El negrete se va a la capacha

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Alguna vez te llegó un mail de parte del hijo del dictador Mobutu de Zaire? O su ex ministro de hacienda, o su viuda? Un mail en que te pedí­­an que recibieras algo así­­ como 5 millones de dólares en tu cuenta corriente para que ellos pudieran sacar el dinero de la turbulenta república africana?

Tanto si es así­­ como si nunca te ocurrió, entérate de qué iba esto y cómo terminó.

Negocio Redondo

Vamos a explicar cómo operaba este asunto. Un dí­­a cualquiera recibí­­as un mail proveniente de algún pariente o antiguo colaborador de algún fallecido monarca, dictador o presidente africano. Por esos lados todos los dí­­as hay algún viejo muerto así­­ que tienes para elegir.

La persona decí­­a que te habí­­a contactado porque alguien, que te conocí­­a bien y cuya identidad serí­­a conservada en secreto, habí­­a entregado excelentes referencias sobre tu honestidad. (Dicen que Peter Dragicevic recibió este mail y cuando leyó esa lí­­nea tuvo una úlcera esofágica por el ataque de risa).

La cosa es que este colaborador del difunto dictador tení­­a acceso a las cuentas secretas que el finao mantení­­a en un banco X, y que era imposible sacar ese dinero del paí­­s a menos que se blanqueara a través de un tercero que no tuviese nada que ver con el antiguo régimen… que era donde entrabas tú. En el fondo te pedí­­an permiso para reciclar un montón de plata al mejor estilo Riggs Bank a cambio de una fuerte comisión, y si estabas interesado, debí­­as responder a un email.

Chisme de su Press VP

Como todo chisme que se precie de tal, esta historia me llegó a través de una fuente poco fidedigna que a su vez la obtuvo de otra serie de soplones del cuarto enjuague, pero bueno, así­­ es como se gestan leyendas urbanas del calibre del condón de Vivado, la pelea de Enzo Ramirez con el Indio, la patada mortí­­fera del guatón Cheroki en los Cobres de Vitacura, etc etc.

En la práctica esto me lo contó un amigo, que lo escuchó de un compañero de trabajo que tiene un conocido que es muy quemado. Le llamaremos el señor “Quemao”.

Resulta que Quemao recibe este mail y dice “tate, aquí­­ le doy el palo al gato”. Y contesta el email. Recibe instrucciones de ir a una reunión en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, para afinar detalles. Pero como Quemao no es tonto, le pide a los africanos, como muestra de buena fé, un depósito en su cuenta por el monto de 5000 dólares, como garantí­­a previa a su viaje a Sudáfrica. Increí­­blemente, el depósito es efectuado y Quemao viaja a Sudáfrica.

Quedan de verse en el lobby del hotel, y cuando quemao ve entrar dos gorilas negros de terno más negro y lentes oscuros a lo CNI, se le aconchan los meados y se hace el tonto, regresando al otro dí­­a a Chile. Recibe un mail en que le recriminan haberse achaplinado, y que ellos habí­­an cumplido en todo y él no. Tení­­an razón así­­ que Quemao vuelve a Sudáfrica y esta vez se presenta ante los negros.

Se suben a un auto y van fuera de la ciudad, a un lugar en donde los negros le mostrarí­­an las joyas y el dinero en efectivo que él tendrí­­a que blanquear. Quemao estaba más que entusiasta y ni se arrugó cuando le dijeron que le dejarí­­an ver el dinero y las joyas sólo previo depósito de 15000 dolares. Una bicoca en comparación con el tremendo negocio, y Quemao aceptó. Por supuesto la historia termina con Quemao en un peladero, bajado a patadas del auto y 15000 dolares más pobre, pero al menos sano y salvo. Su reporte a las autoridades tuvo como respuesta un “Se salvó caballero, en general secuestran a la gente y no los dejan ir hasta que pagan mucho, pero mucho más que 15000 dolares… parece que a usted lo vieron pobre”. ¿Pero cómo, y no les hacen nada? “Para empezar, operan clandestinamente, segundo a ud. nadie lo obligó a venir a prestarse a un negocio turbio a Africa y tercero, ud. debiera saber que en paí­­ses tan subdesarrollados los policí­­as somos más sobornables que un actuario”.

Epí­­logo

Aparentemente, aunque los negretes cobraran una cantidad relativamente menor a cada incauto, eran tantos los que caí­­an que el tema era negocio redondo. O al menos lo era hasta el dí­­a en que la mente maestra tras el truco fué arrestada y llevada a juicio.

Se trataba del australiano Nick Marinellis, quien fué acusado de 10 cargos por fraude y uno de “obstrucción a la justicia” o algo parecido que no logro traducir. Marinellis habí­­a reunido 5 millones de dólares a través de sus estafas, o al menos eso es lo que se le pudo demostrar, creyéndose que el daño asciende a mucho más.

Marinellis, de 40 años, fué apresado hace un mes, y a primera hora del Lunes (esto fué hace 12 horas en Australia) fué condenado por el juez Barry Mahoney a 10 años de cárcel, sin posibilidad de libertad condicional hasta cumplir 4 años y 4 meses de condena.

La pena es relativamente pequeña para el daño perpetuado, pero Marinellis atinó a declararse culpable, logrando una condena benevolente.

Fuente: Australian IT