Industria de la clonación: Desde China con Amor (Parte I) Industria de la clonación: Desde China con Amor (Parte I)

Una creciente industria de los teléfonos clonados o piratas es un negocio millonario para sus fabricantes.

Industria de la clonación: Desde China con Amor (Parte I)

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Una creciente industria de los teléfonos clonados o piratas es un negocio millonario para sus fabricantes.


Partieron con burdas imitaciones de poleras Nike y hoy son capaces de armar convincentes copias de los últimos Smartphones, muchas veces antes que salgan al mercado. “Marcas” como SANSUMG y NOKLA ya son conocidas desde Norteamérica hasta Rusia en un negocio tan ilegal como próspero. ¿Quieres saber de que forma escogen los llamados “Cloners” el próximo teléfono a piratear? o ¿Cómo se fabrica un clon?

Te invitamos a conocer el actual Far West del derecho intelectual. Pero ojo, no te equivoques con lo que ocurre en la ancestral tierra de Mao. Están siguiendo el mismo camino que Japón en los 70′ y Korea en los 80′. La diferencia es que lo hacen a una escala mayor, y mucho, mucho más rápido…

Esto es un negocio y no es un pésimo negocio

Hace cinco años era un mercado que no existía, pero hoy China está atiborrado de los llamados teléfonos shanzhai (piratas). Su éxito es tal que representan más del 20 por ciento de las ventas de celulares en ese país y sus brazos se extienden a países como Rusia, la India, Medio Oriente, Europa, Sudamérica y hasta los Estados Unidos. Como no van a ser populares, si por entre 100 y 150 dólares se puede conseguir una copia de un teléfono que vale 5 o 6 veces eso. En naciones como Pakistán cuesta encontrar un teléfono que sea legal.

La peor pesadilla para las empresas legales no es sólo saber que sus productos son clonados, sino verlos antes de que ellos mismos los lancen. Le pasó hace muy poco a Nokia con el N97 y para qué hablar de las decenas de replicas del iPhone. Sin embargo, el niño símbolo de los clonados sigue siendo el LG KG800 Chocolate. Lanzado en 2006, el KG800 fue tan bien copiado -y tantas veces- que se comió al original en el mercado Chino (las imitaciones eran tan buenas que en la calle circulaba el rumor que eran obra del mismo LG)

Por supuesto las marcas globales han puesto el grito en el cielo, pero el Gobierno Chino parece no poder controlar un comercio ilegal que se ofrece hasta por televisión:

O por lo menos no le pone tanto empeño. Y eso que la Agencia de Protección del Consumidor de ese país reconoce que los teléfonos móviles defectuosos representaron el N º 1 de reclamos del año pasado. Así mismo, el Ministerio de Industria y Tecnología advierte a los consumidores sobre los peligros de los teléfonos shanzhai, afirmando que su radiación suele exceder el límite o que su batería puede explotar.

Obviamente estamos hablando de un producto que no está testeado lo suficiente y con una vida útil que -en promedio- no sobrepasa el año. Si algo falla no hay a quién reclamar. Tampoco existe garantía.

¿Por qué son tan populares entonces? Aparte del factor precio, existen dos grandes razones para la proliferación de este fenómeno. La primera es ideológica: para muchos el fenómeno shanzhai se asienta en el imaginario chino con una forma de ser creativo, de ser pillo, ganándole un gallito al occidental. La segunda es económica y tiene relación con que realmente es un excelente negocio. Una investigación del New York Times reveló los verdaderos costos detrás de un smarthpone clonado. Fíjense en el gráfico de la izquierda:

El mayor ahorro procede de los más caros e importantes componentes. Si miran esta tabla podrán intuir que el aparato de la izquierda tendrá una pantalla mucho más barata, un procesador menos potente y un módulo de cámara de menor calidad. Aún así el margen de ganancia será de 100 dólares aproximadamente (A modo de referencia, los costos de construcción de un G1 son de USD$140).

Reinventando lo inventado o cómo se construye un clon

Es cierto. Estamos hablando de artículos que muchas veces prometen cosas que no son. Que usan partes baratas. De productos ensamblados a la rápida y en tiempo récord. Pero ojo, aquí no hay ninguna improvisación.

El año pasado, cansados de un torrente de teléfonos pirateados que costaban a la compañía mil millones de dólares al año, Samsung contrató investigadores para localizar a los fabricantes de teléfonos clonados, a través de sus múltiples canales de suministro.

