Reventará la burbuja Web 2.0?

Reventará la burbuja Web 2.0?

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¿Quién se atreve a señalar que los sitios emblema de la Web 2.0 no valen tanto como se cree?

Dicen que es privilegio de los niños y los locos señalar que el Emperador está desnudo.  A diferencia de los miembros de la corte, los niños y los locos pueden decir la verdad sin temor a que sus mismas palabras les hagan caer en desgracia. Así pues, quién se atreve a señalar que los sitios emblema de la Web 2.0 no valen tanto como se cree?

Se viene el burbujazo 2.0

Mientras engullíamos respectivamente un lomo italiano y un churrasco ídem en Elkika, nuestro CFO  JF y este humilde servidor conversábamos acerca de la posibilidad de un nuevo reventón de la burbuja Web, otra edición de aquella debacle ocurrida en 1999 cuando las “puntocom” se vinieron al suelo, luego de que un análisis realista indicara que los retornos de las millonarias inversiones no eran tales.

En ese año, cientos de empresas que lograron reunir capital de riesgo y que hasta se abrieron a la bolsa vendiendo nada más que castillos en el aire, se vinieron al suelo estrepitosamente, dejando el ingrato recuerdo de que la Web es un invento bonito pero que en general no paga.

El tiempo pasó, terminé la universidad, me casé, recogí más perros y quiso el destino que un día me encontrase en CHW viendo el mismo fenómeno que había presenciado 8 años antes: mucha empresa cuyo propósito es incierto, cuyo mérito es “ser web” y cuyas arcas se encuentran llenas, con no menos de USD 5 Millones merced al aporte de inversionistas que persiguen el legendario “Palo al Gato”.

Ahora que estamos hablando de la Web 2.0 y los flujos millonarios, yo hago la siguiente reflexión: “Steve Chen y Chad Hurley montaron Youtube con la nada misma, y terminaron  siendo adquiridos por Google en 1.650 millones de dólares”. Dicho sea de paso, por estos días se cumple un año de esa célebre compra.

Pues bien, ya en ese momento muchas personas se miraron y dijeron: ¿Porqué pagar tanto? ¿Realmente vale la pena? ¿Realmente se puede obtener rentabilidad suficiente como para amortizar esa inversión? Yo no tenía la respuesta entonces y la verdad, tampoco la tengo ahora, pero más que el monto exhorbitante, me llamó la atención el orden de los factores:

  1. Tienes una buena idea
  2. Montas tu idea en un servidor a pequeña escala
  3. Compruebas el éxito
  4. Inviertes en expandirte
  5. Tu éxito aumenta proporcionalmente
  6. Vendes tu invento a una gran compañía
  7. Vives del negocio y haces muchas conferencias del tipo: “Cómo me hice rico a los 25 años”.

Hay varios  peldaños que separan la buena idea del hacerse rico, y me pareció sano que a diferencia de la burbuja dot com de los años 90 primero viniera el éxito y luego la fortuna. Veamos ahora el contraejemplo, de cómo de hicieron las cosas en los años 90 y que desembocaron en la debacle:

  1. Tienes una buena idea
  2. Convences a muchos inversionistas de riesgo de financiar tu idea
  3. Montas tu idea a lo grande. Nada de empezar a pequeña escala
  4. En un 85% de los casos, la idea no era tan buena como creíste
  5. Los inversionistas terminan perdiendo su dinero
Cuando escribí ese artículo sobre la Web 2.0 ,  lo hice teniendo en mente el ejemplo de Chen y Hurley en Youtube. ¿Qué diferencia a la debacle dot com de 1999 con la moda Web 2.0 del 2007? Bueno, pensé yo, algo hemos aprendido en todos estos años. Al menos Google no pagó por una promesa sino por el líder indiscutido de los sitios de video. Y entonces, un año después, resulta que hablé muy pronto: era cosa de que el tema se pusiera de moda para que, tropezando de nuevo con la misma piedra, nos hayamos llenado de inversionistas dispuestos a poner su dinero en unos sitios que van a fracasar. Ok, no todos, pero muchos van a fracasar. La gran mayoría, por cierto, porque por mucho que haya cientos de millones de internautas, de todos modos hay un número finito de nichos y no hay espacio para que todos los sitios Web 2.0 tengan éxito.
Pero volvamos al churrasco y al lomo que engullíamos con desparpajo. La piedra angular de la discusión sobre el reventón de la burbuja Web 2.0 era definir en qué podría consistir ese reventón. En un momento, pareció evidente que llegará un día en que alguien, sea una empresa seria de consultoría, o una voz autorizada y respetada, declare:

Están todos locos, metiéndole 5 millones de dólares como “startup funding” a sitios que nacen cada día como callampas. Están todos locos diciendo que Facebook vale 100 Billones (100.000 Millones de USD). Están todos locos asignándole a intangibles un valor que no guarda relación con las utilidades que pueden generar -nadie sabe como, pero se cree que alguna podrán generar.

