Engañar en internet

Engañar en internet

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Esta semana, como si las cosas no estuvieran mal de por sí, estalló una crisis financiera cuando se supo que el fondo de inversión de Bernard Madoff era un engaño, un fraude basado en el esquema de la pirámide que tiene como 100 años. En honor a ello, reflexionamos sobre los fraudes reales y virtuales.

Engañar en internet es sencillo. Mucha gente no sabe de qué se trata, pero incluso los que la conocen ignoran sus mecanismos, su reglas de etiqueta y, por sobre todo, la credibilidad que se le debe entregar a cualquier cosa que te prometan por esa vía.

Esto es algo que todos condenamos con justa indignación, pero aquí entre nos todos hemos mentido amparándonos en la naturaleza de la internet. “No te llegó el correo? Que raro!” cuando se te olvidó enviarlo o “No… sabes que no he recibido nada” cuando lo recibiste pero le estabas haciendo el quite. Son excusas plausibles porque todo el mundo intuye que la internet es algo misterioso e inexplicable.

Lo cierto es que la internet no peca precisamente de originalidad a la hora de funcionar como suelo fértil para engaños, porque todos o casi todos los engaños que se gestan en ella son nada más que variaciones o adaptaciones de trucos muy viejos. Pero aunque no sean originales, los engaños en internet son especialmente peligrosos por dos razones. La primera es que -como dijimos- pocos entienden la mecánica de la red y la segunda es que puedes llegar a cientos de miles de potenciales incautos con un simple click.

La estafa Madoff

Para los que no lo hayan leído en la prensa, esta semana se destapó una de las más grandes estafas de todos los tiempos, cuando se supo que el fondo de inversión privado de Bernard Madoff -que funcionó por varias décadas pagando rentabilidades ridículamente altas- no era otra cosa que una pirámide, un engaño que tiene fácilmente un siglo de antigüedad pero que sigue funcionando hasta el día de hoy.

Esta pirámide, como todas las de su tipo, funcionaba captando aportes de inversionistas confiados a quienes se les garantizaba una cierta rentabilidad. Cualquier persona que entienda cómo funcionan las bolsas o el mercado de renta fija sabe que la economía es cambiante y garantizar un rendimiento, a menos que prometas algo muy bajo, es prácticamente imposible. Pero el fondo de Madoff cumplía y por su naturaleza nadie entendía cómo: no tenía que darle explicaciones a nadie mientras les generara rentabilidad. Lo que no decían era que esa “rentabilidad” no provenía de invertir con muy buen ojo, sino sencillamente de pagarle a los inversionistas viejos con el aporte de los nuevos. Si tienes 10 inversionistas y captas a 100 más, tendrás plata de sobra para pagarle a los 10. Pero para pagarle a los 100 necesitas captar 1000 y eventualmente se hace imposible mantener el ritmo.

Lo que colapsó a Madoff fue que en medio de la presente crisis financiera no logró atraer a suficiente nuevos incautos y, lo que es peor, que necesitando liquidez muchos de los inversionistas grandes se salieron.

Madoff logró -y nadie sabe cómo- mantener esa bicicleta durante algo asi como 40 años, y como durante ese tiempo cumplía con la rentabilidad prometida,  contaba con inversionistas de peso, y él mismo era uno de los impulsores de la bolsa electrónica NASDAQ -entidad de la cual además fue presidente durante una época- la gente no dudaba en meter su plata a ese fondo y por educación ni pensaba en preguntarle qué hacía con la plata.

La estafa de Madoff alcanza un monto cercano a los USD 50.000 millones, aunque en rigor el interventor asignado por la SEC devolverá parte de lo abonado por los estafados. Todo eso lo consiguió mediante la vieja técnica de convencer a la gente en persona, conociéndola en lujosos condominios del estado de Florida.

¿Y en Internet?

Las estafas del mundo real son bulladas, porque tienen nombre y apellido. En Internet en cambio rara vez se logra identificar a el o los culpables, porque es un medio que facilita sobremanera el anonimato. Acá mismo en CHW lo experimentamos en carne propia cuando el tristemente famoso Miguel Ruiz Ceballos engañó a la administración y a los usuarios vendiendo productos que nunca tenía y que por supuesto nunca entregó.  Pese a que en su caso sí se conoció al culpable en otros muchos casos nunca se llega a individualizar al delincuente.

Todos los días se envían cientos de miles de correos usando lo que se conoce como la estafa 419 o fraude nigeriano, en donde te ofrecen rescatar un millonario depósito por el que debes abonar ciertos gastos. Por supuesto el depósito no existe y el estafador sólo aspira a recaudar tales “gastos” abonados por los incautos. Este fraude tiene siglos de antigüedad y originalmente se amparó en alguna guerra pretérita de España con Inglaterra, en la cual el estafador convencía al estafado de que a cambio de una módica suma podría comprar la libertad de un magnate español, quien le recompensaría con una fortuna. A lo mejor poca gente cae en estas estafas, pero basta con un 0.01% de víctimas para que al enviar spam a 100.000 direcciones ya tengas 10 víctimas. Al final no importa tanto la “tasa de conversión” sino el volumen. Con la masividad adecuada el timo más estúpido puede ser rentable.

La pirámide de Bernard Madoff tal vez no podrá ser replicada nunca en el mundo real al menos por un buen tiempo -aunque la gente efectivamente es capaz de tropezar con la misma piedra muchas veces-, pero en el mundo virtual se inventa una pirámide nueva todos los días y no sólo se aprovecha a los incautos por su aporte monetario sino que se los usa como emisores: cada uno de ellos debe convencer a un número X, y lograr que éstos a su vez convenzan a otros, para poder acceder al beneficio prometido. A diferencia del mundo real, en el virtual probablemente no llegarás a conocer nunca al que te embaucó.

Podríamos pasarnos el día completo enumerando las maneras de estafar en internet: pago por ver publicidad, pago por procesar correos, pago por enviar correos, pago por visitar un sitio. Tal vez alguna de esas iniciativas piramidales efectivamente hace o trata de hacer lo que anuncia, pero una vez que tienes a miles de pelados mirando los anuncios o trabajando para ti, es infinitamente fácil cosechar los beneficios y desaparecer.

¿Cuál es la moraleja de este artículo? Ninguna en realidad. Todos sabemos que hay estafadores y nos cuidamos de caer en sus garras… hasta el día en que caemos. Nadie está libre y a cada quien le toca perder plata para ganar experiencia, pero Internet es y seguirá siendo un caldo de cultivo muy tentador para los delincuentes y hasta ahora sólo hemos visto la punta del iceberg. Quien sabe qué ingeniería social está gestándose ahora mismo para engañarnos a todos.

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