Los resultados de esa investigación dejaron al descubierto algunas de las sorprendentes estrategias realizadas por las operaciones de ingeniería inversa.

Todo se inicia con un producto estrella. Los “cloners” empiezan por decidir qué teléfonos serían más rentables para clonar y luego se dedican a saber todo lo que puedan sobre él. Ellos asisten a ferias comerciales y buscan las fotos de productos que aún no se han anunciado. Obviamente también serán los primeros en comprar el nuevo smartphone una vez que llegue a las tiendas.

Luego viene la segunda fase: Cuando se trata de una copia como el buen Dios manda, los cloners contratan a un equipo de entre 20 y 40 ingenieros para iniciar la decodificación de las placas de circuitos. Al mismo tiempo, otro equipo empieza a desarrollar un sistema operativo para el teléfono con características “similares”. Pueden escribir algo totalmente nuevo o modificar un sistema basado en Linux (de ahí lo extraño que luzcan algunos). Ambos procesos tardan aproximadamente un mes.
Mientras esto pasa, un tercer grupo prepara los elementos externos, como cubiertas de plástico, accesorios, manuales y embalaje.

La plena producción se inicia cerca de ocho semanas a partir del momento en que los ingenieros son contratados. Un tiempo significativamente inferior al que demora en elaborarse el teléfono real. Por eso muchas veces hemos visto no una, sino múltiples copias de un teléfono que todavía no es lanzado. Como los modelitos del Nokia N97 que se pueden ver abajo:

Ahora, ¿dónde se monta finalmente todo esto?

La forma más antigua de ensamblar un clon es utiizar lo que se denomina un “cambio fantasma”. El proceso es descarado, pero sencillo. Una fábrica contratada para hacer productos legítimos retrasa 24 horas su operación y los piratas aprovechan ese tiempo para armar productos con materiales de calidad inferior (por eso suelen ser más livianos) que luego serán vendidos en el mercado negro apenas salgan de la línea de producción. Para la distribución, los cloners generalmente utilizan los mismos canales de las plantas legales. Están a la mano, probados y fáciles de sobornar.

Como una manera de no depender de estas breves ventanas de tiempo, a mediados de los años 90 los piratas comenzaron a montar fábricas enteras idénticas a las plantas legítimas. Generalmente eran construidas a partir de los planos originales obtenidos de funcionarios locales y el crimen organizado.
Cuando las empresas de tecnología tomaron conciencia de la magnitud del problema, muchas comenzaron a implementar la externalización selectiva. Los componentes menos secretos se construían en China, mientras los más sensibles eran ensamblados en su país de origen. Sin embargo, eso no necesariamente ha detenido a los cloners y hasta se han visto “réplicas” de fábricas que nunca se han instalado en Oriente.

Concluida la investigación, Samsung quedó tan impresionado por la eficacia de la cloners que la empresa les ofreció puestos de trabajo. Ninguno aceptó, porque encontraron más fácil y más rentable hacer imitaciones…

¿El fin de la clonación?

La verdad es que, además de presionar sin mucho resultado a las autoridades, la única solución que las compañías han encontrado es acelerar el lanzamiento de sus productos en China una vez que son liberados oficialmente, para darles menos tiempo a los Cloners.

Sin embargo, esto está forzando dos cosas. Por un lado, los fabricantes de teléfonos shanzha están poniendo el acelerador a la hora de lanzar sus propias imitaciones . Y por el otro, se están perfeccionando a tal nivel que algunos especulan que finalmente lograrán producir productos mejores que los reales (ya incorporan interesante variaciones propias, como las doble SIM).

Y es que el fin de la clonación china vendrá cuando sus productos sean lo suficientemente buenos como para convertirse en su propio estándar, un derrotero que ya siguió el Japón en la década de 1970 y Corea en el decenio de 1980. La diferencia es que China se está moviendo mucho más rápido y en unos pocos años está pasando de ser un simple pirata a comenzar a innovar.

Así que más respeto y ojo con el gigante amarillo, que tal vez la pregunta ya no es cuándo China dejará de ser el rey de los teléfonos clonados, sino quién tomará la batuta…. (¿Alguien dijo India, Paquistán?)

Links:
In China, Knockoff Cellphones Are a Hit (New York Times)
China’s iClone (Artículo de Dan Koeppel)