Arcade: Un Tributo a la Música de los Videojuegos [NB Exclusivo]

Debo confesar algo: Rara vez voy al Barrio Antiguo, una zona en el centro de Monterrey en la que se ubican bares, antros y restaurantes que le dan vida nocturna a la ciudad. Las pocas y contadas veces que he visitado sus alrededores han sido por cuestiones particulares: La cena de despedida de la amiga que deja la ciudad, la última reunión con los compañeros de la carrera antes de graduarnos, la atípica salida con los compañeros de la oficina o simplemente para tomar clases de italiano.

Otros de los motivos por los que he ido al Barrio Antiguo han sido por conciertos. Ayer, 8 de julio, ese fue la razón para irme a pasear por las calles empedradas del lugar, pero como casi todas mis visitas, fue por una razón muy peculiar: el concierto Arcade: Un Tributo a la Música de los Videojuegos.

En espera de la música

El Café Iguana, un bar comúnmente asociado a conciertos de rock, abrió sus puertas exactamente a las 21:00 horas. Una vez adentro, los asistentes fuimos apoderándonos de varias regiones del recinto. Los que nos pusimos vivos alcanzamos a tomar una de las pocas mesas que había en el lugar, otros prefirieron quedarse de pie cerca del escenario, varios posaron su humanidad en unas barras pegadas a la pared y hubo quienes prefirieron evitarse problemas y subieron al primer nivel.

Ya habían pasado 85 minutos y el concierto de la Orquesta de Cámara Nuevo Milenio, programado para las 22:00 horas, aún no iniciaba. Exactamente a las 22:25, una voz omnipresente nos pidió que aguardáramos unos momentos más, pues la agrupación estaba con los últimos preparativos. La rechifla no se hizo esperar. Aunque el salón estaba a la mitad de su capacidad, el calor era sofocante.

Pasaron siete minutos después del anuncio y el telón se abrió. Los músicos, vestidos de negro, ya ocupaban sus lugares y afinaban por última vez sus instrumentos. El tablado le quedó chico; el espacio era muy reducido y casi estaban sentados unos sobre otros.

Uno de los violinistas decidió armonizar con el tema clásicos de Super Mario Bros., para darnos un adelanto de que íbamos escuchar. Los aplausos del público daban a entender que querían que el espectáculo iniciara. Momentos más tarde, el director Miguel Almaguer entro en escena, pidió o sus compañeros que guardaran silencio y sostuvo en alto su batuta.

Clásico de clásicos

Los asientes vitoreamos en el momento que escuchamos las notas de Pac-Man, la primera melodía en un popurrí de juegos clásicos. Todos los temas, entre ellos los de Frogger y Dig Dug, tuvieron arreglos para realizar una mejor transición a la música instrumental.

Cada vez que empezaba un nuevo segmento, la audiencia permanecía callada, pero en el instante en que unos cuantos identificaban la canción, gritaban y aplaudían. Era cuestión de segundos antes de que todo el público se les uniera. Esto pasó con Ninja Gaiden, pues cuando interpretaron la melodía del primer nivel me dio la impresión de que la mayoría no la reconoció, pero cuando entonaron la música del primer jefe de inmediato supieron de qué se trataba. Algo similar sucedió con Contra, pero lo que sorprendió fue el tema principal de Tetris, pues varios espontáneos empezaron a bailar.

Las suites más aclamadas fueron sin duda las de Chrono Trigger y Final Fantasy VII, en especial el Tema de Frog y el Tema Principal, respectivamente. Fue con estas melodías que me percaté de la falta de coordinación entre las piezas que se interpretaban y las imágenes que se desplegaban en dos pantallas colocadas detrás de la orquesta. Cuando abrieron este segmento musical con el Tema Principal de Chrono Trigger, los monitores mostraron una pelea entre Kano y Scorpion de Mortal Kombat.

Tras las suites, siguió el turno a varios videojuegos inspirados en películas. Jurassic Park no llamó tanto la atención y el tema de Los Increíbles fue identificado por la mayoría gracias al video en las televisiones, pero la sorpresa fue la Marcha Imperial de la trilogía de juegos Super Star Wars para el SNES. Me habría olvidado de los dos primeros tropiezos en esta sección si hubieran incluido el Tema de Jame Bond en honor a Goldeneye 64, pero me quedé con las ganas.

Un cierre eufórico

Lo que siguió fue uno de los mejores momentos del concierto, pues la orquesta interpretó dos suites de los videojuegos más conocidos y queridos por los jugadores: The Legend of Zelda y Super Mario Bros.

En el caso del primero, se mezclaron las melodías más representativas de A Link to the Past y The Ocarina of Time. Está de más decir que al escuchar el Tema Principal de The Legend of Zelda el público estalló en aplausos. La selección fue muy acertada, pues incluyeron los temas de Kakariko Village y Lost Woods de Ocarina; y Death Mountain y Dark Overwolrd del juego de SNES.

Si creías que nada podía superara lo anterior, estas tan equivocado como lo estaba yo. Con la mezcla de temas de Super Mario Bros., que incluyeron los tres juegos para NES, el público se mantuvo en una euforia que se incrementaba cada vez que pasaban de una melodía a otra. Ya que entonaron las piezas más importantes de cada uno de los tres juegos, podrás imaginarte como estaba aquello: Apenas se escuchaba la primera nota de una nueva canción y los gritos llenaban la sala. Era impresionante ver y sentir a toda la gente en la misma sintonía, todo por la música de los videojuegos.

Cuando terminó el concierto, el público no sólo pidió que continuaran, también solicitó piezas específicas. “¡Castelvania!”, gritó uno. “¡Ha Do Ken!”, vocifero otro. “¡Megaman!”, corearon muchos. La orquesta se quedó para interpretar dos piezas: La primera fue otra vez el tema de Tetris, pero ahora con la compañía de una acordeonista. ¿La segunda? La verdad no sé, creo que fue de Mortal Kombat, porque volvió a aparecer el juego en los monitores, pero sinceramente no logré identificarla.

Arcade: Un Tributo a la Música de los Videojuegos, fue un buen espectáculo musical a pesar de los desfases audiovisuales y una selección de temas que podría mejorar. Miguel Almaguer comentó que éste es un proyecto con el que le gustaría continuar, sobre todo para hacerlo más grande e interpretar melodías modernas que requieren de más músicos y coros, algo que sin duda apreciaríamos los fanáticos de los videojuegos.