Jimmy Wales y Wikipedia: ¿Se viene una crisis?

Jimmy Wales y Wikipedia: ¿Se viene una crisis?

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Durante este mes alguno habrá percibido que Wikipedia ha abierto una nueva ronda de donaciones. Esta campaña, que no debiera tener nada de particular, ha revelado una especie de división al interior de la nutrida comunidad de colaboradores basada en parte en la imagen de su creador contra la esencia de su obra.

El hombre contra su obra

¿Qué es más grande, el artista o su creación? La historia nunca olvidará a Miguelángel, pero es el techo de la Capilla Sixtina la que te deja sin aliento, es la magnificencia del Moisés la que te hace un nudo en la garganta cuando te paras frente a la estatua. La biografía de Miguelángel en un libro o un documental no te golpea como te golpea su obra, pese a todo el respeto que puedas tenerle y todo lo que, de seguro, puede aprender el mundo moderno de él. El pincel que trazó las imagenes en el techo de la capilla es un puente que comunica lo volátil con lo eterno. Del lado de la pintura está la obra infinita. Del lado del pintor, solamente un hombre, cualquier hombre. Todos nosotros o ninguno, porque al final da lo mismo: un hombre es sólo un hombre, y podrías haber sido tú o yo en vez de Miguelángel.

El pincel de Miguelángel toma otras formas. A veces más que un puente es un hoyo negro o un pozo sin fondo que le drena la vida misma al artista, el cual -como una mujer que muere en el parto- termina entregando su vida, su salud, su cordura para dar a luz el legado que hoy admiramos sin entender que su grandeza consumió a un hombre.

Ese hoyo negro toma la forma de la pluma de Nietzsche consumido por su propia concepción descarnada de una realidad posible que le arrebata la cordura y la vida. Toma la forma de la última y más magnífica composición de Mozart, su Requiem, que lo obsesiona a tal punto que deja de comer y de dormir para trabajar en él, pensando que escribía la misa de su propio funeral… demasiado para un hombre a quien la insuficiencia renal mantenía débil y deprimido. Si quieren un ejemplo más moderno, siempre tendremos a Elvis al alcance de la mano. Lo importante es notar que ocurre que la obra, o la fama alcanzada por la obra, se erige como un campo gravitacional que atrae al artista hasta destruirlo.

Pasa el ejemplo contrario. Basta un simple desquiciado para terminar con la vida del artista. Basta un Mark David Chapman o un Harvey Lee Oswald para asesinar a John Lennon o a JFK. Cualquier pelafustán puede recordarnos de improviso que el catalizador de toda la grandeza es sólo un hombre, pero perpetuar al mismo tiempo que la leyenda detrás del asesinado es imposible de acallar. Por el contrario, ya liberada de su atadura a una figura de carne y hueso, las leyendas se propagan exponencialmente demostrando que no sólo son independientes del hombre que les da origen, sino que tienen en él un lastre mientras que muerto el artista ya no conocen más límite que el olvido de la masa, y a veces ni siquiera aquel.

El problema, pienso yo, es justamente que un hombre es sólo un hombre, pero en su mente y su corazón se esconde el potencial para generar -tal vez- algo que trasciende su esencia mortal, un acto más propio de los dioses que de los hombres. Y entonces la humanidad se engaña y piensa que la grandeza del legado obedece a una esencia divina y, como dije antes, un hombre es sólo un hombre ¿Cómo puede competir un simple hombre, con sus defectos inherentes, su vida limitada a unas pocas décadas coronadas por vejez y enfermedad, contra el gigante que la gente desea ver detrás de su obra genial?

La obra o la palabra de un hombre puede fructificar y multiplicarse para las generaciones que siguen, y en el mundo actual la memoria de algunos de esos hombres los convirtió en dioses arquetípicos que hoy millones adoran o al menos admiran. Pero no se engañen, esto no es un contraejemplo de todo lo anterior, sino prueba de lo mismo: los hombres cuya obra, palabra y figura se perpetúa como religión o culto son despojados de su condición de hombres y troquelados para la posteridad como imagenes de su obra. Al final un hombre es sólo un hombre, y hasta los hombres más grandes sucumben a la magnificencia de su leyenda, hasta el punto que importa más como los quieren recordar sus seguidores que el ser humano que realmente fueron. ¿Existieron Robin Hood o el Rey Arturo? Probablemente pero ¿Qué importa? La leyenda terminó por borrar toda evidencia de la persona real que hubo detrás.

Jimmy Wales vs Wikipedia

Wikipedia está en todas partes, al alcance de todos y pronta a aparecer en los resultados de búsqueda sin importar qué tan seria o trivial sea la temática. Wikipedia es ubicua, pero es su fundador, Jimmy Wales, el que recorre el mundo dando charlas, viviendo la vida de una estrella de Rock, cenando en lugares caros y hospedándose en los mejores hoteles.

En un primer análisis, tiene todo el derecho de hacerlo. Él fundó la Wikipedia y nunca me ha cobrado por usarla, por lo que no tengo nada que decir si acaso decide vivir como estrella de Rock. Lo anterior, que podría ser inicio y fin de toda reflexión a priori, no es igual en los ojos de los que generan los donativos y los que a su vez, motivan las donaciones.

