Conducir bajo la influencia de la ira

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El 9 de Junio del año 2003, un joven de 18 años llamado Devin Moore, asesinó a tiros a tres policías que intentaban reducirlo luego de detenerlo por robar un auto. En un juicio brevísimo, la corte lo condenó ayer a la pena de muerte.

¿Qué podría tener que ver esto con el frío mundo de los ordenadores? Únicamente el argumento de la defensa: que Moore habría actuado impulsado por el juego Grand Theft Auto.


Crónica Roja

La historia empieza en el pueblo de Fayette, Alabama. Una localidad tan pequeña como para que las persecuciones policiales duren algo así como dos cuadras a riesgo de salir del límite urbano.

Devin Moore, un estudiante recién salido de secundaria, es detenido por conducir un auto robado y llevado a la comisaría más cercana. El muchacho se mostró cooperativo y dócil durante todo momento, pero de pronto en un rápido movimiento le arrebató el arma de servicio al oficial Arnold Strickland, disparándole en dos ocasiones y causándole la muerte. Acto seguido volvió a disparar contra el oficial James Crump quien vino corriendo al oir los disparos. Moore corrió por los pasillos de la comisaría y al llegar a la salida se volvió y disparó contra un depachador del servicio 911, Ace Mealer, también causándole la muerte. Luego tomó un manojo de llaves y se fué en un furgón policial robado.

Moore, quien al parecer pensó que el homicidio calificado siempre es menos grave que el robo de vehículos, no fué capturado sino hasta 4 horas después a varios kilómetros del lugar.

Qué o quién es Devin Moore?

La defensa de Moore sostuvo que el muchacho proviene de un hogar disfuncional -lo cual lo hace altamente influenciable por elementos negativos- que fué abusado cuando niño y que pasaba día y noche jugando Grand Theft Auto, por lo cual actuó bajo la influencia del juego replicando conductas que en él se desarrollan.

La postura general frente a este argumento fue de escepticismo, y para todos fué algo así como el viejo truco de argumentar demencia temporar para eludir la condena o al menos disminuirla. En esta ocasión al menos esa táctica no rindió frutos y tras un juicio de apenas una hora Moore fué condenado a muerte.

Entonces me fijé en una serie de detalles no relacionados que al parecer simplemente fueron ignorados por los medios que cubrieron la noticia. Se sabe que Moore al ser capturado dijo con una mueca de resignación: “la vida es como un videojuego, en algún momento tienes que morir”. Qué es eso? Para algunos es una postura desafiante de un chanta que no tiene respeto por la vida. Para mí al menos es la declaración de principios de un joven que sin tener una meta real, decide conscientemente que su puta vida no vale un peso. Adelante, llévenme preso, adelante condénenme a muerte, total no tengo nada que perder.

No estoy siendo abogado del diablo sino que muy al estilo del otro Moore, el gordo de Bowling for Columbine, intento entender porqué usted o yo podemos jugar juegos violentos sin matar a nadie. Y la respuesta me vino cuando leí las declaraciones de su padre, Kenneth Moore.

El papá corazón dijo nada menos que durante años había tenido problemas para disciplinar a su hijo y que éste merecía la pena de muerte. “Quien vive por la espada morirá por la espada, eso dice la Biblia” y agregó: “Los caminos de Dios son insondables”. No sé a ustedes, pero de pronto se me armó todo el escenario del viejo mediocre, semialcohólico e hipócritamente devoto, que simplemente recita con voz pastosa y olor a cerveza algunos pasajes mal aprendidos, pero que en general debe haber sido en la vida de su hijo un viejo maltratador, menoscabador de la autoestima y atropellador de su propia autonomía al punto que según se sabe, Devin estaba a punto de ingresar a la fuerza aérea, probablemente contra su voluntad.

Puede de verdad un juego convertirte en asesino?

Desde los años 50 que grupos compuestos básicamente por tarados sostienen que las conductas criminales son provocadas por el medio de entretención de moda. Durante los años 50 fueron los comics, durante los 80 los grupos de Heavy Metal, luego la animación japonesa y ahora los videojuegos. Históricamente sus alegatos han sido dejados de lado por carecer de evidencia sólida, y no es de extrañarse que en este caso también se haya pasado alto el argumento.

Según he leído, el cerebro de un adolescente es distinto al de un adulto. No digo solamente que piense otras cosas porque hasta donde recuerdo yo pensaba las mismas tonterías a los 15 que ahora, sino a que físicamente el cerebro como órgano presenta diferencias estructurales. Una de ellas se presenta en la corteza prefrontal, nodo encargado de controlar los impulsos y sopesar consecuencias, que en un adolescente aún está inmaduro y que explicaría porqué Moore simplemente actuó sin reflexionar.

Pero no me vengan con cuentos, una cosa es demostrar que el criterio y el sentido común no están afianzados en un adolescente, eso no es novedad. Otra cosa es pretender probar que el mate de un joven es como un disco virgen en un grabador 52x, el cual está listo para seguir el ejemplo que le den, sea cual sea.

Ahora bien, desechando la idea de que tener como hobbie alguna clase de lectura o juego violento puede obligarte a convertirte en un antisocial, creo que no es tan absurda la idea de que el juego al menos te ayuda a entender cómo funciona la mecánica del crímen.

Es como un simulador de vuelo, que no te convierte en piloto, pero podría ayudarte ante una emergencia a seguir las instrucciones de la torre de control y eliminar a los terroristas libios, para finalmente comerte a la azafata rica. Epa! ahora se llaman Auxiliar de Vuelo así que cuidado con decirles azafata o aeromoza.

Creo que Moore se vió en una situación desesperada y sin saber qué hacer recurrió a su manual para escabullirse de la policía, secuencia que en el juego incluía asesinar y arrancar en un auto robado.

