Suprnova se sincera Suprnova se sincera

A un año de que el antiguo paraíso de los torrents cerrara sus puertas, el dueño del boliche decide contarle al mundo cómo fué la serie de acontecimientos que llevó al fin de Suprnova.

Suprnova se sincera

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A un año de que el antiguo paraíso de los torrents cerrara sus puertas, el dueño del boliche decide contarle al mundo cómo fué la serie de acontecimientos que llevó al fin de Suprnova.

Maldito gordo chanta

El 14 de Enero del presente año, debido a la incompetencia de un gordo chanta de un hosting que teníamos por ese entonces, perdimos los contenidos generados desde Noviembre del 2004 hasta ese día. Para colmo de males estuvimos 10 días offline porque el gordo nos prometía levantar el sitio, cuando en realidad el disco duro del servidor estaba más quemado que Juana de Arco.

Por culpa de esa pérdida de material, no tengo la noticia en donde contábamos sobre la bajada de Suprnova, las posibles causas, consecuencias y entretelones, pero el punto es que aunque era usual tener que buscar mirrors de Suprnova, de alguna manera siempre era posible bajar torrents… hasta el 19 de Diciembre del 2004.

Lo que pasó, pasó?

Lo que pasó, a diferencia de lo que muchos pensaron, no estaba dentro de las siguientes alternativas:

  • El dueño de Suprnova se hizo millonario y ya no quiso trabajar más.
  • El dueño de Suprnova vendió el sitio al proyecto eXeem y se desentendió del tema.
  • El dueño cayó preso y le botaron el sitio
  • El dueño fué al asado de Chilehardware y murió de cirrosis fulminante
  • El dueño se enroló en la legión extranjera para conocer a Jean Claude Van Damme

    Al final, ninguna de esas alternativas era correcta, aunque la tercera estuvo peligrosamente cercana. A un año exacto de la bajada del sitio, su dueño Andrej Preston explica qué fué lo que realmente ocurrió.

    Mala espina

    Era Noviembre del 2004 y Preston recibe la llamada de su ISP. Le dijeron que todos sus servidores (en donde estaban corriendo los trackers) habían sido revisados por la policía. Como a Preston no le había llegado ninguna citación, amenaza, petitorio o notificación antes del hecho, y tampoco le llegó nada después, supuso que era un procedimiento de rutina y no hizo caso.

    A principios de Diciembre, la agencia Reuters hizo un reportaje sobre Preston y Suprnova, que entre otras cosas tuvo mucha repercusión en Eslovenia, país de orígen de la familia materna de Preston (por lo que entiendo). Era como los reportajes de “los patiperros” y los eslovenios estaban fascinados con este inmigrante de su terruño pirateando en tierra extraña.

    Preston se sintió un poco expuesto y sin que nadie se lo pidiera, bajó el sitio. No le avisó nada a nadie, apagó los servidores y se alejó silbando distraídamente.

    Pero la cosa no terminaba ahí. Aunque Preston juraba que por haber bajado Suprnova sin que nadie lo demandara antes estaba a salvo, un mes después de haber bajado Suprnova tocan el timbre en su casa a las 6:30 de la mañana. Buena hora.

    Era la policía con una orden para registrar la casa. Se llevaron una montonera de CD y dos computadores. Preston no entendía nada y encima dicen que tenía una caña de antología que apenas le permitía abrir los ojos.

    Pasó otro mes y Preston debió ir al departamento de policía, que es el nombre que los gringos tienen para las comisarías. Ahí tuvo que firmar una lista con el catastro de todos los archivos que había en los CD, en sus computadores y en los que habían revisado en el ISP.

    Otro mes más y lo citaron a declarar. En una desición conjunta con su abogado, y que no alcanzo a entender bien, decidieron guardar silencio y no contestar nada. No me manejo en el sistema penal de USA pero al parecer la audiencia con la policía te la puedes saltar y el caso pasa a manos del fiscal.

    El abogado le dijo: “ahora relájate hasta que el fiscal te cite mediante correo certificado”. Y pasó todo el verano relajado, carreteando como poseso, durmiendo hasta tarde y medio olvidándose del tema cuando le llega un aviso de correo certificado. Se le vino el mundo encima y partió a la oficina de correos a recibir las malas noticias.

    Al final, no eran tan malas noticias. El fiscal se mandaba un discurso interminable sobre las leyes y la cacha de la espada, para terminar diciendo que se retiraban los cargos contra Andrej Preston. Fin de la pesadilla.

    Habían pasado 11 meses desde el inicio de la debacle, y dos meses más tuvieron que pasar para que nosotros, ganado bovino que maneja como un 1% de la información relevante, pudiésemos enterarnos.

    Fuente: Suprnova