Mexicanos indocumentados ganan concurso de robótica en EE.UU.

Mexicanos indocumentados ganan concurso de robótica en EE.UU.

La edición de este mes de Wired (mi revista favorita), tiene un articulo sobre 4 jovenes mexicanos de familias de bajos recuros, inmigrantes indocumentados en Phoenix, Arizona. Se convirtieron en roboticistas amateur en su colegio y se llevaron el primer premio en un concurso nacional de Robots Submarinos, ganandole incluso al equipo del MIT, con un robot que construyeron en sólo 3 dias usando tubos de PVC, piezas electrónicas comunes y Tampax. Ellos ganaron además el premio a mejor diseño y escritura técnica. Su robot les costó US$800, comparado con los US$11,000 del equipo del MIT.

Link: La Vida Robot (via BoingBoing)

Un pedazo muy bueno, traducido, a continuación.

La tienda de abarrotes “The Ralph’s” cerca del campus de la Universidad de California en Santa Barbara esta construido para que parezca una hacienda, tiene un techo de tejas rojas, muros implecablemente blancos y palmeras recién plantadas. Los chicos dejaron a Lorenzo en la entrada. Era su brillante idea, despues de todo. Se paseaba al frente de la sección de productos orgánicos, tratando de armar un poco de valor. Paso junto a una señora de edad examinando una betarraga — estaba demasiado avergonzado para preguntarle a ella. Luego, vio a una mujer joven que usaba bluyines comprando champú. [FayerWayer es en Español! — Ed.]

“Disculpe, señora,” comenzó. El no estaba acostumbrado a acercarse a mujeres, menos aun mujeres blancas bien vestidas. Vio como a ella se le llenaba la cara con aprehensión. Quizás ella pensaba que el estaba tratando de vender revistas o dulces, pero se hizo fuerte. Le explicó que estaban construyendo un robot para un concurso submarino, y le entraba agua. El queria absorber el agua con tampones pero no sabia cual usar. “Me ayudaria a comprar los más mejores tampones?”

La mujer abrió una gran sonrisa y lo dirigió a la sección de higiene femenina. Le dio una caja de O.B. ultra-absorbentes. “Estos no tienen un aplicador, asi que será más fácil colocarlos dentro de tu robot,” le dijo. El miraba al suelo, murmuro las gracias, y se apresuró en pasar por la caja.

“Espero que ganes,” gritó la mujer, riendose.