Y en ese momento, como cuando señalaron que el Emperador estaba desnudo, todos abrieran los ojos.

Interjección: la Salvedad de Huasonic

En los comentarios de este artículo, el destacado blogger y diseñador Huasonic comentó lo siguiente:

Quote:
Originalmente publicado por Huasonic
Excelente artículo, pero no estoy muy de acuerdo contigo en un punto demasiado importante y que lo pasaste por alto.

A diferencia de las “puntocom” las Web 2.0 no se basan en el contenido, se basan en las personas.

Me parece importante  hacer incapié en ello. Hacer incapié en que pensar en un eventual reventón de la burbuja Web 2.0 no pretende indicar que la calidad de los sitios actuales sea comparable a la calidad de los sitios que colapsaron en 1999.

Mientras escribía este artículo, tenía abierto en otro tab el artículo de “La Web 2.0 o la democracia… bla bla” por lo cual me pareció haber integrado en un mismo relato ambos conceptos, pero me doy cuenta de que no, que hay salvedades que hacer antes que sea demasiado tarde.

Indudablemente, los sitios emblema de la Web 2.0 sí tienen un valor intrínseco mayor a esos sencillos inventos de los años 90 cuyo encanto era hacer lo mismo que los medios tradicionales, pero en el PC. Gran cosa. Los sitios emblema de la Web 2.0 tienen una plataforma de interacción que enriquecen la experiencia del usuario, incentivan su participación y generan valor en esa simbiosis. Es indudable, y Huasonic tiene razón en ello, que el valor intrínseco de los sitios Web 2.0 es mayor a las puntocom de los noventa.

Y, sin embargo, mi opinión es que el burbujazo no depende del mérito de las plataformas o tecnologías -que indudablemente son superiores- sino de la ambic
ión desmedida de inversionistas con demasiado excedente y cero noción del riesgo.  Con la suficiente cantidad de ambición, hasta la mejor idea puede hacer que alguien salga arruinado.

Priceless

Aunque el equipo de márketing de MasterCard ha explotado eficientemente el concepto Priceless y se ha apropiado del valor de “aquello que es tan valioso que no se le puede poner precio”, en realidad priceless es aquello que puede costar entre cero e infinito: ese es el valor de las cosas cuando no se les ha puesto precio, y hay muchas cosas que, por ser un producto único, no tienen un precio definido, estándar.

¿Cuánto vale la Mona Lisa? No hay con qué comparar por que hay sólo una Mona Lisa… o al menos sólo una original y cientos de miles de réplicas y calendarios en papel cuché. A resultas de esto, sólo tiene precio en la medida en que en Louvre quiera vender y alguien quiera comprar, y en ese momento recién se le pondrá precio. Todo el resto, es pura especulación.

Esto se los cuento porque muchos de los sitios emblema de la Web 2.0, a diferencia de Youtube, todavía no han pasado a manos de grandes conglomerados de la internet o las comunicaciones en general. Son exitosos aunque no necesariamente generan ganancias millonarias, y siguen en las manos de sus dueños originales. Mientras sigan en esas manos son caldo de cultivo para la especulación y el chismorreo… y su dueño tiene en sus manos algo Priceless, que puede costar cero o infinito, pero hasta que alguien le ponga un cheque en la mano, no tiene un valor objetivo. Cuando Kevin Rose llevaba un año y medio con Digg y las primeras especulaciones hablaban de que costaba USD 60 millones, Rose salió en la portada de Businessweek haciendo gala de una plata que no tenía, que nadie le había pagado y que hasta el día de hoy, nadie pagó tampoco.

Ahora, esto no significa que Digg no vaya a ser comprado alguna vez, y probablemente por mucho más que USD 60 millones… no sólo porque ha crecido mucho desde entonces sino porque las cifras que se manejan ahora no bajan de los USD 1000 millones por sitios incluso más pequeños.

Más allá de preguntarse porqué los inversionistas están volcándose con tanta avidez a invertir en sitios no consolidados en vez de meter la plata en sitios reconocidos -como Digg- lo importante es entender que la nube en torno a un sitio que sigue en manos de su dueño original -que invirtió 100 dólares y muchas horas de su tiempo- da para imaginar el precio que se te ocurra: un millón, mil millones, un millón de millones… y no digo más números porque mi calculadora científica sólo tiene 12 dígitos.

Si vamos a pelar, hablemos del caso emblemático

La verdad, esto de la euforia por los sitios web 2.0 y en particular los de Social Networking, se parece a esas épocas de bonanza de la bolsa. De pronto la capitalización bursátil de una empresa duplica y triplica el valor libro y nadie sabe porqué. ¿Es que van a repartir dividendos millonarios? No. ¿Es que descubrieron una tecnología que los hará dueños del mundo? Tampoco: esos boom pasan porque todos quieren comprar al mismo tiempo, y la acción se infla, se infla, se infla y de pronto PUM! Todo vuelve a aterrizar.

