese momento, y en una decisión algo apresurada, decidí comprar un PC, un flamante AMD Athlon de 1200 MHz que hacía maravillas con Windows XP.

Debo decir que mi vuelta a PC fue sorprendente: Windows XP era todo lo que las versiones anteriores no eran, y me habían hecho usar Mac. No había mayores errores, la famosa pantalla azul brillaba por su ausencia y dentro de todo, la experiencia era muy amigable. Si lo sumamos al hecho de que su funcionamiento sólo mejoraba a medida que actualizabas tu computador, estaba más que feliz con mi PC y el nuevo Windows.

Sin embargo y a pesar de mi amor a Windows XP, corrieron los años y la industria se renovó: se masificaron las redes inalámbricas, llegaron los procesadores de múltiples núcleo, los discos duros aumentaron en decenas de veces sus capacidades y cambiaron su interfaz. Era la ley de Moore haciendo lo suyo y con cada nueva mejora a nivel de hardware, Microsoft nos entregaba su soporte vía parches, paquetes de servicio y actualizaciones.

A inicios del 2007, Windows XP cumplía más de 5 años en nuestros computadores, y si bien seguía siendo un buen sistema operativo, no estaba a la altura de 5 años de innovación en tecnología que la industria nos había brindado. La buena noticia es que ya saldría Windows Vista, una nueva versión del sistema operativo de Microsoft que nos pondría al día con las tecnologías reinantes.

Llegó el día en que instalé Vista, y aunque traía consigo variadas características visuales y funcionales muy agradables, también entregaba lo peor que un usuario avanzado puede esperar: múltiples restricciones y un rendimiento paupérrimo. Creí que esto último se debía a que era un sistema operativo más avanzado que el hardware promedio, – como fue el caso de Mac OS X en su momento – hasta que tuve la oportunidad de armar un computador tope de línea y me di cuenta que el rendimiento sencillamente no escalaba. En definitiva, Windows Vista era lento y seguiría lento, sin importar tu computador… pésimo.

Es así como volví a usar Windows XP como mi sistema de día a día, pero todo tenía su límite y el mío era estar estancado usando por más de 5 años el mismo sistema operativo. La buena noticia era que Mac OS X estaba en su punto histórico de popularidad y esta vez podía comprar un Mac, tanto por efecto de precio real y por tener un ingreso superior a un estudiante universitario. Por eso, usé un Mac el año pasado durante 6 meses, y aunque es una delicia de sistema operativo, no tuve la paciencia para acostumbrarme del todo. Es el famoso caso del, “no eres tú, soy yo”, pero esta vez era honesto.

Entonces, y mientras corrían los rumores de que Windows 7 era inminente, decidí hacerme una promesa personal: volver a Windows XP, esperar Windows 7 por un máximo de 18 meses y si no era un cambio radical respecto a Windows Vista, volver a Mac OS X y que Redmond se olvidara de mis billetes.

Hoy, hace ya 6 meses que ocupo Windows 7 y soy feliz. Tiene la agilidad que necesito, es compatible con todo mi hardware y software, su sistema e indexación están a la altura, no puedo vivir sin peek, shake y snap, y aborda las tecnologías que hoy ocupamos a diario – Bluetooth, WiFi, redes, respaldos y sincronización con móviles, entre otros — de una forma que Windows XP no lo hacía.

Windows 7 es lo que todos los amantes de los PCs esperábamos y lo que Microsoft nos debía. También es lo que esperaban los ensambladores, los profesionales de la industria y el ecosistema alrededor del mismo. Windows 7 es el salvavidas para quienes llevamos años con PC, y que por un tema estrictamente de curva de aprendizaje, no estamos dispuestos a cambiarnos. Por parte nuestra no queda más que disfrutarlo y de Microsoft, aprender de los errores.

Si tienes un Mac y estás feliz con él – que es lo más probable – mi historia seguramente no te ayude ni represente en nada. Si ocupas Linux, mejor aún, ocupas un sistema operativo estable, completamente modificable y apoyas una revolución que ha cambiado la forma de ver la tecnología de cómputo. Pero si ocupas un PC con Windows XP o Windows Vista: ¡cámbiate a Windows 7! Te prometo que te llevarás una muy agradable sorpresa que hará que te enamores nuevamente de tu computador.