Al final, no sé si el juego tiene alguna culpa o no, pero claramente Moore estaba perturbadillo y era material de psicosis desde mucho antes de empezar a jugar GTA. Pobre de él, tuvo una vida de mierda y ahora tendrá una muerte de mierda. Por suerte al menos pudo matar el tiempo disfrutando de su juego favorito.

El país de los consecuentes

Mi concepto de justicia se basa en principios tan antiguos como “gané palabra” “pasó la vieja” y “boli”, asi que a mí no me van a dar clases de lo que es justo y lo que es injusto. Sobre la marcha, puedo decir que hay jurisprudencia sobre dos casos que gravitan entre sí, como son la ley del embudo y la postura Jalisco Zapata.

En el basquetball o baloncesto un jugador que recibe una falta justo en el momento de lanzar en balón puede encestar por partida doble. Una durante los tiros libres que se derivan del cobro de la falta y otra si acaso con falta y todo el balón lanzado entra en el aro.

En la vida diaria esto de querer ganar por angas o por mangas o incluso por angas y por mangas me parece una deslealtad. El principio básico del equilibrio es que así como puedes ganar también puedes perder, al punto que el sistema se mantiene en marcha porque para todos existe la noción de que hasta el más looser podría ganar, o que hasta el más afortunado podría morder el polvo de la derrota. La justicia no tiene sentido si cuando le toca perder a los poderosos se les acaba toda esa postura de juez correcto. Cuando les toca a ellos entonces qué ley, de qué les hablan, que cómo es posible. Entonces si un estafador de poca monta termina en la cárcel, es imposible que piense: “oh, he cometido un error, soy un peligro para la sociedad, debo reformarme en la cárcel”. No, lo que piensa es: “esto me pasa por ser pobr
e. A la hora que soy rico podría haber estafado el doble y ahora estaría libre”. Eso pasa cuando la ley vale para algunos, que al final nadie cree en la ley.

Lo último puede ser leído como una amarga perórata sobre la incapacidad de los poderosos de respetar sus propios acuerdos por un problema tan simple como aceptar que volverte rico y/o poderoso no te hace un hombre de palabra. De hecho la evidencia indica que si eres recto y de una sóla línea no tienes ninguna esperanza de llegar a las altas esferas, sobretodo si pensamos que el poderosillo promedio se abre camino a punta de amenazas, coimas, pitutos y mentiras.

Así las cosas, el caso de Devin Moore culmina con un ejemplo más de la ley del embudo y la postura Jalisco Zapata, puesto que junto con condenarlo a él, se ha entablado una demanda civil contra las empresas relacionadas con el juego, como son Sony por hacer la consola playstation, Wallmart y Gamestop por vender el título y sobretodo Take-Two Interactive, los autores del juego.

Entonces pongámonos de acuerdo: si están demandando a los autores y distribuidores del juego entonces aceptan que éste resulta una influencia negativa que puede llevarte a cometer homicidio, y si aceptan esto último entonces debieran aceptar los argumentos de la defensa de Devin Moore y por lo tanto asumir que cometió esos actos con sus facultades mentales perturbadas. Esto debiera conseguirle como mínimo una condena rebajada en vez de la pena de muerte.

En resumen, no pretendo defender a Moore que a todas luces no puede andar suelto, pero quiero atraer su atención, querido lector, sobre la manga de chantas que componen la sociedad en general y que no son mencionados en los noticiarios ni menos deben afrontar la condena pública por el daño que hacen.

Me refiero con esto a indeseables como el padre de Devin, estereotipo del maldito fracasado maltratador que vive pegándole a su hijo y gritándole que es un inútil, pero que siente que es virtuoso y todos lo consideran como tal porque recita algunas frases de la Biblia y pretende vivir acorde a las enseñanzas del pulento.

Me refiero a vívoras como la parentela de los policías muertos y su equipo de abogados, que celebraron con chaya y mote con huesillo la condena de Moore, pero que igual demandaron a las empresas relacionadas con el juego porque nada se pierde y a lo mejor consiguen una tajadita. Esto es plasmar la justa venganza y de yapa embolsarse unas lucas, bonito, super bonito.

Me refiero a chantas sabelotodos y manipuladores que pululan por nuestra sociedad y pretenden decirnos que hacer tal o cual cosa puede obligarnos a cometer actos terribles, y que la única vacuna contra ello es dar la espalda a cualquier actividad que no sea seguirlos a ellos en su cruzada autoreferente y patética. Son los mismos viejos retrógrados que impidieron la venida de Iron Maiden en su oportunidad, y que puertas adentro cometen las más grandes atrocidades amparados por una sólida red de impunidad.

Al final, y espero no haberlos lateado mucho queridos lectores, me queda la idea de que en el conflicto de intereses y pequeñas miserias que componen la sociedad, lo menos importante de todo es lo que le pasó a Devin Moore, al punto de que su crímen es casi un hecho anecdótico que le servirá a los fanáticos para seguir prohibiendo todo, a la familia de los policías para enriquecerse y quien sabe, a la industria de los videojuegos para ganar más portadas.

No quiero de ninguna manera decir que estos pobres policías no tuvieran derecho a vivir, ni menos justifico el homicidio, es simplemente que en toda esta historia lo menos importante para los que abrieron el tarro para opinar es que un adolescente sin ninguna aspiración en la vida, y viviendo presa de un hostigamiento constante, un día decidió que no perdía nada si todo se iba a la mierda, y eligió irse a la mierda al estilo de su juego favorito. Y eso fué exactamente lo que hizo.

Fuentes:
CBS News
Gamespot
WWJ, una filial de CBS