Ahora bien, cuando el señor Ballmer dice que Facebook vale dos chauchas , yo pienso que se equivoca. Cuando dice que no hay en él más valor que lo que cuesta tener a un puñado de programadores a tiempo completo por algunos meses para hacer un invento igual de bueno, yo pienso que se equivoca. Verán, Facebook tiene valor, un valor que va más allá de la simple tecnología que hay detrás del sistema. La tecnología es impecable, por cierto, pero no es única, lo que equivale a decir que es imitable. Esta es la parte de la clase en que todos los niños levantan la mano y el profesor rifa un siete.  Alguno dirá “el API de Facebook, y el conjunto de aplicaciones que sobre él se puede construir”, ok, es una buena respuesta, ese conjunto de aplicaciones vale probablemente mucho más que el núcleo mismo del sistema… pero de nuevo, no es su gran valor. Otro dirá “El tráfico” y aunque el tráfico así crudo, de todos modos tiene valor, no es tampoco su fortaleza. La fortaleza de Facebook, amigos, es que tiene onda. Así de simple, ese toque mágico que hace que un restaurant tenga lista de espera mientras otro en donde la comida es mejor tiene la mitad de las mesas desocupadas. La onda.  Esa misma onda que hace que para el público informado, MySpace sea el lugar atestado y masivo, y Facebook el círculo de los elegidos , niños y niñas “bien”. Y Facebook, por supuesto, no le hace asco a posicionarse como el social networking de los universitarios y los profesionales jóvenes.

Lo anecdótico es, y se ha venido mencionando en las últimas semanas, que Facebook no vale los 1.6 billones que Yahoo consideró excesivos hace un año. No vale los 10 billones que Ballmer encontró excesivos hace un mes. La cifra que se menciona hoy, es de 100 Billones de dólares. Su fundador, Mark Zuckerberg , se debe reir solo cuando escucha la cifra, o cuando escucha el término Zuckerprice, definido como el valor ridículo que se asigna a un intangible, por esa volatilidad propia que los caracteriza.

Cabe preguntarse ¿De veras puede llegar a valer tanto? 100 Billones es más de lo que vale Yahoo, y más de la mitad de lo que vale Google, empresas que sí generan utilidades del orden de los miles de millones de dólares, algo que Facebook no puede decir aún y quizá nunca diga.

El referente más inmediato, si es que se puede hablar de referentes en esta industria en donde no hay dos sitios iguales, es la oferta que Yahoo rechazó, aquella en donde se fusionaba con MySpace a cambio de ceder el 25% de la mezcla resultante a News Corporation. Según nuestro departamento de matemáticas, ese acuerdo sólo valía la pena si es que se valorizaba MySpace en más de 12.000 millones, y si Yahoo dijo que no, bueno, eso les da una idea de lo que puede costar un sitio con más del doble de visitas y usuarios que Facebook… pero sin onda, claro.

¿Y qué pasa si Facebook decae?

Aunque está claro que el intangible más valioso e irreplicable de Facebook es “la onda”, el problema con  ella es que no hay cómo cuantificarla. No hay ondímetros que midan si tu sitio tiene más onda que antes, sino que hay opinólogos tech cuyo juicio no sólo es antojadizo sino muchas veces parte interesada. Claro, el Emperador está desnudo, pero si señalarlo reventará a toda la burbuja Web 2.0, incluyendo el blog del opinólogo, entonces no serán Om Malik ni Michael Arrington los que le apunten con el dedo, no cuando ello sería dispararse en el pie.

Pero a falta de ondímetro, tenemos ComScore, la consultora que mide y cuantifica el tráfico de los grandes sitios de la internerd, y según esa consultora, el tráfico de Facebook no sólo no ha alcanzado a MySpace, sino que tuvo un bajón en Septiembre.

Mientras MySpace tiene un devenir estable, y se mantuvo en los
68 millones de visitas únicas en Agosto y Septiembre, Facebook pasó de 33 millones a sólo 30, lo cual significa una baja del orden de 9%.

Ahora bien, si calculamos el índice CVESNPET (Cuantas Veces Esos Sitios Nos Patean El Trasero) tenemos que CHW tuvo 673.000 visitas únicas en Agosto y 920.000 únicas en Septiembre (Efecto W.N.) por lo que el índice CVESNPET de Facebook bajó de 49 a sólo 32.

Facebook, preocúpate, no sabemos de burbujas en latinoamérica porque con suerte conocemos el jabón, pero déjate no más que aumentemos 30 veces las visitas únicas y vendamos CHW en 99 Billones: si tiene que haber guerra de precios, guerra tendrás.

Fuentes: CalacanisOm Malik