Me pregunto esto porque desde principios de mes Wikipedia ha abierto una nueva campaña de donaciones, cuya meta es de USD 6 millones y va ya en 2.6.

El problema, o al menos lo indecoroso, es que la cifra está ligeramente manipulada. Verán, el termómetro ya marcaba 2.1 millones cuando se abrió la campaña, puesto que se contabilizaron donaciones anteriores. Paralelamente, la misma esencia de la campaña ha generado molestia entre los principales colaboradores de la enciclopedia online, quienes se burlaron sarcásticamente de lo invasivo que resulta el aviso:

Pinche para agrandar

La imagen superior no es más que la evidencia de las aguas turbulentas por las que navega la comunidad de editores de la Wiki. Aunque aparentemente se trata de una sarcástica molestia por lo invasivo del banner o la manera de pedir dinero, por detrás se esconde un solapado cuestionamiento al destino de esos dineros.

Este cuestionamiento, latente en los colaboradores esporádicos, en el staff y en los opinólogos de turno, es especialmente contestatario en la voz de Danny Wool, un antiguo empleado de Wikimedia Foundation que el 5 de noviembre escribió un artículo cuestionando la esencia de las donaciones para Wikipedia.

En el artículo, Wool se queja de que este año la donación mínima sugerida sea de USD 30, se queja de que Wikimedia Foundation no reinvierte las donaciones en fortalecer la fundación misma sino en actividades anexas, sembrando además la duda acerca del destino de al menos un 40% de lo recaudado.

Lo anterior, estimado lector, es porque un porcentaje de ese calibre va directamente a cubrir los costos administrativos, los cuales son inusitadamente altos para un plantel que vive de las donaciones. Altos funcionarios de la Wikimedia Foundation perciben sueldos que duplican al de un profesional exitoso, y todo eso se ve agravado cuando, en medio de ese clima de molestia, la gente percibe que Jimmy Wales vive en el lujo y se reune con representantes de Capitales de Riesgo.

A lo mejor Jimmy Wales lleva años sin tomar dinero de Wikimedia Foundation, no lo sé. Pero cuando una turba empieza a molestarse le basta con que alguien parezca remotamente culpable para lanzarse contra él. Quien sabe si esta ronda de donaciones coseche no sólo USD 6 millones sino un divorcio definitivo entre la organización y el voluntariado.

A modo de burla por toda esta polémica, la blogósfera se ha deleitado en reproducir una foto en la que Wales aparece con cara de loco y un turro de billetes en la mano. ¿Será este el futuro, entonces? ¿Un divorcio entre la Wiki y su creador en donde lo apunten como un ególatra codicioso que intenta poner la obra al servicio de su fama o riqueza? En esta época de la Web 2.0 el pincel de Miguelángel no sólo es puente u hoyo negro, ahora también es la rebelión o la insolencia, pero en el fondo el testimonio de que la obra tiene vida propia y puede impugnar a su autor.

Jimmy Wales en Chile

Todo lo que he escrito hoy se gestó inspirado en parte en que la próxima semana Jimmy Wales estará en Chile que, por si no lo sabe el lector, es mi país de residencia. No puedo evitar pensar que tal vez, por esta misma reflexión aquí escrita, la idea misma de Jimmy Wales recorriendo el mundo no tiene tanto sentido como sus fans piensan. Tal vez el único sentido de escuchar a Jimmy Wales es poder tomarle el pulso de primera fuente a un hombre que es sólo un hombre pero cuyo legado existe ahora en decenas de idiomas, alberga millones de artículos, convoca a decenas de millones de lectores y que, como guinda de la torta, ha empezado a cobrar voluntad propia al punto de reprender a su creador por su estilo de vida. Asistir en persona a la prueba viviente de que el artista es el frágil conducto por el que un objeto eterno como la Wiki se abrió camino hasta la realidad.

Entonces volvemos a la pregunta inicial… ¿Qué es más importante, el artista o su obra? Ninguna respuesta es completamente correcta, por lo que tenemos que vivir con la advertencia de que sin el artista no hay obra, pero una vez generada esta tiene vida propia e independiente de su creador. Y mientras no hay nada de malo en escuchar las palabras sabias de un hombre a todas luces genial, no olvidemos que su aporte al mundo, su obra, no necesita viajar de un lugar a otro pues está en todos lados, o al menos en cualquier aparato con acceso a Internet.

Jimmy Wales un día morirá. Tal vez su alegría, su barba rojiza y su sonrisa bonachona perdurarán en los libros o en la Internet… pero da lo mismo porque Jimmy Wales es sólo un hombre y los hombres no están destinados a perdurar como no sea falseados en forma de ídolos, leyendas o héroes míticos. Lo importante es que su creación, Wikipedia, no morirá nunca. De la misma manera como la enciclopedia de Diderot y d’Alembert sigue viva en los genes de la Wikipedia, la Wiki seguirá viva en las enciclopedias del futuro.

No hay nada de extraño en eso. Un hombre es sólo un hombre, y una obra en cambio, es infinita.

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