Los que no respetan.

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Todos estamos hasta la coronilla con el spam, pero el problema se ha hecho tan cotidiano que uno piensa en él como piensa en la contaminación, la sequía o el alza de la bencina. Bueno, eso es un error. El spam no obedece a ciclos climáticos ni es consecuencia de un complejo escenario en donde las tendencias no dependen de nadie.

El spam es un acto deliberado de personas perfectamente conscientes de su abuso, que encima ganan plata por perpetrarlo. Y no solo eso: son tan poderosos que es virtualmente imposible atajarlos.

Me lo dijo un muerto

En realidad, no me lo dijo a mí sino a todo el público, y en segundo lugar no estaba muerto cuando lo dijo, pero lo que importa es el mensaje.

En mi colegio había un alumno de nombre Ariel Hojmann, y debe haber sido uno de los pocos a quien yo admiraba. Tenía el hombre un talento que le daba pasta de entre filósofo y dramaturgo, o tal vez todo dramaturgo es un poco filósofo. Pero sea como sea tenía rasgos de genialidad y aunque el maldito accidente del avión Aeroperú el año 96 se lo llevó, para mí su existencia siguió formando parte de esa constelación íntima que se compone de las pequeñas figuras diarias a quien uno admira, en contraposición a esa constelación pública de próceres y figuras mundiales a quien uno, si bien también admira, no lo hace con un sentimiento de pertenencia comparable.

Bueno, a lo que iba es a que en una obra de teatro que él mismo escribió y luego protagonizó, su personaje cerraba el acto diciendo: “Prefiero ser de los no respetados a ser de los que no respetan”. Y aunque han pasado muchos años desde que escuché esa frase, sigo pensando que tiene razón. Puede que no sea válida para todos y más de alguno dirá que lo correcto no es quedarse con la secreta satisfacción de estar del lado de los buenos, “los no respetados”, porque por omisión se permite que “los que no respetan” perpetúen sus atropellos… y entonces aflora la pregunta de Hamlet:

¿Qué es más noble? ¿Sufrir
los dardos y flechas de una fortuna contraria
o alzarse en armas contra un mar de problemas
y al oponerse ponerles fin?

Perdonen la traducción picante, pero las que encontré en internet eran peores todavía… en una en vez de flechas decían “saetas”, último de flaite. “Shaaa, loco, me pusieron la media saetaaaa”. Ya me entienden.

Lo importante es esto, querido lector: día a día somos pasados a llevar por micreros estrellones, viejas que no respetan la caja express del supermercado, yuppies estresados que se cuelgan de la bocina del 4×4 porque desde adentro de la cabina no saben lo fuerte que suena, motoristas que andan a escape libre aunque una moto perfectamente puede usar silenciador, y spammers. Muchos spammers que nos llenan de correo basura.

La empresa israelí Blue Security pensó en el dilema de Hamlet y llegó a la conclusión de que la mejor defensa es el ataque: “Hay que spammear a los spammers” fué su conclusión.

La venganza de los mansos

En Blue Security lanzaron hace más o menos un año un servicio llamado “Do Not Intrude” en donde los suscriptores acusaban a los spammers que abarrotaban sus casillas de correo, y Blue Security se encargaba de spammear a esos spammers.

El sistema consistía en descargar una aplicación llamada Blue Frog con la cual tú podías señalar un correo como spam, y ésta enviaba un mensaje a la empresa publicitada pidiendo parar el spam. No es lo que se dice una respuesta arrolladora porque si una empresa envía 5 millones de correos y 100.000 de los destinatarios usan Blue Frog, esta empresa registrará un porcentaje de “quejas” de sólo un 2%. Bueno, supongo que en los planes de Blue Security estaba el alcanzar una difusión tal que ese porcentaje aumentase.

En el primer año de existencia el programa Do Not Intrude fué adherido por 500.000 personas. Prometedor o no, ya nunca sabremos si la idea hubiese resultado, porque Blue Security canceló el programa y anunció que se dedicará a otra cosa.

Los que no respetan

A diferencia de los amigos pernos que mandan cadenas porque tienen demasiado tiempo libre, pocas habilidades creativas y finalmente cero criterio, el correo basura no es un acto casual, sino un negocio. Los spammers perciben dinero contante y sonante de parte de empresas inescrupulosas que los contratan para llegar a millones de clientes que por las buenas no querrían saber de ellos.

Habiendo plata de por medio, el spammer no duda en cometer delitos como por ejemplo valerse de troyanos para infectar otros PC y usarlos como zombies enviadores de correo. Luego te llega un correo chanta en cuyo pié de página dice: “adhiriendo a la norma 14.356.34 de internet, este correo no es spam”. Primero, esa norma no existe. Segundo, qué importa si lo que te mandan formalmente no sea spam, cuando el punto es que te están molestando y, más grave, que se valieron de un delito para enviártelo.

Pues bien, los grandes spammers del mundo tienen recursos suficientes como para poseer verdaderas redes de servidores que pasan el día entero spameando, y paralelamente tienen cientos o miles de zombies trabajando gratis para su causa.

En algún momento de su cometido, Blue Security tuvo el infortunio de spammear de vuelta al más poderoso de los spammers rusos, un tal PharmaMaster, el cual se picó y los atacó de vuelta a principios de este mes, con un enorme DDOS (distributed denial of service) que los sacó del aire por un buen tiempo.

Básicamente, Blue Security se encontró completamente despreparado para enfrentarse a un spammer tan importante. Sus servidores deben haber tenido una capacidad ridícula al lado de la masiva cantidad de servidores propios y robados de PharmaMaster.

Ahora me encuentro con que Blue Security anunció que se sale del negocio, que el programa Do Not Intrude llegó a su fin y que la empresa buscará otras áreas de desarrollo, siempre ligadas a la informática pero ya no al anti-spam.

En conclusión, respondiéndole a Hamlet, es válido asumir la postura de alzarse en armas contra “los que no respetan” pero sin perder de vista que “el no respetar” como actitud sistemática te permite acceder a ventajas que las personas respetuosas del prójimo no tienen (por ejemplo, si metódicamente te cuelas en la fila y encima pasas 50 productos por la caja express de 10, tendrás mucho más tiempo libre que los demás). En ese contexto, los que no respetan tienen siempre las de ganar, y el “no respetado” promedio muchas veces no saca nada oponiéndose. Más bien tiene todas las de perder y sufrir un atropello exacerbado de parte de los malos.

Qué se hace en ese caso? Bueno, en un mundo perfecto puedes juntar a todos los no respetados y atacar organizadamente a los que no respetan, al menos el número favorece a la parte ofendida. Pero como es imposible coordinar a todos los atropellados, no queda más que escribir una columna diciendo que todos los spammers son unos malnacidos. No es lo que se dice una venganza satisfactoria, pienso yo, pero sigue siendo una pequeña venganza.

Fuente: PCWorld.